martes, 12 de julio de 2016

MIRANDOSE EN EL ESPEJO


A los 38 años, Cristina empezó a preocuparse por su vida. Creía que ingresar a la cuarta década era casi como empezar a envejecer. Casada y con un hijo adolescente de 17 años, pensaba que no tenía mucho de que quejarse pero no era una mujer feliz. Aquella mañana se despertó angustiada. Había pasado la noche sin dormir luego de hacer el amor, como de costumbre con José, su esposo. Le preocupaba sentir que “eso” se había convertido en una costumbre, en una rutina en la que él disfrutaba a su manera y en la que cada día, mejor dicho cada noche… cada viernes por la noche… sentía ella que ya no sentía nada. Tenía que aceptarlo, que reconocer que no era feliz.

Como era sábado, no tenía que ir a trabajar, hubiera querido quedarse en la cama hasta avanzada la mañana. Pero también se dio cuenta que no soportaba más tiempo permanecer en el mismo lecho donde pocas horas antes había sido disfrutada, casi apropiada en su intimidad por su marido. Se levantó sin hacer ruido ni mover la cama y así desnuda, como había quedado, caminó lenta y pensativamente para observar su hermoso cuerpo en el amplio espejo que tenía en pasillo entre su habitación, el dormitorio de su hijo y el baño. Estaba tan ensimismada que no le importó en ese momento si su hijo salía de su habitación y la encontraba en su plena desnudez. Apuró el recorrido visual por su cuerpo, senos grandes, blancos como la leche, claros pezones erguidos, su cintura algo gruesa, buenas caderas y hermosos glúteos. Detuvo su mirada unos segundos en el casi amplio y tupido triángulo de vellos que cubrían su pubis y no dejaban ver sus labios más ocultos. De pronto sintió algo en su interior que le decía que estaba viva. Giró sobre sus delicados pies e ingresó rápidamente en el baño. Mirarse en el espejo la había excitado. Sin embargo, se resistía a reconocer que ella podía sentir emociones y placeres tan profundos y deliciosos que, creía, sólo los hombres podían tener. En realidad siempre tuvo una lucha interior para reconocer su sexualidad que bullía intensamente en su interior y que ella frecuentemente trataba de ignorar.

Esta vez, descubría que cada movimiento, cada pensamiento, cada centímetro de su piel, de todo su cuerpo, tenía una vida propia y latía en su interior, fluía como pequeñas y grandes oleadas de sensualidad que avanzaban raudamente hacia sus pechos concentrándose en sus pezones y también hacia su sexo humedeciendo su vagina y también un poco en su exterior. Todavía no comprendía bien qué ocurría en ella que le producía esas contracciones en sus paredes vaginales y esos latidos en aquel botón en flor que parecía electrizar todo su cuerpo y que se llama clítoris. Tenía un fuerte temor que le costó mucho esfuerzo vencer pero logró acariciar primero sus labios vaginales y luego de separarlos suavemente encontrar ese punto tan sensible y frotarlo ligera pero repetidamente con cada uno de sus dedos: había descubierto su clítoris, la llave del placer, la puerta de ingreso al paraíso, la catedral del orgasmo que, desgraciadamente, ignoraba su marido. Sí, ahora se daba cuenta que él era diferente a ella, no solamente porque pensaban de manera distinta sino porque ella podía sentir emociones y placeres que él no le podía producir. Se sintió muy mal y se dijo que algo tenía que hacer. Vio que habían pasado más de 15 minutos y abrió el grifo de la ducha y dejó correr un buen chorro de agua que le brindó excelentes masajes a su excitado cuerpo ayudándole a relajarse. Aseó todo su cuerpo, lavó sus cabellos, depiló sus axilas y luego… algo que siempre quiso pero nunca se atrevió siquiera a imaginar concientemente…, empezó a rasurar buena parte del vello que poblaba su pubis para mostrar su hermosa vulva con aquellos labios que nadie, aparte de su marido, había visto y cogiendo un espejo volvió a examinarse descubriendo aquella parte de su cuerpo que todos los varones querían de las mujeres, y que ella ahora tímidamente imaginaba que algún otro hombre podía acariciar, encender y hacerla disfrutar del amor. Se rasuró primero en la zona superior, luego en los costados con mucho cuidado, dejó apenas una breve zona de vello y tuvo una nueva sensación de desnudez pues podía mostrar su sexo en toda su plenitud y belleza. Se lavó, secó y luego pasó su mano sintiendo la suavidad de sus labios y cómo de ahí empezaba a fluir electricidad y a encender su cuerpo. Nada la podía detener y siguió con las caricias íntimas que nunca, nadie, ni ella misma, antes se había obsequiado, logrando masturbarse intensamente hasta producirse esas agradables convulsiones por oleadas que se entrecruzaban en el primer orgasmo verdadero que sentía desde que tenía marido… pero en ausencia de él, y descubrió que su marido ya no era necesario para hacerla feliz, porque ella podía serlo por sí misma. Luego de unos minutos, se relajó, recuperó la respiración que antes se había agitado alocadamente, se vistió con ropa ligera y cómoda, y salió del baño. Era otra. Fue una mujer la que había ingresado al baño una hora atrás, y otra, totalmente nueva, la mujer que salía en este momento, dueña de su propio cuerpo, de su propia intimidad.

En la casa todo seguía en silencio. Fue al dormitorio de su hijo, llamó a la puerta y al no obtener respuesta, ingresó encontrando a Mario profundamente dormido. Parada delante de su cama se quedó pensativa. Cuando adulto, ¿sería él un buen marido? ¿A qué edad descubriría el amor? ¿Haría feliz a alguna mujer? Aunque tenía 17 años y nunca pasó por su mente estas ideas, de pronto se aglutinaron en su mente, una tras otra, hincando sus temores. Luego de unos segundos de indecisión, lo cogió por un hombro moviéndolo apenas a la vez que le decía “hijo mío, levántate que es tarde”. No obteniendo una respuesta, repitió el llamado y levantó las sábanas e intentó, sin ocultar su propia risa, de alzar en brazos a su hijo y éste se vio obligado a sentarse al borde de la cama, reclamando que ese día no había que ir a la escuela. Cristina insistió logrando que, medio dormido medio despierto, se levante y vaya caminando zigzagueante al baño para despertarle plenamente con el agua fría de la ducha. Ayudado por su madre ingresó al baño, mientras ella le ayudaba a quitarse la polera que llevaba puesta. De pronto, Cristina se detuvo, su hijo sólo tenía unos bóxer y no se atrevió a quitárselos. Aunque antes ella siempre le había ayudado a bañarse hasta hacía unos de años, ahora sintió que estaba invadiendo la privacidad de su hijo a pesar de saber concientemente que no tenía por qué ser algo incorrecto ayudarle. No, por una fracción de segundo se dio cuenta que se había detenido porque le había dado curiosidad el ver cuánto habría crecido su hijo, saber si ya se estaba convirtiendo en un hombrecito y rápidamente, sus prejuicios y su mente la habían autocensurado. A la vez, esa sensación de que estaría haciendo algo malo le producía un interés mayor por ver la desnudez de su hijo y estaba paralizada por el dilema de controlarse y actuar decentemente o liberarse y satisfacer esa curiosidad carnal de descubrir cómo había cambiado el cuerpo de su hijo.

Insistió diciéndole a Mario que se despertara bien y que entre a la ducha pero él estaba tan somnoliento que Cristina se vio forzada a inclinarse un poco y coger el elástico de la cintura de los bóxer y bajarlos. Al principio volvió su cabeza para no ver pero a medida que lentamente le bajaba los bóxer a Mario sintió con gran fuerza la tentación de mirar y satisfacer su curiosidad. No, no podía estar teniendo esas sensaciones, esos deseo inadecuados en una madre. De pronto, puso en su mente la excusa de “no haré nada malo si sólo miro” y volvió su vista para descubrir que, efectivamente, Mario ya no era aquel niño que ella ayudaba a bañarse dos años atrás. Su sexo, su pene, había ganado en grosor, el glande se asomaba de la piel en la punta y los vellos crecían en su pubis. La imagen quedó grabada en la mente de Cristina. Abrió el grifo y dejó correr el agua fría que rápidamente despertó totalmente a su hijo y ella salió del baño, dejando a Mario en su privacidad. Estaba algo atolondrada, no podía pensar con claridad. No sabía cómo organizar en su mente todo lo ocurrido. ¡Al diablo! se dijo, no es lo mismo pensar y ver que hacer o coger, seguro son solamente mis prejuicios, y trató de olvidar lo sucedido.

No había dado dos pasos fuera del baño cuando en su mente apareció la curiosidad por saber si su hijo ya tenía conciencia de su cuerpo, si su pene tenía erecciones o si se masturbaba. De pronto se dijo que en realidad ella no conocía nada de su hijo. Siempre había tratado de ser una buena madre y estar muy cerca emocionalmente de su hijo. No sólo prepararle sus alimentos o asegurarle ropa limpia y esas cosas. También se había preocupado por si tenía alguna necesidad, algún temor o alguna duda pero ahora había abierto los ojos y descubierto que no sabía nada de lo que su hijo pensaba, hacía o sentía cuando ella no estaba delante de él. Tenía que ganarse su confianza para que él mismo pudiera decirle qué pensaba, qué sentía o qué dudas tenía ahora que era adolescente y cuando la sexualidad es algo tan importante. Si ella lo había visto desnudo ahora, si había visto con toda libertad su floreciente sexo, ¿por qué no podía conocer más de su hijo? Estas reflexiones la dejaron más tranquila, sí, se trataba de que ella no quería que su hijo fuera como su marido y que hiciera infeliz a una mujer como su madre. Y ella iba a ayudar a su hijo, sí, porque una madre también tenía el deber de asegurar la felicidad de su hijo, incluso la de su propia vida sexual. Ahora, Cristina se sintió bien, reconfortada y con una nueva obligación como madre… hasta que se percató que su hijo le llamaba desde la cocina preguntando por el desayuno. Ella sonrió en su interior y dijo, “allá voy cariño”.

Cristina se abocó a las tareas domésticas tratando de olvidar sus pensamientos y temores. José, su marido y Mario, su hijo, pronto estaban listos para salir. Como siempre ocurría, ellos volverían luego de unas horas esperando que la responsable madre y esposa les tuviera listo el almuerzo. No era de otra manera. ¿Qué otra cosa se podría esperar de ella? Cristina volvió a ser conciente de su situación y, nuevamente, se dio perfecta cuenta que debía cambiar la situación. Tenía que independizarse de las cadenas que la ataban a su marido y demostrarle a su hijo que una madre no sólo le lavaba la ropa y preparaba la comida. Preparó rápidamente una comida fría y la guardó en la nevera.

Fue a su habitación y, antes de ingresar, se percató otra vez del amplio espejo y se detuvo a mirarse. Algo le atraía fuertemente en el espejo, como si hubiera tomado vida propia, como si el espejo fuera ella misma que algo le quería decir. Miró su rostro, era conciente de su belleza y se consideraba una mujer bonita aunque su apreciación era objetiva y sabía que en un concurso de belleza ella no ocuparía los primeros lugares. No era una jovencita de 18 ó 20 años pero su cuerpo todavía mantenía una buena forma, le agradaba su mirada, el color y textura de su piel, sus cortos cabellos que hacía poco tiempo había teñido de un color oscuro. Pensativa empezó nuevamente a desnudarse. Nunca había sentido tanta satisfacción en desvestirse frente al espejo. Otras veces lo hacía rápidamente y sin prestar mayor atención. Ahora, se trataba de un acto totalmente sensual, quería sentir y disfrutar de cada momento, de cada centímetro de piel que descubría. Se había quedado en dos piezas, un sujetador grande y fuerte que cubría sus amplios senos sin dejar traslucir nada aunque sentía que sus pezones estaban erectos y tratando de liberarse. Su calzón, también de color carne, ocultaba sus más íntimos tesoros que empezaban a humedecerse y ya no mostraban a los lados, en el interior de sus muslos, los vellos que antes trataban de salir pues los había rasurado temprano por la mañana. Llevó sus manos hacia la espalda, desabrochó el sujetador y lo dejó caer lentamente, liberando sus palpitantes pechos y los hinchados pezones que acarició y pellizcó suavemente con ambas manos a la vez. Igual hizo quitándose el calzón que ya estaba humedecido en la entrepierna, lo miró detenidamente preguntándose cómo podía haberlos mojado tanto y tan rápido, olió aspirando fuertemente y sintió el intenso aroma de mujer, de hembra excitada y empezó a sentir el despertar de sus pechos, de su vagina, de su clítoris, en fin, de todo su cuerpo y dejó salir a la mujer que ya empezaba a ser. Así desnuda ingresó a su habitación y se acostó de espaldas iniciando un cuidadoso recorrido por todo su cuerpo. Se preguntaba internamente si otras mujeres conocían su cuerpo y su sexualidad así tan profundamente como ella estaba empezando a conocer. ¿Otras mujeres se acariciaban igual? ¿Con cuánta frecuencia se masturbaban? ¿Tenían curiosidad por el cuerpo de sus hijos? ¿Se sentían mal por pensar en el sexo, por querer disfrutar como otras personas? Continuó acariciándose lentamente cada zona que podía despertar, su cuello, sus hombros, sus axilas, sus pechos, sus pezones, su cintura, sus caderas, su vientre, sus labios vaginales, su clítoris, sus nalgas, su ano, sus muslos, sus piernas y sus pies, bajando y subiendo todo este recorrido tantas veces como quiso, hasta dedicar una mano a sus pechos y otra a su clítoris con furia y amor a la vez hasta liberar su fuerza interior, y soltar la tensión acumulada en esos momentos, desencadenando intensas convulsiones que recorrieron todo su cuerpo por varios minutos sin que nada lo pudiera detener. En esos momentos, por su mente pasaron miles de imágenes, que nunca antes hubiera sospechado guardaba en su interior y en ninguna de ellas se encontraba su marido, el siempre ausente José, pero sí tenían lugar especial sus amigos, algunos compañeros de trabajo y hasta Mario, su hijo. Poco a poco fue retomando la calma, sintiéndose muy relajada, cansada y satisfecha, hasta quedarse dormida. Cuando despertó, reparó que estaba desnuda, la puerta se había quedado abierta, José y Mario estaban en casa, creyó que acababan de llegar y el ruido de ellos le había despertado, sintió que su hijo ingresaba al baño. ¿Le habría visto desnuda sobre la cama? Sintió temor, un fuerte temor y a la vez que intentaba cubrirse con las manos, se levantó muy rápido y cogió una bata.

No es fácil tomar decisiones cuando se tienen dudas y temores. Muy despacio se acercó al baño, puso su oreja pegada a la puerta para escuchar. Primero sólo sintió silencio. Luego de unos momentos descubrió unos susurros donde apenas reconoció la voz de Mario y unos jadeos. Se sorprendió creyendo que se encontraba enfermo pero luego reaccionó y solamente pudo imaginar una cosa, sí, no había lugar a dudas, su hijo se estaba masturbando. Rápidamente vino a su mente los recuerdos de la mañana cuando intentaba que Mario ingresara a la ducha. La imagen de su hijo desnudo volvió con fuerza a su mente y ahora Cristina temblorosa trataba de combinar los gemidos y jadeos que escuchaba con el recuerdo de la desnudez de su hijo, y se sintió excitada, tremendamente excitada, sin poder controlar la humedad que surgía entre sus piernas ni los latidos de su clítoris. Sabía que su pequeño hijo ya se había convertido en un hombre que estaba liberando sus urgencias sexuales y que, seguramente, no tenía una mujer con quien disfrutar su naciente sexualidad. Curiosa situación, ella no tenía un hombre que le satisfaciera haciéndole el amor y su hijo todavía no conocía una mujer en toda su carnalidad y tenía que consolarse por su propia mano. De pronto, escuchó un gemido más fuerte y prolongado. Sabía que eso significaba que su hijo estaba eyaculando, que de su adolescente pene estaba brotando aquel licor de su naciente hombría. Nuevamente, volvió ella en sí y se dijo que tenía que hacer algo para ayudar a su hijo. No sabía cómo, pero ya encontraría la manera de hacerlo. Aunque ella no lo fuera, su hijo sí tenía que ser feliz y disfrutar de todos los tesoros de la sexualidad.

Toda la tarde la pasó tratando de distraerse viendo algo en la televisión sin lograrlo. Sólo quería que llegara la noche para dormirse y descansar. Como todos los sábados, su marido se reuniría con sus amigos, seguramente para hablar de mujeres y vanagloriarse de sus conquistas y falsos triunfos, cada cual sintiéndose más hombre que el otro. José volvería a casa muy de madrugada o al amanecer, algo bebido caminando titubeante para acostarse a dormir y no despertar hasta la tarde del domingo. Cristina pensaba que, siquiera por unas cuantas horas, estaría sola, libre de un extraño, sí eso era lo que sentía respecto de su marido. Intentaba concentrarse en la película que se mostraba en la pantalla pero no lo conseguía. Hoy había sido un día diferente, muy diferente a todos los anteriores en su vida. Estaba bastante cómoda en el sillón y buscaba de relajarse, se hallaba descalza disfrutando de esa sensación de libertad y agrado al rozar suavemente la alfombra con sus pies. Primero con uno y luego con otro como dibujando semicírculos pequeños y grandes. Llevaba una falda corta a mitad de muslo y, al separar y juntar sus piernas, sentía también la frescura del aire entre sus piernas. De un momento a otro se percató que Mario, su hijo la observaba con disimulo desde el sillón del frente, pero no tenía sus ojos puestos en ella sino en sus muslos y auscultaba su interior cada vez que ella separaba juguetonamente las piernas. Una nueva sensación llegó primero a su mente y luego a su cuerpo. Era admirada por su propio hijo. Sentía, por primera vez, que ella era un objeto sexual para su hijo, sí, se estaba exhibiendo espontáneamente ante Mario y le permitía observar su entrepierna, su calzón y, ahora recordaba, ya no podía ver los vellos que antes acostumbraban sobresalir por los costados de su calzón entre las piernas. Descubrió que, sin querer, estaba coqueteando con su hijo, y sin habérselo propuesto, lo estaba excitando, pues ella también lo observaba con disimulo para descubrir aquel bulto entre sus piernas que antes había ignorado y era una prueba fiel de la tremenda erección que tenía su querido hijo, gracias al cuerpo de su madre. No pasaron más que unos pocos minutos y Mario se levantó para dirigirse, qué duda cabía, al baño y satisfacer su intensa excitación, para masturbarse, para…. “correrse la paja”, sí esa era la expresión que usaban los hombres, los adolescentes para referirse a esta forma de placer solitario. Cristina sintió alegría y también excitación. Esperó unos minutos y ella también se levantó, fue hacia el baño, llamó a la puerta y preguntó “¿te sientes bien, querido?” para escuchar la respuesta temblorosa de su hijo “sí mamá, ¿por qué no lo iba a estar?”. Ella no supo qué decir.

Más tarde, por la noche, cuando José ya había salido, estaban viendo la televisión en silencio, Cristina se levantó diciendo que iba a ponerse cómoda de ropa y luego ir a dormir. Caminó lentamente sabiéndose observada por Mario y empezó a sentir un calor intenso por su cuerpo. Imaginó que su hijo miraba su trasero y el balanceo de sus nalgas al caminar. ¿Por qué les atrae tanto a los hombres el trasero de las mujeres? se preguntó. Y a medida que subía por las escaleras, su hijo quedaba justo debajo de ella, imaginó cómo estaría observándola debajo de su falda y trató de subir muy lentamente, prolongando aquellos segundos de voyeurismo adolescente y de exhibicionismo maternal. Antes de ingresar a su habitación se miró nuevamente al espejo, cuán diferente era vestida y desnuda, tranquila y excitada, oscura y transparente en toda su sexualidad que recién ahora empezaba a descubrir y disfrutar. Como el espejo estaba al extremo del pasillo, su hijo no la podía ver ahora, así que empezó a desnudarse, primero la falda y luego la blusa, seguida por el sujetador y finalmente su breve tanga. No le preocupó dejar tirada su ropa en el suelo, tal vez fuera una señal para Mario. Ingresó al baño y se sentó al inodoro para orinar. Por alguna extraña razón que todavía no entendía, cada movimiento, cada acto suyo podía tener una sensación diferente y nueva, alguna relación con su sexualidad, y el orinar empezó a convertirse en una oportunidad de placer, dejó correr lentamente el pequeño chorro de orina, como una lluvia dorada que le gustó disfrutar. Abrió el grifo de la ducha, combinó fría y caliente y se introdujo para recibir miles de gotas que volvían a masajear cada milímetro de su piel. Cuidadosamente fue jabonando cada parte de su cuerpo y excitándose con mayor habilidad y rapidez. No había llegado a su clítoris cuando le sorprendió un vendaval de convulsiones y placeres en un orgasmo cada vez mayor. Se cogió con ambas manos para no perder el equilibrio y mentalmente se prometió repetir ese orgasmo regalándose caricias en sus labios vaginales y en su clítoris cuando estuviera acostada, sola, en su cama.


Terminó de recuperar su aliento, se enjuagó bien y cerró el agua. Se sorprendió al no encontrar toalla alguna, iba a salir pero no quería mojar el piso. Tomó valor y llamó a su hijo pidiéndole que le alcance una toalla. A los pocos segundos Mario llamó a la puerta y Cristina le dijo que estaba abierta. Luego, la puerta se abrió unos pocos centímetros y Cristina dijo, con la voz más calmada que pudo simular, “discúlpame pero olvidé traer toallas, pasa hijo”. Mario se sorprendió al ver, por primera vez, a su madre desnuda sin escuchar que ella le decía que eso era natural y no tenía nada de malo. Mario no dejó de mirar a su madre, sus pechos, su sexo, de arriba a abajo y de abajo hacia arriba en los dos o tres segundos que le tomó entrar al baño y extender su mano con la toalla. Cristina se cubrió y se dio vuelta, mostrando sus desnudas nalgas para que su hijo tuviera una visión completa. Nuevamente se sentía satisfecha porque le había dado la oportunidad a su hijo de conocer nuevas emociones, porque había visto una mujer desnuda por primera vez y porque ella se dio cuenta sin duda alguna, que había empezado también a disfrutar exhibiendo su desnudez. Una sonrisa de placer se dibujó en su rostro cuando Mario ya había abandonado el baño, seguramente para dirigirse a su habitación y correr a masturbarse por tercera vez aquel día. Tranquila, Cristina se dirigió a su habitación, ya sin cuidado de ser vista desnuda y así se acostó en su cama, dejando la puerta semiabierta y luz de una pequeña lámpara encendida. Trató de dormirse pero no pudo, lo único que podía era revivir en su mente, todo lo que había ocurrido ese día.

lunes, 11 de julio de 2016

MI GORDA MADRE


Mi mamá es una mujer de 55 años y bastante gorda, pero un enorme culazo tan grande y muy lindo pesara unos 130kg., tiene una cara hermosa y unos pechos súper extra grandes, yo tengo 18 años y mi papá 60 años y una muy buena relación conmigo, desde casi siempre me masturbé pensando en esas hermosas tetas, pero nunca pasó de ahí, por lo menos hasta hace casi un mes. Todas las mañanas antes de ir a la prepa me despierto bien erecto y tengo que hacerme una paja y de vez en cuando mancho el calzoncillo, cuando esto pasa lo hago un bollo y lo dejo para lavar. Una de esas mañanas al llegar al cole me entero que estaba cerrado por no haber agua, sin hacerme problema vuelvo a mi casa. Entro apresurado para ir al baño y al abrir rápido la puerta veo a mi mamá completamente en calzón sentada en el inodoro y masturbándose con un cepillo metido hasta el fondo de su concha mientras pasaba su lengua sobre el semen de mi calzoncillo, nos quedamos tiesos los dos mirándonos a los ojos por unos segundos, yo con la boca abierta y ella con su lengua llena de mi leche, cuando siento la voz de mi papá que me pregunta que hacía de vuelta tan temprano. Rápido cierro la puerta y le explico lo del corte de agua, él se despidió de mí, de mi mamá con un grito y se fue a trabajar. Me senté en el living y estuve casi 20 minutos tratando de acomodar mis ideas, mientras en todo ese tiempo mi pija no dejó de estar dura, no comprendía lo que pasaba, pero me excitaba y mucho. Fue entonces cuando escucho por fin la puerta del baño y mi madre ya con su camisón puesto se sienta frente a mí y pide aclararme lo que pasó, sin decirle una palabra la miré a los ojos y me hice todo oído. Casi al borde del llanto comenzó diciéndome que papá casi nunca la tocaba y que ella estaba segura que él tenía una amante, pero que no podía culparlo ya que ella era gorda y fea y que su tremenda calentura la llevó a excitarse con su propio hijo. Ahí la interrumpí y le pregunté que otra cosa hacía pensando en mí, me contó que mientras yo dormía boca arriba ella se masturbaba al lado de mi cama. Después me pidió disculpas y juró que jamás volveríamos a pasar por esta situación, fue ahí cuando la interrumpí y le dije que yo también era culpable ya que me había masturbado pensado en ella mil veces y que jamás la había visto como a una gorda fea, que al contrario la veía hermosa y muy mujer, ella no me creyó y decía que yo solo lo hacía para hacerla sentir un poco mejor. Me paré, me puse frente a ella, tome su mano y la apoyé en mi pija que estaba como una piedra y le dije, esto te parece mentira, después me bajé los pantalones y acerqué su cara a mi pija y ella la chupó gustosa, lo hacía perfecto, se notaba que sabía lo que hacía, solo la interrumpí para tomarla de la mano y llevarla a su cuarto. Al llegar le quité el calzón color amarillo la recosté en la cama y le dije: ahora te voy a demostrar que no te miento, y hundí mi cara en su concha, ¡que hermoso gusto!, que labios carnosos, chupé esos labios como un loco, trataba de meter la lengua lo más adentro posible, estuve así como 28 minutos en los cuales ella no dejó de gemir y le conté por lo menos cuatro orgasmos que llenaron mi boca de su hermoso néctar, después separé sus redondas piernas, corrí un poco su gran abdomen y le introduje hasta el fondo la pija. Gritaba como loca y cuanto más gritaba más fuerte la cogía, veía su cara y estaba feliz, se pellizcaba los pezones, mordía las almohadas y gritaba que me amaba que quería mi leche y que siempre había soñado con este día. A los 10 minutos la inundé de mi leche, pero no saqué la pija, chupé esas tetas gigantes con las que tantas pajas me hice, mordí esos pezones redondos como un cenicero y enseguida estaba erecto de nuevo, bombeaba como un potro y ella seguía gritando, casi disfónica, pero seguía, acabé de nuevo, pero ahora había tardado bastante más y volví a lamerle los pechos sin salir de ella. La miré a los ojos y de muy cerca le dije que saque la lengua y la deje fuera de su boca, ella obedeció enseguida y aproveché para lamer su lengua, la metí en mi boca y la saboreé toda, esto me puso al palo de otra vez y volví a embestirla, pero esta vez estaba dispuesto a matarla a pijazos, de a ratos la miraba y veía que lloraba de alegría, después se reía y al rato volvía a llorar. Sin exagerar la cogí más de 40 minutos sin parar, estaba cansado, pero orgulloso de regalarle tal cogida a mi mamá, cuando acabé me temblaban las piernas, los brazos y todo el cuerpo, ella estaba casi desmayada de placer, la besé en la boca, lamí todos sus dientes, chupé el sudor de su gordo cuello y le dije al oído: prepara algo de comer que de postre te cojo igual que ahora, pero por el culo. Ella se sorprendió y con las pocas fuerzas que le quedaban me contó que nunca lo había usado para eso, pero que para mí desde ahora no existía el no. Desde esa vez y al día de hoy me la cogí todos los santos días, como es obesa no puede ponerse sobre mi ni cambiar tan fácil de posición, pero compensa todo con la calentura que tiene, con el morbo de saber que es mi mamá y con la hermosa sensación de hacer cornudo a papá, porque ahora su macho soy yo.


miércoles, 30 de julio de 2014

LA MAMA DEL ESTUDIANTE DE MEDICINA


Mi hijo necesita ayuda para practicar los primeros auxilios. A mí siempre me han puesto mucho los médicos apuestos, así que acepto encantada “practicar” juntos. Me encanta ser mala… Éste es mi primer relato. Soy fan desde pequeñito de este tipo de relatos y ahora quiero dedicarlo a todos los escritores que me han hecho pasar horas de placer haciendo volar mi imaginación. He leído miles de ellos. Agradecería sugerencias y críticas. También fantasías que llevar a cabo que me proporcionen material para nuevos relatos. Y sobre todo, me encantaría también contactar con madres que sientan algo así para que cuenten cómo es lo que yo sólo puedo imaginar. A todas ellas, un beso de enamorado. Siempre he sido una mujer caliente, especialmente al alcanzar los 40. Después de una educación de colegio de monjas y una familia en la que no se hablaba de sexo y un paso por la adolescencia y la juventud con iniciaciones tímidas, en la madurez se me ofreció una plenitud tanto psíquica como sensorial. Como si el sexo fuese una fruta que madura a su tiempo, me he dado cuenta de que mi vida sexual ha ido creciendo como el buen vino, con mayores matices y gustos en el paladar (en ocasiones literalmente, jajaja). Leer relatos eróticos y masturbarme con ellos, me ha hecho llevar el erotismo conmigo a todas horas. Inventar y soñar situaciones que luego he hecho realidad o no, pero que me han aportado muchos buenos momentos. También en el aspecto físico creo que estoy en plena plenitud. En el del atractivo, quiero decir. Creo que una mujer es atractiva cuando ella lo siente, y en mi caso, sé que puedo poner de rodillas a cualquier hombre, sólo con mi mirada. No es necesario que les muestre algo de mis largas piernas tersas por las horas de gimnasio, ni mi culo duro y respingón, ni mis grandes pechos con pezones hipersensibles. Creo que cuando pasan por mi lado, sienten lo hembra que soy y eso ya les hace ponerse alerta. El protagonista de esta historia es mi hijo. Tiene 21 años y es un chico alegre y guapete. No me cuenta nada, pero he oído por el barrio que se le ve con alguna chica paseando. Me imagino que ya tendrá experiencia el plano sexual, pero no es un juerguista porque estudia bastante y sale sólo de vez en cuanto hasta tarde. Cursa la carrera de Medicina desde hace 3 años, así que ya ha comenzado con las prácticas con pacientes. Me cuenta sus experiencias en el hospital donde va diariamente. Ha pasado ya la época de los libros y microscopios a tratar con pacientes. En este año ya tiene su primer contacto con inyecciones, yesos y otras técnicas que tiene que aprender. Es una época bonita, ya que por primera vez empieza a sentirse médico de verdad. Es lo que ha querido hacer siempre y los hemos apoyado mucho. A él le entusiasma y, como buen estudiante, se toma muy en serio todas las prácticas, lo que es importante también para tener las mejores notas de cara a elegir especialidad. Además de tener vocación, es una persona muy metódica y ordenada. Le veo repasar el material que necesita y va a comprarlo, asegurándose antes de salir de casa, de que no le falta de nada. Ha comenzado un curso de algo que le encanta, los primeros auxilios. Como buen médico, tiene que estar preparado para atender una emergencia en cualquier lugar. Es su deber. Para ello, tiene un curso teórico y práctico. Mi hijo me empieza a contar ilusionado, cómo en el curso le enseñan a hacer masaje cardiaco, a poner cánulas intrafaríngeas o a dar electroshocks a lo George Cloony en Emergency Room. A mí lo de imaginar estas situaciones como que me iba poniendo. Siempre me han gustado esas series televisivas de médicos, que solemos ver juntos. Me ponían mucho los médicos con sus cuerpos musculosos bajo la bata, su seguridad en sí mismos, y la intimidad, lo cerca que llegan a estar de sus pacientes femeninas. Ahora me cuenta cómo él tiene que practicar con sus compañeras y compañeros para aprender y llegar a ser también un médico seguro de sí mismo y sexy. Pienso lo afortunadas que son sus compañeras al tener que ser “masajeadas” y aplicarles el boca a boca un chico fuerte y dispuesto a hacer lo que sea por salvarle la vida. El horno que llevo dentro se ha encendido con estos pensamientos. Sin embargo, mi hijo me cuenta que casi todo lo hacen con un maniquí de goma, que no tiene brazos ni piernas. Una lástima, pienso yo, con lo necesario que debe ser practicar con personas reales. Un muñeco frio no va a ser lo mismo. Tendremos que ponerle algo de interés a las prácticas para convertir el deber en placer, no? Hoy ha venido nervioso, tiene el examen práctico pasado mañana. Ya ha aprobado con nota el teórico. El problema del práctico, es que tiene que solucionar un caso clínico que le presenta el profesor. No sólo se valora el saber, sino que tiene que tomar decisiones y actuar rápidamente para hacerlo bien. Lo veo por casa dando vueltas. Su padre ha salido de viaje y estamos los dos solos. Me dice que no sabe qué utilizar de maniquí. Que le gustaría repasar. Algunos de sus compañeros lo hacen con una caja, a la que han atado una pelota como cabeza. Me pide si le puedo dejar una caja. Tras mirar las de la leche y alguna más que había por casa, no hemos encontrado nada decente. Entonces me viene a la memoria la escena de George Cloony y mi cerebro clitoriano se enciende y me empuja a decir… “¿Y si me pongo yo de paciente para que hagas la práctica? Así no pierdes el tiempo buscando una caja y ya que tengo el fin de semana libre porque no está tu padre, puedo aprender algo de primeros auxilios”. “ Umm, bueno, sólo me quedan dos días para el examen. Te lo agradezco”. “Entonces no perdamos el tiempo y vamos a empezar. Busco mi esterilla de yoga y me preparo enseguida”. Me voy a mi habitación a por la esterilla y, de paso, me miro en el espejo. Recojo mi pelo largo en una coleta y me cambio el pijama por un camisón cortito y un poco escotado pensando en el acceso al corazón y los pulmones. Desde arriba se puede tener una buena panorámica de mis tetazas. Cuando salgo al salón, parece que no esperaba algo así. Le ha impactado mi camisón, ya que mira mi canalillo intentando disimular. Mis tetas se muestran desafiantes, con poderío.  Parece como si se estuviera arrepintiendo. Seguro que está  pensando en la situación que le viene de tener que acercarse y tocar sobre mis exuberantes pechos. Pero no le voy a dejar echarse atrás. “¿Doctor, cómo me tengo que poner? “ Tengo mucha ilusión por ser conejillo de indias de un apuesto médico y me propongo disfrutarlo. “Pues túmbate y comenzamos”. Tumbada boca arriba siento como mi cuerpo empieza a hervir con la emoción de la situación mientras él prepara todo el instrumental a su lado. “Bueno, ¿qué me vas a hacer primero? ¿Qué quieres practicar conmigo? “Son preguntas sugerentes, abiertas, para dejar la imaginación volar… “Primero quiero practicar la llegada al accidentado. Tú estás herida por un accidente, no sé si respiras y estás consciente. Hola, ¿me escuchas?” Me chilla al oído. “Como no respondes te tendría que soltar la ropa”. Ojalá, lo hiciera. No me toca, ya que mi camisón ya está bastante abierto y mi cuello y la parte superior del pecho libres. “Ahora vería si respiras”. Lo veo acercarse tímidamente y apoya la cabeza sobre mi esternón. Mis globos le tapan la vista. Los contempla mientras suben y bajan por mi respiración, cada vez más acelerada, mientras él se dedica a recorrer con la vista cada uno de los centímetros de piel del estrecho y profundo valle que forman mis montículos. Se queda en esta posición durante unos largos segundos. El espectáculo que está viendo, protegido por el juego de su práctica le está gustando mucho por lo que parece. “No respiras”. Vaya si respiro, mi respiración está bastante agitada, mis pechos quieren salir del camisón, y su boca está tan cerca… “Ahora pasaríamos al masaje cardiaco y a la respiración boca a boca”. Esto se pone interesante. “¿Qué vas a hacer mi nene?” Coloca mi cabeza hacia atrás y me tapa la nariz. Mi boca se abre e instintivamente sacando la lengua y respirando con suspiros agitados. Mi niño me observa mientras me entrego a su boca, pero sus reparos le hacen sólo acercarse, de manera que siento su aliento mientras sopla sobre mi boca. Mi lengua está expectante. Desea lamer la suya y sentir sus deliciosos labios. “Uno”. (Pone las manos en mi esternón mientras le miro como un corderito degollado. Me aprieta sobre la parte superior de los pechos haciendo 15 repeticiones. Aprieta suavemente sobre mis globos de carne, que amenazan con romper el camisón por la presión a la que están sometidos. Y vuelve a colocarme la cabeza, mientras yo cierro los ojos y me dejo llevar. Mis pezones están poniéndose duros con el bamboleo y los achuchones que me da en las tetas. Se marcan claramente en el camisón. Esto me está gustando, pero mejor si fuese más suave. Me gustaría que siguiese dando saltos sobre mí, pero de otra forma. Con ese ímpetu y cadencia, podríamos hacer algo mejor. Ah, ah, ah, ah…jadeamos ambos con cada nuevo masaje. La situación está cada vez más caliente. Noto sus caricias sobre mis pechos y su aliento me llena la boca,  pero yo sigo portándome como una niña buena aunque me cueste horrores. La calentura va por dentro. “Esto es la RCP básica. Ahora puedo pasar a la RCP avanzada. Si no respiras podría intubarte con una cánula que se mete en la boca hasta la faringe”. Estaría encantada de recibir algo bien al fondo de mi garganta. ¿Puedo elegir lo que me vas a meter? “Y luego, tras comprobar que no tienes pulso y no hay latido en el electro, cogería unas palas de electroschock para desfibrilarte”. “Claro, esta es la parte emocionante de las series…Pues coge unos guantes y simulas el desfibrilador. ¿A que me van a dar el Oscar por la buena interpretación?”. “Jajaja. Claro, mamá. Para la próxima serie de médicos te van a llamar” Sí, de la cachonda que se cepilla a todos. “De acuerdo, pero hay que simularlo perfectamente”. Umm, a mi chico ya le iba gustando la actuación que estábamos haciendo. Lo que no sabía es que su madre estaba con ganas de jugar, y es muy, muy juguetona. Me levanto parte del camisón para que pueda ponerme las palas sobre el tórax. Enseño mis bragas finas y parte de mi sujetador a juego. Ambas prendas son muy escuetas y sexis y mi hijo no puede dejar de pasar una mirada de aprobación. Mis grandes melones no dejan espacio, por lo que tiene que poner los guantes uno arriba del izquierdo y otro debajo. Ya no puede contenerse y toca con disimulo ambos pechos, con la excusa de buscar el lugar correcto para colocarlos. Está excitado, lo he metido en el juego y ahora ve que puede jugar conmigo. Esto se pone interesante. Mi chocho está lubricando a más no poder. Empezamos a sudar y la excitación está a flor de piel. “Uno, dos y tres!! Electroschock!! (Ahora es mi momento. Me pongo a temblar como si me hubiese dado una convulsión por todo el cuerpo. Mis tetas botan y botan de un lado para otro. Sus ojos se salen de las órbitas ante lo inesperado del espectáculo. Me proyecto hacia él para rozarme lo máximo posible, consiguiendo ponerlo aún más nervioso. Se ríe de lo exagerado de mi actuación, pero la aprueba con la mirada. “Otra descarga: uno, dos y tres!! Electroschock!!“Me tiro directamente sobre él, que se ríe de buena gana, mientras mis manos buscan rozar su paquete. Lo consigo, es difícil no tocarlo, ya que está enorme y lo tengo a escasos centímetros de mi mano. Mi actuación está siendo muy convincente, por lo que parece que quiere seguir con el show. Intenta seguir con la práctica, aunque la mente no está en lo que está haciendo, sino en lo que está pasando. El cuerpo le pide más. “Y la última descarga: uno, dos y tres!! Electroschock!!” Tras otro salto y sobada de su caliente paquete, maniobra que facilita al apartar y subir los brazos, dejos los mios abiertos buscándolo. He resucitado y mis manos agarran lo primero que encuentran, su duro mástil sobre los pantalones. Lo siento palpitante y aprovecho para acariciarlo sobre el pantalón del pijama. “He resucitado. Gracias, cariño. Me has salvado la vida!” Estoy jadeando con mis piernas abiertas y el camisón removido. Se aprecia en mis braguitas blancas la humedad que desprendo. El olor en la habitación es a hembra, mi olor. Necesito pensar algo para buscar acabar con la tensión del ambiente. Mi niño me mira con los ojos de deseo, pero sin saber cuál será el siguiente paso. “¿Y qué pasaría si me ahogo? Creo que no me he atragantado con algo”. Digo entre jadeos que parecen mucho más gemidos de perra en celo.“Si tienes un objeto atascado en la garganta, te haría la maniobra de Heimlich”. Mi hijo me rodea por la espalda. Se pega a mi cuerpo y con los brazos me envuelve en un abrazo brutal porque no se puede contener de lo excitado que está. Quiere tocarme y apretarse contra mí. Me levanta en vilo con sus vigorosos brazos y luego me baja. Su pecho se apoya sobre mi espalda. Apoya su mástil endurecido sobre la raja de mi culo. Con las manos levanta mis pechos por debajo y empieza a empujar sobre la parte alta de mi abdomen con las manos. Pero lo interesante es lo que pasa por detrás. Lo siento embestir una y otra vez con la presión de su falo sobre mi orto. Hace como si intentase sacar el objeto de mi garganta, pero más que por la presión de sus manos, se diría que lo intenta con su pollón sobre mi agujero anal, martilleando como un pájaro carpintero, que lo recibe abriéndose del gusto. Como un sifón que sopla por un agujerito pequeño. Qué rica sensación. No puedo más que suspirar y gemir sin control como si me estuviera ahogando, pero no es actuación, me estoy corriendo del morbo de ver a mi nene empitonándome por detrás con toda la fuerza de un toro bravo desbocado. Hasta que lo noto estallar en una corrida, que tiene que haber sido abundante. Sus ojos están en blanco y su cara tiene un rictus orgásmico. Tiene que haber soltado una buena lechada, ya que la excitación que llevaba era grande, grande y muy dura. Pasados unos segundos de máximo placer,  intenta recomponerse y me sonríe como si nada hubiera pasado. Pero yo me quedado con su cara de placer al poseer a su madre. Al tenerme a su disposición y disfrutar del roce de nuestros cuerpos. Yo también estoy chorreando flujos. Necesito tocarme un poco para lograr llegar al punto de no retorno. Lo voy a hacer a mi dormitorio, no sin antes despedirme. “Doctor, qué bueno que es. Me ha desatascado enterita. Ya respiro y el corazón parece que late”. Le llevo la mano descaradamente a mi pecho para que lo toque un poquito, lo cual hace con menos pudor. “Por haberme salvado, me ofrezco para que mañana repasemos de nuevo”. “Claro, mamá. Mañana tengo que hacerlo todo perfecto”. “Eso espero, hijo. Eso espero”. En mi habitación me hago un dedo magnífico pensando en la morbosa situación con mi hijo y la oportunidad de disfrutar aún más mañana. Mi hijo parece que ha dejado la timidez de lado y está dispuesto a jugar fuerte. Seguro que él también se va a tocar esta noche para aliviar tanto estrés acumulado. Mejor para él, porque mañana lo pienso poner al límite, pienso mientras me meto un dedo bien dentro de la vagina y con el otro me toco el pezón que ha tocado sobre el camisón mi hijo hace un momento. No voy a poder dormir de la excitación, así que me voy a agotar a orgasmos. Hoy tengo material para pasar la noche en vela. En vez de ovejitas voy a contar médicos, aunque todos tienen la cara de mi hijo. Por la mañana me levanto con una sonrisa de oreja a oreja. He soñado muchas delicias tras varios fuertes orgasmos. Pero sobre todo, he pensado en nuevas situaciones para provocar y hacer disfrutar a mi nene. Por la mañana va a la biblioteca a estudiar, lo que me da tiempo  para ir a compra el camisón que necesito. En el sexshop del barrio he visto uno que tiene una faldita y bajo la falda una abertura que deja  acceso a mi sexo. Como lo tengo depiladito, sólo con un mechoncito en el monte de Venus, desde atrás la vista es excelente si me agacho. Si no, parece una faldita corta, que cubre lo justito, dejando el inicio del culo provocativamente al descubierto con el mínimo movimiento. Me encanta sentirme así de caliente, provocadora y libre. Estoy deseando que llegue la tarde para otra sesión de prácticas. Mi cuerpo necesita más. Nerviosa, noto como ya estoy mojada sólo de pensarlo. Cuento los minutos para que llegue, pero prefiero que sea él el que me busque. “Bueno, mamá. ¿Podemos comenzar la práctica ya?” Mi hijo me avisa desde el salón. Se nota que está impaciente. Salgo con el nuevo camisón como si nada ocurriese, aunque tengo muchas ganas. Mi cuerpo sensual y mi camisón casi le causan un infarto. Le veo cómo me mira con lujuria. Sí, es puro fuego lo que desprenden sus ojos. Me quedan con la mirada. Él se ha puesto la bata. Qué guapo está. “Así vestido nos metemos mejor en el papel” Me dice sonriente. “Sí,  cuanto más real, mejor…” Creo que él también trama algo… “Adelante”. Me tumbo y comienza el espectáculo. “Comenzamos con la RCP básica”. Me coloca la cabeza hacia detrás y tras tomarme el pulso y “escuchar mi respiración” durante unos tiernos segundos en los que reposa sobre mi pecho, damos comienzo a la acción. Me he puesto el perfume más sensual que tengo y al acercarse lo nota de inmediato. Es toda una declaración de guerra. Como hizo ayer, comienza colocando su boca casi sobre la mía, pero sin tocarse, y yo la abro bien para intentar atraerla. Duda pero apoya sus labios sobre los míos suavemente y sopla aire. El aliento de mi niño es fresco y su olor varonil me lleva la sangre a la cabeza. El contacto ha sido mínimo, pero ha provocado un chispazo que inicia un incendio en mi interior. Ahora pasa a masajear el tórax con empujones rítmicos dejándose caer sobre mí. Lo veo tan cerca y mis deseos son tan fuertes…que tengo que controlarme con todas mis fuerzas para no saltar sobre él. Cuando aproxima su boca de nuevo, esta vez ya se encuentra con la mía recibiéndole. Esta vez mi lengua está expectante y se lanza hacia sus labios como bienvenida. No sopla por la sorpresa, lo que me da tiempo a sentir sus labios bien apoyados sobre los míos. Como deja un espacio libre, aprovecho para sacar mi lengua un poquito y lamerle el labio superior ligeramente. El masaje que sigue cada vez es menos agitado y más sensual. Parece como si contase más rápido para volver a sumergirse en un beso con los labios calientes de su madre. Los besos se alargan y son cada vez más húmedos. Le está gustando que su madre le chupe los labios, que mi lengua profundice suavemente en su boca y toque sus dientes y encías. Nuestra calentura se dispara. Se nota que ambos estamos con muchas ganas. Así que doy paso al siguiente punto de mi plan. “Vamos a continuar con el electroschok”. “Vale…” dice mi niño dando a entender que quería seguir “practicando” el boca a boca. “Pero esta vez no le pongas tanto voltaje que casi me abrasas…” le insinúo con una sonrisa divertida y mirándole profundamente a los ojos. “Jajaja, seré cuidadoso” me contesta siguiéndome la broma. Manosea por encima de mi camisón, que tiene un tacto muy suave. Los pezones se transparentan casi totalmente. Se prepara para la descarga y yo para mi actuación estelar. “Uno, dos y tres!! Electroschock!!” Comienzo a botar y botar, mis manos tocan su pecho, sus muslos y busco su duro mástil como ayer. Tiene un botón de la bata abierto y por ahí se cuela mi mano. Mi corazón me da un vuelco al tocar la piel de su pene duro y caliente. Ese era su plan. Siento su dureza y las venas que están a punto de estallar de la excitación. Mientras lo masajeo moviendo su piel adelante y atrás al ritmo de mis “convulsiones” el camisón, al ser más abierto, deja salir uno de mis pechos, que rebota delante de la cara de mi hijo. El duro pezón casi le saca un ojo al pobre, que sigue su movimiento descontrolado. Cuando paro, él quiere seguir cuanto antes, para no darme tiempo a colocarme el camisón. Sigo con la mano metida en su bata, pero no me muevo. “Uno, dos y tres!! Electroschock!!” Vuelvo a saltar fulminada por un rayo y mi movimiento sobre su mástil se repite para su placer. Le masturbo descaradamente con mi mano bien sujeta a su rabo. Esta vez también se sale el otro pecho y los dos chocan entre sí una y otra vez delante de su embobada cara. A mi nene se le cae la baba con el espectáculo y con la paja que le estoy haciendo. Más, más, otra vez. “Uno, dos y tres!! Electroschock!!” También la parte de abajo del camisón se levanta y aparece la braguita con apertura. Dirige su mirada hacia mi entrepierna y sus pupilas se abren para intentar mirar mi rajita mientras salto de un lado a otro. El camisón no se lo pone fácil, pero ha podido ver algo. Noto en la mano la humedad que está desprendiendo su glande. Toco la zona del frenillo con mi dedo pulgar para darle más gustito… “Nene, me has dejado agotada…” Le digo espatarrada, con respiración agitada e intentando recomponer mi aspecto. Saco la mano de su bata, con pena por tener que soltar tan lindo trozo de carne. Pongo en su sitio mi camisón mirándole a los ojos. Meto mis pechos de vuelta a su lugar con pausa. Mi hijo se come con la mirada. “Pero si aún no hemos terminado…” “Ya, ya…quieres probar la maniobra esa de ayer, no?” Le digo en un tono retante. “Sí, claro. No podemos dejar la práctica sin terminar” “Pues si te aplicas bien en esta parte, apuntas al sobresaliente” “Intentaré ganármelo” “Vas a tener que sudarlo, ya que esta vez es quiero que continúes hasta que saques el objeto de mi interior” Ya hemos visto las armas del otro. Las cartas están sobre la mesa. ¿Cómo acabará esto? Me pongo de pie y él se coloca tras de mí. Estoy abierta y dispuesta. Siento mis jugos vaginales caer por mis muslos. Mi chocho está anhelante. Me abraza e inmediatamente desplazo mi culo hacia detrás para empotrarme contra su pelvis. Mi camisón se levanta con el gesto. El acceso está libre. Noto que algo se cuela por parte abierta de su bata. Lo siento húmedo y caliente sobre la piel de mi vulva. “Vamos, mi amor, comienza a empujar” “Espera, mamá, que me coloque bien”. Su enorme pene tantea la entrada de mi horno. Está en la temperatura y humedad perfectas para meter su barra de pan.  No es muy larga, pero sí muy gorda. Me siento como  una campana temblado con cada golpe de badajo con sus movimientos pélvicos. Sus primeras embestidas golpean contra mi culo, contra mis labios mayores, mi clítorix, mi zona anal…pero no logra encontrar el camino. A mí esto me está poniendo hirviendo…Y a él más nervioso. Pero no podemos romper las reglas, así que ninguno deja su papel. Sigue intentándolo con cada pitonazo. Yo muevo el culo también para buscar empalarme sobre esa gran tranca, pero creo que aún lo estoy poniendo más difícil. Por fin, de improvisto, se produce la estocada mortal… Su gran barra de carne encuentra el camino de mi cueva y me ensarta como una lanza al rojo vivo. Mi grito es desgarrador. No lo puedo contener. Siento como si me hubiera abierto en canal…Pero la sensación es tan deliciosa que mis paredes vaginales lo estrangulan para no dejarlo salir. Con el acople realizado, comienza un movimiento totalmente coordinado de pistoneo por parte de nuestros sexos. Su polla se va abriendo hueco hasta llegar al cuello de mi útero. Está recorriendo el mismo camino que hizo una vez, pero en sentido inverso. Sus manos dejan de “empujarme” y pasan a controlar ambos pechos. Los pezones pinchan en sus palmas. “Ahora, sigue hasta que lo expulses” “Claro, mamá” Qué obediente es mi hijo… Me folla rítmicamente, como si su batuta dirigiera un concierto de la filarmónica. O por lo menos yo oigo a la orquesta entera jadeando y suspirando. Por un lado me gustaría quitarme la ropa y quitarle a él esa bata para poder cambiar de postura, pero eso iría contra las reglas del juego que hemos puesto en escena, así que tiene que follarme con la bata puesta y a través de la apertura que deja para su pene. Su ritmo aumenta y ambos avanzamos juntos hacia el orgasmo. Me muerdo el labio superior mientras recibo pollazos profundos. Se nota que se ha hecho muchas pajas en estas 24 horas, ya que su aguante parece no tener fín. Folla que te folla durante minutos. Su taladro perforándome los más hondo de mi alma y mi vagina sufriendo y disfrutando al mismo tiempo de la distensión que produce el calibre de su cañón. En el comienzo de mi éxtasis, echo las manos hacia detrás y cojo ambos cachetes de su culo para acompañarle en las embestidas e indicarle que no se le ocurra salir de mi interior. Él comprende mi indicación y la calentura que le produce que su madre le pida que se corra en mi chocho. Ya sólo quedan unas embestidas, aprieta mis tetas con brusquedad y me clava tan profundo su estaca que perece que me va a sacar el “cuerpo extraño” de la garganta de un pollazo. Ha sido un orgasmo brutal y ambos estamos que nos fallan las piernas. La postura era difícil de mantener, por lo que ahora nos duelen las rodillas y mi musculatura está tan relajada, que no puede mantenerme en pie. Se arregla la bata, escondiendo su instrumento rápidamente. Yo me pongo la mano en la frente e intento recuperar el aliento. “Creo que te voy a dar un 10. Eres muy bueno con la materia. Me ha encantado hacer de paciente de prácticas”. “Pues ya te pediré ayuda cuando tenga que hacer otro examen práctico”. “Claro, mamá siempre estará preparada para ayudarte”. “Gracias, mamá”.

domingo, 27 de julio de 2014

MADRE FELIZ


Y entonces sucedió. Se acerco a su hijo y lo beso en la boca. Primero suavemente y después se convirtió en algo salvaje, obsceno, sucio y delicioso. Él correspondió a la caricia tomándola de la cintura y acercando su cuerpo al de su madre para que sintiera su hombría que reaccionaba con dureza implacable, viril y llena de deseos. Ella se abandono y su feminidad broto por sus poros pidiendo sexo, amor y pasión. El hijo llevo sus manos a los pechos de su madre y los toco superficialmente y después introdujo sus manos entre la blusa y su carne trémula. Disfruto del olor de su sudor mezclado con su perfume En ese momento ella supo que ya no había vuelta atrás. Que seria la amante de su hijo. Se fueron a la recamara abrazados. Casi se caen por ir besándose y acariciándose entre si. Al llegar ante la cama él apretó su cuerpo por detrás de su madre y ella sintió en las nalgas la dureza del pene de su hijo. El le levantó la blusa y le liberó el brasier dejando saltar las tetas blancas como el marfil con sus pequeños pezones rojos. Ella hizo un gesto pudoroso pero el le tomó las manos y las separó, acariciándole las tetas. La besó en el cuello y al sentir su sabor y su aroma sintió un inmenso placer. Con una mano le bajó la falda, las bragas hasta media pierna y se abrió la bragueta liberando su pene, que estallaba de dureza. Lo coloco entre las nalgas de su madre que sintió un escalofrió que le recorrió el cuerpo. Siguió besándole el cuello, hasta que ella no soportó la caricia y se volteo de frente a el. Entonces se besaron por varios minutos. Besos tiernos, lujuriosos, apasionados. Terminaron de desvestirse y el la recostó sobre la cama y se coloco entre sus piernas. Ella esperaba la penetración pero para su sorpresa su hijo se hincó ante ella y llevo su boca a su vagina. Se puso tensa en un principio pero no quiso romper la magia del momento y aflojo el cuerpo dejando hacer a su hijo, después de medio minuto empezó a disfrutar la mamada que su hijo le regalaba y más cuando su hijo demostró ser un experto metiéndole la lengua cinco o seis centímetros dentro de la vagina. De pronto no pudo evitarlo y orgasmó violentamente. Él no rompió el contacto y continúo mamándola hasta que sintió que el orgasmo de su madre había terminado. Nunca se había bebido los jugos de una mujer, pero ahora no le desagradó hacerlo. Al detenerse vio como su madre tenia un gesto de felicidad infinito y lo miraba con un inmenso amor. La besó en la boca y ella saboreó sus propios jugos en los labios de su hijo. Ella misma se sorprendió de que había disfrutado más en diez minutos con su hijo que en todos los años de casada. Ante ella se habría una nueva manera de amar, de ser feliz. Él la dejo reponerse unos segundos y después se incorporo ante sus piernas y apunto su poderoso pene a la vulva de su madre. Esta fue la primera vez que ella la vio en plenitud y se sorprendió de su tamaño. El único que conocía era el de su esposo y le pareció bastante pequeño comparado con el de su hijo. Entre la mata de pelos él colocó la cabeza de su pene y le repasó la vulva por unos segundos. En un momento dado los dos se miraron a los ojos y en sus rostros solo había amor. Amor grande y puro que ahora estaban a punto de consumar de la manera como un hombre y una mujer se aman. Él deslizó su pene centímetro a centímetro dentro de la vagina de su madre y ella disfruto cada instante, cada milímetro, cada empuje de su hijo. El placer que en su juventud soñó que le traería su vida de casada por primera vez lo sentía. Se continuaron viendo a los ojos como dos enamorados y aceleraron sus movimientos hasta llegar al clímax. Los dos quedaron agotados y abrazados uno al otro en un sopor delicioso. El hijo sin darse cuenta se quedó dormido a un lado de su madre y ella se incorporó levemente y coloco su cabeza sobre sus senos mirándolo a la cara mientras dormía. De pronto pasaron por su mente los años infantiles de su hijo, cuando en esa posición se refugiaba en ella cuando algo lo asustaba. Pensó con tanta ternura que ese niño que ella consolaba ahora era su hombre, su amante, su dios. Al final también se durmió llena de amor y felicidad.


LA TETAS DE MI MADRE


Soy hijo único y todo comenzó cuando mis padres se divorciaron después de dos años de continuas disputas porque mi padre tenía una amante y no la dejaba, ya hacía más de un año que dormían en piezas separadas, y finalmente decidieron separarse. Para mi madre fue una liberación que noté de inmediato en su ánimo y su actitud ante la vida. Ella no es una mujer muy atractiva, es mas bien gorda, ronda los cincuenta años, y tiene un par de tetas enormes que le cuelgan casi hasta su estomago. Un día domingo como a las diez de la mañana, mientras tomábamos desayuno me fijé que ella llevaba puesto es ese momento una calza roza que marcaba su enorme culo ya medio fofo, y una remera blanca enorme, pero que a pesar del tamaño de la remera se le podían notar los enormes pezones de sus tetas, me di cuenta que no llevaba corpiño. Mientras ella, sentada en frente mío, me conversaba de su soledad y de que no sabía como enfrentarla, yo no podía sacarle la vista a esas enormes tetas. Ella creo que se daba cuenta de que la estaba mirando, pero no me decía nada, y así paso toda una hora hasta que salí de casa para ir a estudiara con un compañero. Como yo era virgen y nunca tuve una novia o algo por el estilo, (nunca le habia dado un beso en la boca a ninguna chica), al llegar de vuelta a mi casa me encerré en el baño, y aunque mi madre no fuese como la mujer de mis sueños, comencé a masturbarme pensando en esas tetas. Al otro día, caminando hacía la casa desde la Universidad me puse en la cabeza que no debía mirarla más de esa forma, ya que si ella me dijera algo al respecto yo me moriría allí mismo de la vergüenza. Al llegar a la casa, recordé lo que había pensado e hice el mayor esfuerzo posible, mi madre estaba vestida con una pollera de jean y una remera parecida a la del día anterior, en la cena, por más esfuerzo que hice de vez en cuando la vista se me desviaba hacia esas enormes tetas. Estoy seguro de que ella se daba cuenta de la situación, pero no decía nada. Después de cenar me puse a estudiar, y como ella es profesora de matemáticas en un momento le pedí ayuda sobre un ejercicio que no entendía, así que ella se paró detrás de mí, se inclinó apoyándome sus pechos sobre mi nuca y empezó a explicarme el ejercicio hablándome cerca de la cara. Luego comenzó a moverse lentamente, sus tetas se frotaban en mi nuca, yo ante esa situación me excité mucho y me verga estaba por estallar. Como tenia puestos pantalones cortos mi erección se hizo perfectamente visible, mi madre como estaba mirándome desde arriba de mi cabeza se dio cuenta, entonces se sentó en frente mío. Yo estaba totalmente excitado, de repente mi madre me comienza a mirar a los ojos, se levanta la remera y al no tener corpiño sus tetas quedaron al aire libre. Entonces me dijo: "Esto es lo que tanto mirabas...? acá las tienes… te gustan...?". Lo dijo mientras las movía de un lado al otro. Yo me quedé sin palabras, solamente miraba sus pechos enormes que tenían unos pezones oscuros y una aureola bastante grande. Ella me dijo que no tuviera vergüenza y que le tocara las tetas, entonces como yo no hacía nada ella se acercó, tomo mi mano y se la llevó a sus pechos, diciéndome que se los acariciara y apretara. Entonces yo por fin tomé la iniciativa y comencé a chuparle esas tetas enormes, mientras se las apretaba con las manos. Ella decía todo el tiempo: "Eso... así... bien... mmm...". Después de unos cinco o diez minutos ella me dijo que me detuviera, entonces se levantó de la silla, se sacó la pollera y las bragas, se sentó en la mesa, se abrió de piernas y me dijo: "Ven... dale... por favor hijito..., lo necesito…". Yo sabía lo que ella quería, así que con mi inexperiencia acerque mi cara hacía su vulva, que tenia algo de pelos pero no era muy peluda, y le comencé a pasar mi lengua. Ella me decía: "Mmm... hazlo mas fuerte…, un poco más... así... así... más arriba....". Yo, como no sabía como satisfacerla bien, hacia caso a lo que me pedía, así que comencé a lamer y chupar mas frenéticamente, la penetraba con mi lengua, mientras acariciaba sus muslos. Como me hubiera gustado ver ese cuadro... mi madre sentada en la mesa con las piernas abiertas de par en par, y yo chupándole la chuchita! Mi madre se retorcía de placer, se movía de arriba abajo mientras le lamía la concha. Después de unos minutos ella me pidió que parara, se bajó de la mesa, me tomó de la mano y me llevo a su dormitorio. Sin decirme nada, me bajó los pantalones y los calzoncillos, me empujó en la cama y me dijo: "Esto te va a gustar...". Ella se puso entre mis piernas y comenzó a chuparme la pichula, la agarraba con sus manos desde abajo, y con su lengua jugueteaba con mi glande, luego me acariciaba los huevos y comenzaba a chupármela como si quisiera sacarle jugo. Yo en menos de cinco minutos ya no pude aguantar más y le dije casi gritando que estaba por acabar, entonces ella paró en seguida, y empezó a pasarme sus enormes tetas por la verga, masturbándome con ellas. No aguanté más y eyaculé en las tetas, ella decía: "Mmm... que calentito... rico… bien...". Luego ella se puso de rodillas en la cama, apoyó su cabeza en la cama y me dijo que la penetrara. Yo le dije avergonzado que no sabia como, entonces ella me dijo que pusiera mi verga cerca de su sexo, cuando la acerqué ella la tomó con una de sus manos y la acercó hacia su concha, y me dijo: "Dale... empuja... empuja por favor...”, le hice caso y mi verga resbaló y entró rápidamente, así que empecé a moverme rápidamente, se la metía hasta los huevos y la sacaba casi entera, una y otra vez, podía ver como las tetas de mi madre se movían de un lado al otro sin parar, y eso me excitaba aun mas!. Mientras me la culiaba, mi madre me pidió que por favor le metiera un dedo en su culo, en el momento me dio un asco terrible, pero no me animé a decirle que no, así que empecé a acariciarle la raja hasta que le encontré el agujero, y sin pensarlo le metí el dedo, luego me di cuenta que el agujero del culo de mi madre se estaba agrandando, así que le metí otro más. Mi madre dio un gemido y me decía: "Eso... así... dale... más fuerte...". En un momento ya no podía más y sin darme cuenta eyaculé adentro de la concha, pero yo seguía tan excitado que le seguí dando. Podía ver como chorreaba mi semen por la raja de mi madre, eso me gustaba. De repente mi madre me detiene y me dice que me acueste boca arriba, le hice caso, entonces ella se sentó lentamente en mi verga, y empezó a moverse rápidamente, tenía sus enormes tetas en frente de mi cara, así que se las agarraba mientras ella se movía y se las apretaba. Estuvimos culiando como una hora, yo acabé como una vez más dentro de ella. Cuando terminamos ella me dio un beso en la boca, y me dijo que se iba a bañar, y que yo me fuera a dormir, me dijo: "Mañana nos vemos, y me guiño el ojo...". En ese momento supe que todo lo que había pasado se iba a volver a repetir.



sábado, 11 de enero de 2014

ORAL


Acercaría mi boca a tu boca y te besaría, buscaría en tu lengua mi sabor y te lo arrancaría con mi boca, quiero saber a que te sabe mi cuerpo. Después de besarte mucho, de jugar con mi lengua en tu lengua, te mordería el cuello sin hacerte daño, lamería aquel huequito que se forma entre las clavículas, pasaría mi lengua por ahí juguetona, se que estas excitado por que siento tu pene erecto, muy erecto, duro y caliente rozando mi clítoris, ajusto mis rodillas a tus caderas y me sobo con tu cuerpo, de arriba hacia abajo, me gusta sentir tu pene en mi sexo, mi boca sigue bajando, mi lengua pasa bordeando tus tetillas, haciendo que se endurezcan, luego paso la lengua por encima, y las chupo, primero una, después la otra, luego repito el mismo procedimiento, tu respiración se vuelve mas profunda y mas rápida, sigo con mi camino, mi lengua va bajando más… hasta posicionarse a la entrada de tu ombligo, meto la puntita de mi lengua ahí, tu piel se eriza, (sé que te da nervios, es por eso que lo hago), sigo bajando hasta encontrarme con tus bellos púbicos, meto mi nariz en ellos y la sobo jugando con ellos, paso la mitad de la cara como si pasara mi mejilla sobre algodón, sigo bajando hasta encontrarme con tu pene, imponente obelisco, preciosa creación, erecto, duro, como una montaña, la miro detenidamente, y paso mi lengua por él, empiezo desde abajo, aprovecho y te chupo los testículos, luego empiezo a subir sin separar mi lengua de tu pene, voy subiendo lentamente, hasta llegar a la cima, y vuelvo a bajar, suavemente, tomándome mi tiempo, luego, paso la lengua en círculos alrededor del glande, imagino que es una deliciosa manzana acaramelada, la cual no quiero morder aun, tan solo chupar y sentir el dulce sabor del caramelo, veo que a ti te gusta, porque hay una gran sonrisa en ti, y tus gemidos van en aumento, sigo con mi ritual de la manzana acaramelada....y sin poder contener las ganas, meto tu pene en mi boca, lo meto y lo saco, lo meto y lo saco, succiono, como si quisiera que salga miel de adentro, lo meto y lo saco, chupando cada vez más fuerte, me gusta tu pene, acelero la velocidad, y tu sigues gimiendo...y yo sigo...y tu me dices que vas a explotar... y yo sigo queriendo que explotes, y explotas... y puedo sentir tu esencia en mi boca, tu sabor, te puedo saborear a ti. (Ahora su respiración esta mas pausada, no estas tan agitado...) y yo sigo chupando, hasta que no quede ninguna gota de ti...

jueves, 19 de septiembre de 2013

LA SEÑORA DE LA LIMPIEZA


Yo tenia 15 años y estaba en la flor de mi sexualidad, pero se limitaba a ver películas porno y una que otra revista. Fue en ese tiempo donde la señora que nos cuidaba desde niño y se encargaba de las cosas de la casa, enfermó y tuvo que dejar de trabajar. Estuvimos mucho tiempo sin que mi madre no contratara a nadie. Sin embargo mi madre volvió a trabajar y se vio en la obligación de contratar una empleada puertas adentro. Se contrató a la señora Sonia, una mujer de unos 48 años, solterona, morena y con unos kilitos de mas, pero con un culo y una tetas increíbles. Fue una noche en que yo ya estaba acostado con la luz apagada. El calor era insoportable a si que me levanté y abrí la ventana de mi pieza. Gran sorpresa me lleve al ver que en el cuarto que estaba detrás de la casa, donde dormía esta señora, también se encontraba la ventana abierta y como una cortina tipo visillo, con la cual con la luz prendida en el interior se podía ver perfectamente. La señora Sonia se estaba desvistiendo. Al verla cerré un poco la cortina y me lleve el mejor espectáculo de mi vida. Primero se saca su falda y luego su blusa. Unas tetas descomunales parecían escaparse de su sostén. Su tremendo culo estaba dentro de unos calzones grandes pero que le quedaban bastante apretados, me excitaron de sobre manera. Se saca sus sostenes y sus tetas quedaron completamente a mi disposición. Toma su camisa de dormir, se la coloca, se acuesta y apaga la luz. De más esta decirles que esa noche me masturbe como 3 veces recordando a la primera mujer que veía desnuda. Desde esa noche y durante un mes me acostaba temprano y todas las noches me pegaba el mejor "cuarteo" (como se dice en Chile) con esta señora. Como les conté pasó mas de un mes, y cada vez que podía me deleitaba viendo su culo a través de su apretado y casi transparente delantal, corriendo al baño para saciar mi éxtasis. Una noche como todas en que yo me encontraba mirándola mientras se desvestía, estornudé y ella se acercó a mirar por la ventana. Yo rápidamente corrí la cortina, pero me parece que se dio cuenta que yo la estaba observando. Una tarde en que ella lavaba los platos, pase por la cocina (que es bastante angosta), y como siempre trataba de rozar mi paquete con ese culo. No se si fue idea mía pero empecé a notar que ella echaba el culo mas para atrás cada vez que yo pasaba. En uno de esos roces, ella se dio vuelta y me miró, yo me hice el leso, como si había sido de pura casualidad. Una tarde en que como siempre me encontraba solo con ella, entré por la puerta de la cocina, pasando por el comedor, donde ella se encontraba sentada fumando un cigarro. Le pregunté por mi traje de baño. Me dijo que estaba en la pieza de mi mamá. Al caminar hacia el dormitorio de mi mamá, observe a través del espejo comedor, como me miraba por detrás, sin que se diera cuenta que yo la miraba por el espejo, me hizo un gesto como relamiéndose los labios. ¡Ella también estaba excitada!. Volví a pasar, pero esta vez mi paquete se notaba a través de mis short, y nuevamente hizo el mismo gesto pero esta vez se tocó entre sus piernas. Pasaron un par de días y notaba como me miraba y hablaba distinto conmigo. Una tarde que estaba acostado viendo una película, ella entra a mi pieza y empieza hacer aseo. Yo miraba como se translucía su calzón a través del delantal. Ella se acerca a la cabecera de mi cama y detrás de esta encuentra unos papeles con los cuales yo limpiaba mi semen y que dejaba detrás de mi cama. Los recoge y yo me pongo rojo. Me dice:
– ¿Y tantos papeles que están aquí atrás?
Yo haciéndome el gueón, le digo que no sé de que son.
– Parecen estar manchados con algo –se ríe–.
Yo estaba completamente avergonzado, y me dice:
– No se preocupe, yo sé que son estos papeles, no ve que yo he tenido tres hijos y sé que tienen que saciar su energía acumulada de esta manera.
Yo ni me atrevía a mirarla, no decía nada…
– La otra noche lo vi cuando me miraba mientras me desvestía, o no?
Yo lo negué, pero ella se rió,
– No me venga con que no, pero no se preocupe, no le voy a decir a nadie…
– Gracias.
– ¿Pero dígame una cosa, le gusto lo que vio?, a mi no me molesta, al contrario, me halaga…
– Si –le dije- me gustó.
– Le gustan?
– Si -le dije-.
– ¿No había visto unas como estas antes?
– No, jamás…
– Y?... no… no mejor que no…
– Que?
– No, es muy chico…
– No dígame…
– Le gustaría verlas mas de cerca?
– Si…
Ella se desabrocha el delantal y me muestra un tremendo par de tetas.
– Mírelas, le gustan…?
Me quedo con la boca abierta, no lo podía creer, una mujer en mi pieza, mostrándome las tetas…
- Tóquemelas.
Sin pensarlo dos veces empiezo a tocarlas suavemente, ella me aprieta las manos y me obliga a apretarlas mas fuerte…
– Ahora chupemelas…
Desesperadamente me senté en la cama a chuparle las tetas a la señora Sonia. Ella se las apretaba y me las restregaba en la cara, me pidió que me acostara y me bajo los short y se metió mi pene hasta las bolas. Yo no aguante ni un minuto y le dije que iba a acabar, para que lo sacara de su boca, pero ella aumentó su mamada y no tuve más remedio que llenarle la boca de semen. Me siguió chupando y a mí no se me bajaba, se acostó a mi lado boca abajo y se subió el delantal. Un tremendo poto estaba completamente a mi disposición, le saqué los calzones. Yo se lo tocaba, apretaba, recorriendo todo bajaba hasta tocarle los pelos de su chorito. Con mis dedos empecé a metérselos en su chorito mientras con mi mano me masturbaba.
– Quiero que lo metas.
Me monto sobre ella y con su mano me lo agarra, y lo mete en su conchita. No lo podía creer estaba culiando, y con un poto increíble. Nuevamente y rápidamente volví a acabar en su conchita. Me quede encima de ella agarrándole las tetas. Ella llevo sus manos a su zorra y empezó a pajearse, conmigo encima tocándoles las tetas. También acabo. A la tarde siguiente apenas se fue mi mamá, me fui a mi pieza y al poco rato llega ella. Se desabrocha el delantal y empiezo a chuparle las tetas con mi mano en su culo. Se sube el delantal, se saca los calzones y me agarra la mano y se la mete en su concha. Luego se acuesta boca arriba, abre sus piernas y le empiezo a culiar. Me pide que le meta un dedo en el culo, se lo hago y empieza acabar al mismo tiempo que yo. Me acuesto a su lado, su mano me empieza a masturbar y yo hago lo mismo con ella. La otra tarde, lo mismo, con la diferencia que nos desnudamos completamente, me hace acostarme, ella se sube arriba mío, pero con su cara en mi verga, dejándome toda su concha en mi cara, la empiezo a tocar y a meterle un par de dedos mientras ella me chupa muy suave. Sus manos en sus nalgas las abre y meto un dedo por su culo, su olor no me desagrada, empiezo a chuparle su concha igual como había visto en las películas, empiezo a acabar en su boca, siento como de su choro empiezan a salir chorros que me llenan la boca de un sabor un poco amargo. Termino con toda mi cara mojada. De ahí en adelante cada vez que yo quería, me acercaba a ella y le pedía que me corriera una paja o que me la chupara hasta acabar en su boca, o que se diera vuelta y me dejara metérsela. Cuando lavaba la loza, yo podía estar largo rato metiéndole mano debajo de su delantal, metiéndole los dedos por donde se me ocurriera. Lamentablemente no duro en mi casa mas que un par de meses, pero desde esa vez que encontró los papeles con semen detrás de mi cama, no paso ningún día en que no me la chupara o me corriera una paja.


lunes, 22 de julio de 2013

HISTORIA INCESTUOSA


Esta incestuosa historia comenzó más o menos hace 5 años y hasta el día de hoy no se detiene. Mi historia es con, mi querida madre, para mi es mujer espectacular. Tiene en la actualidad 57 años, apenas se le empiezan a notar algunas canas, es un poco llenita, de estatura mediana, pero déjenme decirles que lo hace quizás hasta mejor que una de 30. Lo nuestro comenzó un par de años antes que separan mi papa nunca se entero de lo que pasaba en su casa, mientras el andaba de trabajando. Nunca más e salido de casa, ya que a ellos no les molesta, yo ayudo o ayudaba con parte de los gastos a mama le servía de compañía por que papa en ocasiones salía de viajes se ausentaba por 15 o 20 días todo comenzó hace unos 7 años como mencioné.  Una tarde cualquiera, entré al cuarto de mi madre, ella tiene que haber tenido unos 53 años más o menos. Mientras ella se cortaba las uñas de los pies, (una escena para nada excitante), ella sentada en la cama, su pijama corta se le había subido y corrido, y su peludo sexo, estaba completamente expuesto. Ella estaba tan absorta en su trabajo, que no se había dado cuenta y yo no dije ni hice nada por evitarlo. Para muchos, ver a una mujer mayor, mas encima mi madre, rellenita, de mediana estatura, sin arreglarse, mas encima cortándose las uñas, no hubiese causado ningún efecto, sin embargo para mi , que desde pequeño me a gustado jugar sus piecitos olerlos besarlos y masajearse los, fue eso de jugar sus pies lo habré hecho hasta como a los 22 años casi a diario después muy de vez en cuando lo e echo pero rara la vez prosigo con mi relato eso fue un momento divino, ver esa vieja concha peluda ante mis ojos, que hasta el día de hoy recuerdo a la perfección. Permanecí el mayor tiempo que pude admirando de reojo la intimidad de mi madre expuesta, hablando de algo cotidiano, yo quería ver mas de cerca y le dije mami yo te corto las uñas y te arreglo tus piecitos a si que se recostó en la cama y termine lo que ella estaba haciendo tratando de ver mas pero sin lograrlo, partí derecho al baño y me masturbe como un quinceañero, con los ojos cerrados recordando lo vivido. Yo tenia poca vida sexual, no era una persona buena para salir mis amigos ya estaban casados o se habían era común que me encontrase con mi madre viendo televisión en las noches cierta noche no fue la excepción. Estábamos sentados frente al televisor viendo una película hasta altas horas de la noche. Era sábado, ninguno de los dos trabajaba al otro día, y afuera llovía a cantaros. Mi papa andaba de viaje y nosotros solos en casa bebiendo unos piscos para quitarnos el frío por el mal tiempo. Ninguno tenía sueño y como no trabajábamos, vimos otra película mas, casi nos acabamos la botella para esto ya eran las 3 de la mañana cuando la película termino. Nos levantamos, apagamos el televisor y nos fuimos acostar. Ambos estábamos bastante pasados en el trago. Mi madre entra a su pieza, las piezas estaban heladísimas y ella me pidió que me acostara con ella porque estaba muerta de frío y yo, con tragos de alcohol en mi cuerpo y caliente, no dude en decirle que si pero le dije que en mi cuarto que por que es mas pequeño y por lo tanto mas calientito. Yo lo hice con doble intención para estar más juntos y decirle que me acostaría del lado de sus pies para estar más cómodos y poder abrazarlos con el pretexto de calentárselos por que a ella si no se le calientan los pececitos no se le quita el frío. Nos desvestimos cada uno en su cuarto y luego nos metimos en mi cama las sabanas estaba heladísimas y de inmediato le propuse recostarme del lado de sus pies ella dijo que si mi madre se apego a mí enseguida abrace sus pies su pierna pasó se asentó sobre mi verga. Mi mente morbosa ese rico olor su textura de sus pies y mi cuerpo falta de sexo de inmediato le dieron la orden a mi verga que despertar pocos minutos, se encontraba en erecta no su totalidad. No me importo que ella la notara, era ella la que había pegado su pierna sobre mi verga y el alcohol que llevaba puesto, me hacia ser más osado. Al poco rato, mi cuerpo estaba muy caliente, mientras mi madre seguía fría, apegándose mas y mas a mí, haciéndome calentarme aun mas, mientras yo le acariciaba sus frío pies y luego sus muslos. En busca de algo más de calor me pide que me pase del otro lado la abrace por detrás. Eso hice, la abracé por detrás, dejando mi verga descaradamente apoyada entre sus grandes nalgas. Era imposible que ella no lo notara, pero no decía nada. Seguía acomodándose y echándose más atrás, hasta hacerme pensar que le estaba gustando lo que sentía entre sus nalgas. Ella también estaba pasada de copas y también necesitada de afecto, como me lo confeso más adelante. Me dijo que había sentido mi verga en su culo y que por más que lucho, su cuerpo se lo pedía y no podía evitar querer sentir mas y mas presión contra esa dura verga que la tenia loca. Fingiendo acomodarse para sentir más calor, ella se movía y yo me quedaba quieto, apegándole toda mi virilidad contra sus nalgas, hasta que comenzamos un suave movimiento que poco a poco fue en aumento. Sin decir nada, mi mano que estaba en su vientre, subió descaradamente y se poso sobre una de sus tetas. Ella, solo coloco su mano sobre la mía, acariciándomela. Aguante como dos minutos, no mas, hasta que inevitablemente se la comencé a apretar, sintiendo su pezón ponerse duro en clara respuesta que le estaba gustando. Como reacción mi verga se movió, apegándosela para que la sintiera y ella, como respuesta, su mano acarició más fuerte la mía, apretándola más contra su teta y nuestros suaves movimientos se transformaron en un descarado roce de su culo contra mi verga que ya estaba en su máxima expresión. Estábamos traspasando las fronteras de cariños entre madre e hijo, y no lo podíamos evitar, hasta que sin poderse aguantar más, se dio vuelta y nos besamos apasionadamente. Lo que paso de ahí, ni en sueños me lo hubiese imaginado. Mi madre, a sus 53 años, era un volcán de pasión contenida e hizo erupción esa noche sobre mí. Nos besábamos como desesperados y nos tocábamos por todos lados. Su mano se fue directo a mi verga y la apretó con todas sus fuerzas, masturbándome fuertemente, mientras las mías, lograron sacar una de sus tetas de su camisón de dormir, y chupársela con todas mis fuerzas. Ella gemía mientras yo no soltaba de mi boca esa gorda teta. Se montó sobre mí y me puso sus grandes tetas en la cara pidiéndome que se las chupara. Mientras mis manos le acariciaban el culo, se las chupe con todas mis fuerzas escuchando sus quejidos, sintiendo su lengua en mi oreja mas sus quejidos, causándome un placer divino. Su mano nuevamente se aferro a mi verga y bruscamente la llevo a su sexo. No costo nada para que entrara, ya que su sexo estilaba en jugos y apenas estuvo en posición, levante mi pelvis y se la metí hasta lo, mas profundo de su ser. Se la deje enterrada hasta el fondo, apretándola contra mí con todas mis fuerzas, escuchando sus quejidos al sentirse completamente llena de verga. Mi madre comenzó a moverse de una manera exquisita, subiendo y bajando , como disfrutando y sintiendo cada centímetro de la verga de su hijo, llegando hasta el comienzo, casi sacándola, lentamente , para volver enterrársela hasta el fondo una y otra vez, moviéndose de adelante hacia atrás , de lado a lado. No podía ver su rostro, ni su cuerpo, pero sus quejidos inundaron el cuarto. Culiamos como animales. Mi madre llevaba meses sin follar y por lo que después me comento, mi padre , como ambos suponíamos, tenía otra mujeres en los lugares donde viajaba y a ya descargaba sus ganas, dejándola a ella con ganas. Aparte que a la edad de mi papa, mas tantos años casado ya tampoco se le paraba tan bien como a mi y mi madre , necesitaba a gritos. Todo eso en conjunto, mas el alcohol, mas el morbo de estar culiando con su hijo, la llevo a botar esa noche todas su ganas acumuladas conmigo. Realmente ella tenía ganas acumuladas y me pedía que la follara en distintas poses. Se coloco en cuatro patas y aferrado a sus caderas se la metí con todas mis fuerzas una y otra vez, haciendo chocar mi cuerpo contra esas nalgas que amortiguaban mis embestidas. Luego en un momento, ella se apodero de mi verga y me dio la mejor mamada de mi vida. Jamás me la habían chupado con tantas ganas, metiéndose por completo a su boca, restregándola contra su cara, chupándome los huevos. Mi madre nunca fue una mujer cariñosa, y por lo mismo eso me llevo a tratarla como mujer y no como madre. Le agarraba la cabeza y se la enterraba en mi verga, la apretaba, la besaba, la chupaba. Termine montándola sobre mí y en un monstruoso 69 le chupe fuertemente todo su sexo por mucho rato, separando sus grandes nalgas y pasándole la lengua por todos lados. El tiempo pareció detenerse, nada nos importaba, solo sentir y entregar placer el uno al otro. Para que hablar del frío del cuarto, desapareció completamente. Coordinados perfectamente coloque a mi madre en todas las poses imaginables, de boca , de lado , de espalda, mi verga entre sus tetas, entre su nalgas , chupándole el culo y sorpresivamente boca arriba al mismo tiempo que la penetraba chupa y me extasiaba con sus ricos pies los chupaba mordía lamía metía sus dedos en mi boca a ella esto le excitaba mas y metía sus dedos de la mano en su ano el tiempo pasaba y pasaba y ninguno de los dos tenía ganas de parar, descubriendo otra faceta de nuestra vida, con un viaje al pecado que ya no tenía vuelta. Solo cuando, mi madre me pide que se la meta por el culo ella estando boca arriba, todo cambio. Mi resistencia se vio flaqueada, al tener a esa mujer en esa posición abierta completamente, gimiendo como loca, mientras su hijo, con su verga enterrada hasta el fondo de su ano, luchaba por no acabar, pero no fue posible. Mi leche caliente inundó el estrecho culo de mi madre, entre gritos y jadeos, botando toda la cantidad de leche que en una hora o más de estar follando se había acumulado nunca había eyaculado tanto como esa noche gracias a ella. Caímos rendidos, exhaustos, transpirados. Nuestros cuerpos bañados en sudor, nuestras bocas secas, tratando de recuperar el aliento y asimilar lo que había pasado. Una locura, solo eso decíamos. Ese fue el primer encuentro de muchos, todos ardientes, fogosos y alucinantes. Descubrimos que éramos el uno para el otro en la cama. Nos gustaba hacer de todo y culiar durante mucho rato. Las primeras semanas no dejamos de culiar ni un solo día, y varias veces en el mismo día, sin ningún tipo de remordimiento. Solo dejábamos de hacerlo cuando mi padre estaba en casa pero apenas salía, su hijo se metía en su cama y atendía a su caliente esposa necesitada de sexo. Mi padre dejo a mama ya hace 3 años y desde ese día en lugar de estar tristes lo festejamos. Ha pasado mucho tiempo, he tenido otras mujeres, pero no he formalizado nada. Hasta el día de hoy vivo en la casa de mi madre, pasando hacer su amante por años, ocultos de las miradas de la sociedad nadie como ella para hacerme feliz en el sexo y todos los aspectos.

MI MADRE EN LA DUCHA


Recuerdo que de adolescente -hoy tengo 35 años- espié a mi madre mientras se duchaba. El baño tenía una cerradura bastante amplia y recuerdo que esa tarde, al escuchar el ruido de la ducha, de puro curioso fisgoneé por ahí. No había nada tapando la abertura y podía ver las carnes de mi madre mojándose bajo el agua. La ducha no tenía cortinas. Estaba de espaldas a mí, así que me acomodé tranquilamente, afiné la vista y la observé. Su trasero era grande y se bañaba metiéndose una mano entre las nalgas. De pronto se volteó y pude ver lo que siempre quise: su sexo. Aunque en realidad solo fueron sus vellos. Negros, rizados, la verdad no muy abundantes. Pero lo suficiente para excitarme mucho. Sentí que el pene se me endurecía y lo que hice fue sacármelo y empezar a masturbarme. Sentía que todo yo temblaba mientras la observaba y fue delicioso sentir mi pene mojándose con la vista de mi madre. También observé sus tetas y todo su cuerpo mojado se mostraba bastante delicioso. En ese momento la arrechura era demasiada y me atreví a hacer algo que, aunque desesperado, hasta cierto punto no estaba fuera de lo normal, ya que en casa solo teníamos un baño:
“Mamá, necesito entrar al baño, ¿puedo pasar?”, pregunto tocando la puerta.
“¿Qué vas a hacer?”, me dice cerrando el agua de la ducha.
“Orinar”, le digo.
“¿No puedes esperar?”, dice.
“No, es urgente”, le digo.
“Ya, pues, pasa rápido”, dice.
Entonces abro la puerta, pero intento no verla de frente, solo quiero concentrarme en que debo orinar. Esta situación ahora me excita mucho más de lo que me pasó en ese momento. Mi madre desnuda en la ducha mientras yo me acercaba al inodoro, que se encuentra al lado de ella. Como dije, la ducha no tenía cortina así que no había nada que nos separara.
“Apúrate que quiero terminar de bañarme”, dice, tapándose con una mano los vellos de su sexo.
“Ok”, digo, mientras empiezo a desabrocharme el pantalón.
No me bajo solo el cierre para sacar el pene, sino que me desabrocho todo el pantalón para poder estar más cómodo. Al final, el objetivo es despertar la curiosidad de mi madre por mi sexo. Bajo el cierre y me bajo el calzoncillo. Mi pene está algo fláccido. Ella, quizás por apurarme, se coloca a mi costado. Yo no trato de ocultar nada, ni de recogerme. Solo espero a que salga el chorro. De pronto me sorprende con una pregunta.
“¿Tienes muchos pelos no?”
Yo intento responder de la manera más normal.
“Sí, ya hace un tiempo, mamá”, le respondo con impaciencia fingida. Siento que el chorro llega y empiezo a orinar. Mi madre me observa.
“Jálate bien el pellejito para que apuntes bien”, me dice. “Ustedes los hombres siempre orinan como sea”. Yo me río.
“Lo estoy jalando”, le digo, y me muevo un poco hacia su lado para que vea que lo hago bien.
“Oye, tienes bastantes pelos”, me dice, “ya estás hecho todo un hombre”.
Increíblemente acerca su mano algo húmeda y me rasca sobre el pubis. Yo trato de actuar como si todo fuese normal.
“Una curiosidad, mamá. ¿A ti a que edad te salieron los pelos?”, le pregunto, observando su sexo.
Ella se sonroja un poco, intenta tapárselo con una mano, pero al final se da cuenta que no tiene sentido.
“No sé, a los once o doce. Se empieza con una pelusita, y termina así”, me dice, apuntando con sus dedos sus vellos. Yo termino de orinar, pero no guardo mi pene aún.
“Sí, tienes mucho vello”, digo, y no dejo de observarla detenidamente. De pronto siento una correntada de electricidad por mi cuerpo. Es lo que siento cuando el pene comienza a pararse.
“Se te está parando”, me dice mi madre sonriendo.
“Perdóname, es por verte desnuda”, respondo cogiendo mi pene ya bastante erecto y acariciándolo inadvertidamente en la punta.
“No te preocupes, es normal. No tiene nada de malo vernos desnudos. ¿Ya te limpiaste? Después de orinar hay que limpiarse”, dice.
Cojo un poco de papel higiénico y comienzo a sobarlo en la punta de mi pene. Se siente bien y cada vez me excito más. Algunos pedazos diminutos de papel se quedan en la punta. Mi mamá se da cuenta que el pene me crece un poco más.
“Se siente rico, ¿no?”, me pregunta.
“La verdad, sí”, le digo.
“La punta es muy sensible”, me dice. “Oye, se han quedado algunos pedazos de papel en la punta”.
Alarga nuevamente su mano y suavemente con sus dedos empieza a limpiar la punta de mi pene. Se siente delicioso. La erección ahora es bastante visible.
“¿Te masturbas?”, me pregunta.
“Sí, claro”, le digo. Esta vez tomo todo el tronco del pene con una mano y comienzo a subir y bajar la piel.
“Oye, ¡pero no te empieces a masturbar ahora!”, me dice.
“Pero, mamá, es que tengo muchas ganas”, respondo.
“Ja, eres un atrevido. Pero, bueno, tengo que terminarme de duchar. ¿Por qué no haces eso en tu cuarto mejor?”, me dice.

Mi mamá abre la ducha nuevamente y comienza a enjuagarse el jabón restante que queda sobre su cuerpo. Pasa las manos sobre sus senos, se frota un poco los pezones y luego se enjuaga entre las nalgas y un poco entre su sexo. Yo la miro medio deslumbrado pensando que mi madre tiene algo de exhibicionista y que, de algún modo, disfruta que la observe. Igual siento que debo obedecerla así que acomodo mi pene nuevamente dentro de la ropa interior y me abrocho el pantalón. Luego salgo del baño no sin antes darle una última mirada a su cuerpo bajo el agua. Cuando voy a mi cuarto me acomodo sobre la cama y empiezo a masturbarme recordando cada instante y detalle de la escena.