domingo, 28 de octubre de 2012

PACTO DE SILENCIO

Ese era el gran día. Mi hijo me visitaría después de un viaje de seis largos meses. Hoy nos íbamos a entregar al pecado del incesto, a poseer, a devorar, a cruzar ese límite que nos había contenido por tanto tiempo. Me vestí para él, pensando en él, el solo roce de la ropa interior en mis pezones era una tortura. No podría aguantar mucho así. Mirándome al espejo me invadían las dudas, pero también una excitación acumulada por años, desde que él se convirtió en un hombre, desde aquella ocasión en que mientras nos bañábamos juntos como siempre vi su primera erección. No quería pensar, si venía a mí sería porque quería estar conmigo y también me deseaba quizás desde cuando. Estaríamos juntos sin reservas completamente entregados sin pensar en nada más. La única regla acordada era el silencio absoluto, no deberíamos decirnos nada, solo sentir. Había elegido mi ropa con mucho cuidado, quería estar espectacular. Sabía lo que le gustaba y se lo iba a dar. Un sujetador negro de copa baja que dejaba ver la parte superior de mis senos, esa parte suave, blanda, que tiembla un poco al caminar. Liguero negro ajustado a mi cintura, sujetando unas medias de seda negra que suben hasta mi muslo, para terminar en un encaje negro, y unas bragas pequeñísimas que hacían juego con el sujetador, que deja ver mi trasero casi completo. Eso sería todo. Quería sorprenderlo, dejarle sin aliento y esperaba conseguirlo. Me puse mi perfume en los sitios que deseaba que él besara; mi cuello, el valle entre mis senos, detrás de mis rodillas y solo de pensarlo me humedecía completamente. Se acercaba la hora, debía ir hacia él. Me puse mis zapatos negros tacón de aguja y nada más, me di una última mirada al espejo esperé su llegada. Llegó a la hora que me había dicho. Yo sabía que parecía ansiosa, pero no me importaba. Estaba totalmente excitada y quería tenerlo ya. Recordaba en mi cabeza cada palabra que me había dicho durante este tiempo que habíamos estado escribiéndonos, avanzando lenta y sutilmente en nuestras fantasías incestuosas hasta confesarnos mutuamente nuestros deseos por el otro, y ahora quería realizar nuestras fantasías. No era la única ansiosa, mi hijo ya estaba allí y su cara me decía que nuestro deseo era el mismo y nuestra necesidad enorme, de manera que no perdimos tiempo nos acercamos el uno al otro y nos besamos. Fue el beso que nos habíamos descrito. Recorría mis labios con los suyos y los mojaba con su lengua, abría su boca y cogía mi labio inferior entre los suyos, para volver a cerrarla y cambiar el ángulo. Yo ardía dentro de mí, y aprovechaba cualquier ocasión para acariciar su lengua con la mía. Me apretaba contra él con fuerza y podía notar su necesidad, su erección que me quemaba a través de la ropa. Verle la cara fue indescriptible: deseo, pasión, fuego. Se acercó a mí y me agarró entre sus brazos mientras devoraba mi boca en un beso feroz. Era tan grande su ansiedad que sin darse cuenta me había levantado del suelo y me apretaba fuerte contra su pecho. Yo esta en la gloria. Me dejó resbalar por su cuerpo hasta que mis pies tocaron el suelo, y bajó sus manos a mis nalgas, apretándolas y clavándome su dura erección en mi vientre. Mientras sus manos ansiosas se abrían camino desde mi trasero hasta mi sexo, separando mis labios para introducir sus dedos dentro de mí. Yo no podía respirar, de repente me sobrevino un orgasmo rápido y potente y grité su nombre, dentro de su boca. Pero quería más, mucho más. Lo quería a él dentro de mí, empujando con fuerza. Como si hubiera leído mi pensamiento me llevó a la cama y sin dejar de besarme me dejó encima, con cuidado, y poco a poco se fue separando, hasta quedar de pie delante de mí. Cuando llevó sus manos a la camisa creí que me iba a derretir. Los botones se fueron soltando y la camisa se iba abriendo dejando al descubierto su torso. Terminó de quitársela y la tiró al suelo, y sin dejar de mirarme a los ojos, llevó sus manos a la cintura de sus pantalones. Yo no puede resistirme y gateando por la cama me acerqué a él, bajé su cremallera y descubrí su sexo erecto, caliente y duro. Lo cogí con mis manos para acariciarlo, era tan suave, deslizaba las yemas de mis dedos por toda su longitud, mientras escuchaba su respiración entrecortada. Esa verga erecta me tenía hipnotizada, solo pensaba en probarla, saborearla a placer y así lo hice: bajé mi cabeza y besé la punta con los labios, casi sin tocarla, aspirando su aroma, disfrutando del momento, pasando mi lengua por su abertura. Pero él no podía esperar y tomándome de la cabeza empezó a empujar como si estuviera dentro de mi sexo, entrando y saliendo de mi boca. La sensación era asombrosa, un placer inmenso empezó a extenderse por mi cuerpo para concentrarse en mi sexo, dejándome empapada, resbalando por mis muslos los jugos de mi cuerpo. Cuando ya creía que estallaría en mi boca, me separó me besó profundamente recorriendo mi boca con su lengua, y firme pero delicadamente me dio la vuelta y así, apoyándome en mis manos y mis rodillas, entró en mi de un solo golpe, casi provocándome dolor, tan profunda fue la penetración. Sabiendo su tamaño esperó quieto hasta que me acostumbré a tenerlo tan profundamente dentro de mí y entonces mientras con una mano acariciaba mi clítoris, empezó a mover sus caderas. Sacaba su sexo casi hasta la punta para volver a meterlo de un golpe seco, provocando un roce exquisito y llevándome con cada golpe hacia un placer inmenso. Así consiguió mantenerse un buen rato provocándome dos orgasmos más, pero yo no tenía bastante, mi cuerpo me decía que había algo más, algo mucho más fuerte y así fue. Empecé a notar su respiración forzada, sus gemidos se hicieron más fuertes y aceleró el ritmo, cada vez más deprisa, hasta que con un último golpe estalló dentro de mí y de esa manera me catapultó a un placer exorbitante, a un orgasmo increíble que parecía no acabar nunca. Cuando terminaron los temblores me ayudó a recostarme en la cama, me dio el beso más dulce que me habían dado en mi vida y sin decir palabra salió del cuatro. Tampoco dije nada, era nuestro acuerdo. Escuché como cerraba la puerta al irse de casa otra vez. No sabía si iba a volver ni si volveríamos a pecar, pero ya nada me importaba, habíamos cruzado el terrible límite que nos había impuesto la naturaleza por más de dos décadas.


lunes, 30 de julio de 2012

EN SILENCIO

La cocina del departamento no esa muy grande y nos sentamos del mismo lado, muy juntos. Mientras hablábamos de su viaje de estudios de tres meses yo veía que su mirada se deslizaba descuidadamente por mi cuerpo, observando mis piernas casi descubiertas y el triángulo negro de mis bragas. Mis senos también podían adivinarse nítidos debajo de mi corta camisola muy transparente. El se levantó para buscar un vaso con agua y descubrí que se hallaba excitado enormemente; debajo de su pijama se notaba el bulto de la erección que estaba teniendo. Fue ese descubrimiento lo que despertó salvajemente mis deseos de mujer madura y sola con una libido en plena efervescencia, y cuando él se volvió a sentar en la mesa yo me acerqué a su lado con el justificativo de servirle otro café. Pero mientras lo hacía apoyé descuidadamente mi cuerpo contra su brazo. Yo pude adivinar su temblor de macho caliente, excitándose antes de sentirlo sobre la piel de mi pierna. Yo sabia como excitar un hombre para luego guiarlo hacia mis propios placeres. Cuando él se levanto de su silla, yo estaba ya sentada de nuevo en la mía y en el momento que se aproximó para despedirse porque pensaba ir a acostarse, yo le sonreí y él se acercó para darme un beso en mi frente como lo hacía siempre. Pero allí su actitud cambió, tomó lentamente mi cabeza con sus dos manos y apoyó sus labios en mi frente, muy lentamente, como si buscara prolongar el tiempo de ese beso inocente. Mis ojos estaban justo a la altura de su bragueta y yo observé ese bulto que le se le había formado debajo del delgado pijama, mientras sentía la tibieza de sus labios sobre mi frente. Más observaba ese bulto y más me atraía, todo mi cuerpo se ponía en alerta y mis sentidos se inflamaban cada vez más, mi cuerpo ya estaba invadido por el deseo de ser poseída. Yo apoyé mis dos manos contra sus caderas y así nos quedamos un instante, mi rostro a la altura de su falo en erección porque él ya no trataba de ocultarlo y tampoco podía evitarlo. Pero devorar su sexo con mis ojos no me bastaba y sin pensarlo desplacé mi mano hasta su bragueta para acariciarlo por encima del pijama. Su respiración se agitó de golpe y le desanudé el cordón que sostenía su pantalón que cayó entre sus piernas. El no tenía slip y su miembro quedó frente mío erguido y poderoso; y lo tomé entre mi mano. El es un hombre delgado, alto y tenía un pene blanco, fino, largo, rosado y bien hinchado, con un par de venas que se estiraban a lo largo hasta llegar al glande en forma de corazón. Comencé lentamente a masturbarlo de arriba hacia abajo, mientras con mi otra mano le acariciaba sus grandes testículos. Luego lo metí en mi boca porque quería sentir la piel tibia y dulce de su glande sobre mi lengua. Esa glande golpeaba mi laringe en el fondo de mi garganta y me cortaba la respiración, lo que me excitaba aún más. Me gusta tanto el sexo del hombre que hasta podía tener orgasmos con solo chuparlos. Yo lo succioné varias veces y a cada vez el vértigo del deseo de ser poseída carnalmente en ese mismo lugar me invadía completamente. Entonces me paré y me desnudé totalmente, dejando mi camisola y mi bombacha sobre la silla donde yo misma había estado sentada; luego me senté sobre la mesa dejando mis piernas abiertas como una tenaza que va a cerrarse sobre su cintura y mostrándole toda mi vulva lo invité a penetrarme. Y él me penetró. Me penetró con fuerza aprovechando la cantidad de flujo que emanaba de mi vagina, empujando su sexo hasta el fondo como si quisiera meter también sus testículos adentro mío y se puso a bombear, cada vez con más fuerza, con más ahínco. El exceso de placer me cortaba la respiración y ningún sonido salía de mi garganta. De pronto se detuvo, sacó su verga de mi sexo y me corrió más atrás de la mesa. En esa posición media sentada media acostada, él agarró mis dos tetas con cada una de sus manos y las apretó como si fueran naranjas que quería exprimir; yo sentía sus uñas que se clavaban alrededor de mis senos y esa brusquedad repentina casi me lleva al orgasmo; luego besó mi vientre y fue descendiendo su boca hasta llegar a mi vagina que se puso a lamer y chupar desordenadamente, y cuando sus dientes apretaron mi clítoris inflamado pegué un grito y mi orgasmo reventó salvaje. Con su mano comenzó acariciar los vellos de mi vagina hasta que sentí que uno de sus dedos penetraba abriéndose paso entre mis labios vaginales totalmente mojados por mi reciente orgasmo. Enseguida metió dos dedos juntos como para palpar la dilatación de mi vulva. Yo estaba ya a punto de explotar de nuevo como un volcán, pero mi orgasmo recién saltó, sacudiéndome entera, cuando él pasó su mano por la línea de mi cola y su dedo mojado con mi propia segregación entró por mi ano. Yo me sostuve contra la pared, apoyándome sobre mis codos porque él venia de subirme los pies sobre sus hombros aumentando la visión de mi culo. Allí apoyó su sexo como si se preparara para introducirlo, pero no lo hacia y yo sentía su verga dura en la puerta de mi cola sin penetrarla y eso me obsesionaba. Entonces abrí el ano relajando todos mis músculos para que su miembro venoso entrara de una vez por toda. Súbitamente lo hizo de un solo golpe, con fuerza y con violencia. Yo sentí el dolor de mis tejidos que se desgarraban y sentí esa estaca de carne que entró abriéndose camino hasta que sus testículos golpearon mis nalgas. El dolor se transformó en placer y corrió por mi cuerpo hasta mis riñones, fue en ese instante que comenzó a bombear con fuerza agarrándose de mis senos con sus manos como dos tenazas que cerraban. De esa manera me culeó, penetrando su verga cada vez hasta el fondo, golpeando sus testículos cada vez contra mis nalgas. Luego hizo lo mismo en mi vagina, pero rápido volvía a mi ano que parecía atraerlo más. Repetía ese cambio de orificio como si no se decidiera por ninguno de los dos y mi culo recibía su enorme miembro con igual facilidad que mi vagina. Nunca a mi ano lo había sentido así bien, reaccionaba distendiéndose y contrayéndose en cada penetración. Cuando el glande atravesaba el cuello de mi ano, yo lo cerraba para aprisionarlo con fuerza obligándolo a empujar su sexo con mayor potencia; fue hasta que él eyaculó salvajemente al interior de mi tripa como si fuera un enema de esperma, un enema de placer liquido y caliente escurrió en el interior de mi útero. Después se retiro unos centímetros y, metiendo su boca entre mis nalgas, fue limpiando mi ano y mi vulva. Su lengua penetraba por momentos en mi vagina con pequeñas oleadas de placer, otras veces mordisqueaba mi clítoris con dulzura y a cada vez era una descarga eléctrica que sentía mi cuerpo. Si él hubiera continuado unos minutos más, yo hubiera podido tener otro orgasmo. Pero se separó de mí, se puso el pantalón del pijama y me dijo "hasta mañana mama, que duermas bien", exactamente como lo decía desde que era un niño antes de irse a su cama, justo antes de salir de la cocina, se dio vuelta y dijo: "Creo que es mejor que ambos nos olvidemos de lo pasó ahora". Yo asentí en silencio bajando los ojos. Esa noche dormí con un sueño profundo y reposado, sintiendo al interior de mi cuerpo el denso semen escurriendo en el interior de mis tripas. Al día siguiente, me di un baño y me vestí, y cuando fui al comedor mi hijo ya estaba preparando el desayuno como siempre lo hacía desde que su padre nos abandonó.

domingo, 1 de julio de 2012

DECISION

Luego de un rato en que recuperó la razón, aunque igual sentía latir su corazón aceleradamente, repasó en su mente lo que había hecho y sus mejillas se ruborizaron, se sentía avergonzada, vulgar, sucia, pero también excitada. Volvía a ver en su mente otra vez ese miembro erecto, potente, erguido como un mástil orgulloso, veía su piel oscura, el glande violáceo, brillante por la intensa erección, volvía a sentir en sus dedos pecadores la sensación del tacto de la verga, esa mezcla de dureza y suavidad a la vez. Quiso imaginar como sería tomarlo con toda la mano, sentir esa musculatura vertical latiendo como un animal vivo y penetrante. Y más aun, sentir esa verga portentosa hundiéndose en su sexo, abriendo su vagina como en una nueva desfloración, pero esta vez con dolor y placer, y sintió que su vulva se apretaba ante esa imagen voluptuosa, y su mano se movió hacia su pubis como si fuera independiente de su voluntad, y su dedo tocó su clítoris y lo encontró erguido, sensible, y suavemente inicio un masaje en breves círculos y contuvo un quejido de placer, y cerró los ojos y se dejó llevar por sus deseos contenidos de muchos años, y su dedo siguió masturbándola mas rápido, después frenéticamente, violentamente, y de pronto sintió que su cuerpo entero se estremecía, sintió que se hundía en un abismo sin fondo, sintió el sudor en su frente y sus fluidos vaginales escurriendo de su  vulva, y sintió el orgasmo inminente y gritó, y entonces le vino el orgasmo como un temblor que la quebraba en pedazos y un fuego que ardía dentro y fuera de ella y la quemaba hasta las cenizas y volvió a gritar mientras se retorcía de un placer desconocido e intenso, y después de unos instantes de goce supremo, se quedó quieta, detenida en el tiempo, como dormida, hasta que fue recobrando la respiración y la calma, y mientras salía de ese túnel voluptuoso pensó en el negro y en su verga erecta y solo recién vino a darse cuenta de que él se había hecho el dormido cuando ella lo tocó, y en vez de avergonzarse sonrió, y en ese momento supo que esa locura no se detendría hasta que ella, la muy dama y señora sedujera a ese negro vergón y se entregara a esos deseos sucios y depravados, supo que era esa la única salida a la trampa sexual donde estaba atrapada. Supo que todo de ahora en adelante sería inevitable.


INDECISA


Soy viuda de 62 años, y hasta hace unos meses viví con mi hijo divorciado, que ya tiene ya más de 30 años, él trabaja en otra ciudad y me visitaba en sus días de descanso. En la práctica vivía muy sola y eso me estaba afectando física y sicológicamente. Durante las vacaciones pasadas conversamos mucho con mi hijo, tranquilos y con toda confianza, y él me aconsejó que lo mejor para mi era buscar a alguien para no vivir sola, pues él se iría de casa porque también necesita una pareja para rehacer su vida, cuento corto; inicie una relación con un antiguo amigo de mi familia, también viudo, mas de 10 años mayor que yo, tiene 73 años, se llama Rubén y siempre me miraba desde jovencita, y varias veces intentó seducirme, incluso cuando yo estaba casada y él también. Después cuando quedé viuda él apareció por acá durante un tiempo y volvió a intentar algo conmigo. Pero yo le dije que pensaba vivir sola el resto de mi vida. Así que ahora lo busqué y comenzamos un idilio que nos llevó a que se viniera a vivir conmigo. Nos llevamos muy bien, él es muy tranquilo y simpático, sexualmente eso sí le cuesta mucho la erección a pesar de que toma Viagra, pero yo lo comprendo y lo ayudo..., el único defecto que tiene es que es muy pero muy celoso, me acompaña hasta cuando voy a comprar. Como es jubilado esta siempre en la casa. Esta falta de libertad a veces me hace sentir algo arrepentida de haber aceptado esta relación, además de lo sexual, ya que por su edad ya no puede darme todo lo necesito y siempre me deja con ganas, lo hacemos una vez a la semana y nada más aunque yo trato de excitarlo... ya le cuesta mucho que se le erecte aunque tome Viagra. Pues bien, resulta que el viernes antepasado en la tarde llegó mi hijo, venía con sus siete días de descanso, y como celebramos el cumpleaños de Rubén, esa noche se quedó a dormir acá en su dormitorio. Bueno, esa noche Rubén había tomado varios tragos y estaba caliente, así que comenzamos a culpar, estábamos solo la luz de la tv, y cuando yo estaba acostada desnuda encima de la cama y Rubén me estaba haciendo sexo oral sentí un leve ruido y miré hacia la puerta que queda frente a la cama y vi que se abría un poco muy despacio, me di cuenta de inmediato que era mi hijo que nos espiaba, eso me calentó mucho por supuesto, y culié con mi pareja muy caliente, hasta que lo hice acabara mamándole la verga porque no se le erectó lo bastante para penetrarme, igual él me hizo acabar masturbándome con su dedo en mi clítoris. El otro día mi hijo dijo que se iba a quedar más días en casa porque en el departamento se sentía muy solo. Yo no le dije nada de que nos había espiado, y pensé que se quedaba acá para seguir haciéndolo. Ese día en la noche le dije a Rubén que había quedado caliente de la noche anterior y que necesitaba sexo, y dejé sin que se diera cuenta un poquito entreabierta la puerta del dormitorio, pero muy poco para darme cuenta si mi hijo la abría para espiarnos, y también dejé encendida la luz de la mesita de noche. Tal como pensé, al poco rato la puerta se abrió un tanto más. Yo culié muy caliente otra vez, y poniéndome en poses de manera que mi hijo viera muy bien como culiaba su madre. El domingo salimos los tres a comer afuera y lo pasamos muy bien. Noté que mi hijo y Rubén se llevaban muy bien, incluso se echaban bromas en doble sentido, y eso me encantó. Volvimos a casa como a las cuatro de la tarde, y como yo venía algo mareada por el vino que había bebido, me fui a dormir una siesta, y ellos se quedaron en al sala conversando. Yo había dormido una media hora solamente cuando se puso a llover muy fuerte y me desperté por el ruido de la lluvia en el bacón pues había una ventana abierta, me levanté a cerrarla y después me dieron ganas de orinar, así me dirigí al baño. Al pasar por la puerta del dormitorio de mi hijo escuché voces, como vi la puerta entreabierta me iba a asomé para ver que hacía ahí los dos, lo primero que pensé es que estaban viendo algún video, quizás porno, como estaba la puerta algo abierta miré antes de abrirla y ahí casi me desmayo con lo que vi. Ay niño mío, mi hijo estaba sentado en su cama, con la bragueta abierta y con toda su verga erecta afuera, y Rubén hincado ante él se la tenía tomada con una mano mientras se la lamía y le chupaba el glande…!, mi hijo tenía los ojos cerrados y se quejaba de gusto despacito. Me quedé paralizada sin saber que hacer, si irme a mi dormitorio sin más, quedarme espiándolos y gozar lo que veía, o entrar; para participar en un trío familiar o para decirle que eran unos degenerados que abusaban de mi confianza y enojarme con ambos. Lo pensé por unos momentos y opté por seguir mirando esa escena tan excitante a pesar de todo lo que significaba para mí. Más lo hice por la curiosidad de saber si mi hijo le haría lo mismo a mi pareja, aunque me fijé que Rubén no tenia su miembro afuera ni se estaba tocando. Al poco rato mi hijo eyaculó en la boca de Rubén y se tiró hacía atrás en la cama. Mi pareja se limpió la boca con el pañuelo y le limpió el pene a mi hijo acariciándoselo un rato, luego el mismo se lo guardó y corrió el cierre de la bragueta. Luego se sentó a lado de mi hijo en la cama y se pusieron a conversar echándose bromas como si nada hubiera pasado. Por todo esto deduje que era Rubén el que había seducido a mi hijo, que seguramente estaba caliente por habernos espiado las noches anteriores. Esa noche no le dije nada a Rubén, ni tampoco le dije nada a mi hijo al otro día antes que se fuera a su departamento. Ya hace ya una semana de esto y aun estoy completamente desorientada y no sé que hacer al respecto. No he  vuelto a tener relaciones con mi pareja, por que aun no decido si decirle que se vaya, y aunque he hablé una vez con mi hijo por teléfono tanto él como yo conversado solo de un asunto de tramites y nada más. No sé si contarles a los dos lo que vi y ver como reaccionan, o guardarme todo y seguir como si nada. Me da miedo de cómo termine esto, no sé, si acepto la situación quizás terminemos culiando los tres juntos, o si me enojo y Rubén se va, me quedaré sola otra vez.

miércoles, 9 de mayo de 2012

CON MI MADRE EN LA DUCHA

Recuerdo que de adolescente, hoy tengo 35 años, espié a mi madre mientras se duchaba. El baño tenía una cerradura con el ojo de la llave bastante amplio y recuerdo que esa tarde, al escuchar el ruido de la ducha, de puro curioso me acerqué a mirar por ahí. No había nada tapando la abertura y podía ver las carnes de mi madre mojándose bajo el agua. El baño era pequeño y la ducha era de pie y no tenía cortinas. Estaba de espaldas a mí, así que me acomodé tranquilamente, afiné la vista y la observé. Su trasero era grande y se bañaba metiéndose una mano entre las nalgas. De pronto se volteó y pude ver lo que siempre quise: su sexo. Aunque en realidad solo fueron sus vellos. Negros, rizados, la verdad no muy abundantes, como ralos. Pero lo suficiente para excitarme mucho. Sentí que el pene se me endurecía y lo que hice fue sacármelo y empezar a masturbarme ahí mismo. Sentía que todo yo temblaba mientras la observaba y fue delicioso sentir mi miembro erecto con la vista de mi madre. También observé sus tetas y todo su cuerpo mojado se mostraba bastante delicioso. En ese momento la calentura era demasiada y me atreví a hacer algo que, aunque desesperado, hasta cierto punto no estaba fuera de lo normal, ya que en casa solo teníamos un baño: “Mamá, necesito entrar al baño, ¿puedo pasar?”, pregunté tocando la puerta. “¿Qué vas a hacer?”, me dijo cerrando el agua de la ducha. “Orinar”, le dije. “¿No puedes esperar?”, dice. “No, es urgente”, le digo. “Ya, pues, pasa rápido”, dice. Entonces abro la puerta, pero intento no verla de frente, solo quiero concentrarme en que debo orinar. Esta situación ahora me excita mucho más de lo que me pasó en ese momento. Mi madre desnuda en la ducha tratando de taparse con sus manos el sexo y sus pechos, mientras yo me acercaba al inodoro, que se encuentra casi al lado de ella. Como dije, la ducha no tenía cortina así que no había nada que nos separara. “Apúrate que quiero terminar de bañarme”, dice, de reojo veo su mano tapándose los vellos de su sexo. “Sí mamá”, digo, mientras empiezo a desabrocharme el pantalón. No me bajo solo el cierre para sacar el pene, sino que me desabrocho todo el pantalón para poder estar más cómodo. Al final, el objetivo es despertar la curiosidad de mi madre por mi sexo. Bajo el cierre y me bajo el calzoncillo. Mi pene está algo fláccido. Ella, quizás por apurarme, se coloca a mi costado. Yo no trato de ocultar nada, ni de recogerme. Solo espero a que salga el chorro. De pronto me sorprende con una pregunta. “¿Tienes muchos pelos no?” Yo intento responder de la manera más normal. “Sí, ya hace un tiempo, mamá”, le respondo con impaciencia fingida. Siento que el chorro llega y empiezo a orinar. Mi madre me observa. “Recógete bien el pellejito para que apuntes bien”, me dice medio riendo. “Ustedes los hombres siempre orinan como sea y dejan mojado el piso”. Yo me río. “Lo estoy recogiendo”, le digo, y me muevo un poco hacia su lado para que vea que lo hago bien. “Oye, tienes bastantes pelos”, me dice, “y uau! ya estás hecho todo un hombre”. Increíblemente acerca su mano algo húmeda y me da unos rasquidos sobre el pubis. Yo trato de actuar como si todo fuese normal. “Una curiosidad, mamá. ¿A ti a que edad te salieron los pelos?”, le pregunto, observando su sexo. Ella se sonroja un poco, intenta tapárselo con una mano, pero al final se da cuenta que no tiene sentido. “No sé, a los once o doce. Se empieza con una pelusita, y termina así”, me dice, apuntando con sus dedos sus vellos. Yo termino de orinar, pero no guardo mi pene aún. “Sí, tienes mucho vello”, digo, y no dejo de observarla detenidamente. De pronto siento un estremecimiento por mi cuerpo. Es lo que siento cuando el pene comienza a pararse. “Se te está parando”, me dice mi madre sonriendo. “Perdóname, es por verte desnuda”, respondo cogiendo mi pene ya bastante erecto y acariciándolo inadvertidamente en el glande. “No te preocupes, es normal. No tiene nada de malo vernos desnudos. ¿Ya te limpiaste? Después de orinar hay que limpiarse”, dice. Cojo un poco de papel higiénico y comienzo a sobarlo en la punta de mi pene. Se siente bien y cada vez me excito más. Algunos pedazos diminutos de papel se quedan en la punta. Mi mamá se da cuenta que el pene me crece un poco más. “Se siente rico, ¿no?”, me pregunta. “La verdad, sí”, le digo. “La punta es muy sensible”, me dice. “Oye, se han quedado algunos pedazos de papel en la punta”. Alarga nuevamente su mano y suavemente con sus dedos empieza a limpiar la punta de mi pene. Se siente delicioso. La erección ahora es bastante visible. “¿Te masturbas?”, me pregunta. “Sí, claro”, le digo. Esta vez tomo todo el tronco del pene con una mano y comienzo a subir y bajar la piel. “Oye, ¡pero no te empieces a masturbar ahora!”, me dice. “Pero, mamá, es que tengo muchas ganas”, respondo. “Ja, eres un atrevido. Pero, bueno, tengo que terminarme de duchar. ¿Por qué no haces eso en tu cuarto mejor?”, me dice. Mi mamá abre la ducha nuevamente y comienza a enjuagarse el jabón restante que queda sobre su cuerpo. Pasa las manos sobre sus senos, se frota un poco los pezones y luego se enjuaga entre las nalgas y un poco entre su sexo. Yo la miro medio deslumbrado pensando que mi madre tiene algo de exhibicionista y que, de algún modo, disfruta que la observe. Igual siento que debo obedecerla así que acomodo mi pene nuevamente dentro de la ropa interior y me abrocho el pantalón. Luego salgo del baño no sin antes darle una última mirada a su cuerpo bajo el agua. Cuando voy a mi cuarto me acomodo sobre la cama y empiezo a masturbarme recordando toda la escena.


MONOLOGO EDIPICO

Ay!! hijo, me estoy vistiendo, no entres…!, hijooo!!, sale de aquí!, no ves que estoy desnuda!!...,  pero que haces?, vete! ay hijo, porque andas con puro slip?, como se te ocurre, andas casi desnudo, soy tu madre debes respetarme….!, hijo, nooo!!, aléjate que me asustas…, porque tienes esa cara?, hijooo nooo!, basta suéltame la mano!, suelta! nooo por favor mi bebe, déjame…!, ay para que me pones la mano encima de tu pene! suéltame! ay hijo, nooo… mira como tienes tu miembro… lo siento muy erecto, hijo!! esto no está bien, soy tu mamá…, por favor vete ya?, si te vas ahora olvidare todo esto, te lo prometo!, hijooo por favor… no me hagas esto, no debes!, tu sabe que desde que quedé sola no he tenido una pareja y… ay hijo! que digo!!, déjame, suéltame la mano que… ayy hijitoo… siento tu miembro muy duro y grande… hijooo nooo… suelta!!, nooo no te bajes el slip!!! hijooo mira esa cosa como la tienes, uyyy!! tan parada… tan… ayyy nooo… suéltame la manooo, por favor hijo… respétame!!! soy tu madre carajo…!!! ayyy te siento tan duro hijito ayyy… no sé porque haces esto… que quieres?, estas loco hijo?... no sé…, uyyy no me muevas la meno! nooo, pero que haces!!! loco!! hijo nooo… dime que quieres… ay hijo acaso… quieres que te masturbe??!!, no hijo, soy tu madre no debemos… uyyy… me tienes tan excitada que… ufff nooo…, hijo… de verdad quieres eso? quieres que mamita te pajee?, eso deseas hijito loco?, uyyy siento como te late tu verga hijo… esto es una locura! pero hijo, esto no deberíamos… yo no sé… ay! siii hijo… sí, ya sé lo que quieres que te haga… pero será nuestro secreto ya? prométeme que nunca se lo contaras a nadie, si?, bien, sí, confió en ti mijito…, a ver, ya, suéltame la mano, te lo haré a mi manera… ya?, mira.. así… primero suave solo con dos dedos… asiii.. asiii… te gusta?, mmmm… goloso, asiii… uyyy… que rico siento tu pico hijito… mmmm… asiii… lo gozas? dime.. biennn… ahora con toda la mano… asiii… mmmm… asiii… te gusta??? dímelooo hijito, te gusta…, lo gozas mi niño cochino?... rico??? dímelo… que estoy ayyy muyyy caliente… ay hijo!! asiii te gusta??? mmm… esooo! cierra los ojitos… deja que tu mamita te haga cositas ricas… asiii… ufff, me encanta!!... asiii… siento tu pichula dura en mi manoooo ayyyy es ricooo… ya?? ya vas a gozar? si?? quieres mas rápido… asiii, uyyy asiiii… y que te apriete más tu verga ricaaa?, así… asiii? más? maaas… asiii, ya hijitoo yaaaa suelta la lechecita, dámela!!! dámelaaaa!!! Esooo… siii, esooo asiiiii… toda!! dámela toda, que chorree por mi manooo… asiii! uyyy ricooo… esooo… toda… mmmm asiii hasta la ultima gotita de tu leche para tu mamitaaa… uyyy riiicooo…riiicooo… … … hijito mío, te gusto lo que te hizo tu mamita?, si? que bien…, recuerda que es un secreto entre los dos, ya? nadie debe saberlo nunca, nunca… ay hijo mío… de mi corazón, ahora vete de aquí!... nooo déjame! no sé porque estoy llorando… déjame… es que… no sé… no es nada… es que hacía tanto tiempo que no sentía un hombre… ay! hijo sale!, déjame sola por favor, estaré bien… sí, estoy bien, no te preocupes… ya! vete…!


miércoles, 9 de noviembre de 2011

EL RETORNO DE MI HIJO

(Continuación de INCESTO EN EL PARAISO)

Pero no fue así, pasaron de casi dos años sin volver a nuestros juegos, y nunca volvimos a hablar de esa etapa de nuestras vidas. En el íntertanto él se caso y no volví a verlo por varios meses, hasta que un día mi hijo llegó de sorpresa a mi departamento buscando el cobijo de su madre. Me dijo que venia por asuntos de trabajo por unos quince días. Yo de inmediato lo noté algo huraño y poco comunicativo, como si algo le preocupara. Salía temprano en la mañana y volvía al anochecer. Lo observaba en la cena que era el momento en que estábamos juntos y tranquilos. Mi hijo me miraba, yo lo miraba, un intercambio de miradas que exacerbaba mi curiosidad. No entendía qué le pasaba a mi hijo. Siempre tan jovial y tan hablador y ahora... Y fue una tarde, después de cenar, que mi hijo me tomó de los hombros y me dijo:

- Mamá, mamá, por favor... ayúdame.

- ¿Qué te ocurre hijo?... ¿En que quieres que te ayude?

- Mamá... escúchame. He decidido divorciarme… ¿sabes?

- Ay hijo, que pena…, llevas tan poco tiempo casado…, por supuesto que haré todo lo posible para que superes la separación…

Mi hijo me tomó de los brazos, parecía agobiado, angustiado... no hablaba bien y me miraba fijamente a los ojos como esperando mi comprensión.

- Mamá, tú eres lo único que me queda... estoy muy dolido, quiero que me ayudes. No sé como decírtelo.

- Relájate hijo, cuéntamelo, estoy dispuesta a escucharte…

- Pues mira mamá... resulta que me enteré que mi esposa en una fiesta del trabajo de ella se acostó con otro hombre…

- ¡Nooo! ¿Qué me dices hijo?... ¿Cómo lo has sabido?

- Me lo han contado mamá, me lo ha dicho alguien de mucha confianza... me lo contó con mucho detalle para que sea falso.

- Bueno hijo, tranquilízate, aunque sea cierto no creo que sea para tanto.

- Sí Mamá, sí... me ha afectado muchísimo. Cuando me acuesto con ella ya no siento deseos sexuales, porque me viene a la mente todo lo que me han contado, sólo me quedas tú. Quiero que me comprendas y me perdones por mi alejamiento, lo hice para no seguir acosándote… quiero volver a lo nuestro, seguir jugando contigo mamá...

- Hijo, me asustas!!!

- Es que nunca te he dicho lo que significas para mi, y te lo voy a decir ahora, desde antes que me casara no hemos vuelto a estar juntos, y desde entonces sueño contigo... hay días que me despierto con el miembro duro y erecto... otros días me despierto mojado con mi propio semen, y todo porque sueño contigo mamá, de verdad… tienes un cuerpo tan lindo y tan bonito... además desde que iniciamos nuestro juegos masturbatorios me pareces más mujer, más mayor y consciente, y eso, por el amor y el deseo que te tengo, pues me excita mucho mamá... ¿Me entiendes?

- Te entiendo hijo… te entiendo muy bien…

Mi hijo, una vez que me contó su problema, parecía más relajado y suavemente mientras me hablaba, me iba bajando los tirantes de mi camisola hasta dejar a la vista mi sostén. Me masajeaba el brassiere con sus manos sin dejar de hablar y de mirarme a los ojos. De pronto se acercó a mí y sus labios comenzaron a lamer el surco entre mis tetas. Lo dejé hacer… abrazándolo y apretándolo contra mí, al poco rato, extasiado, me quitó el sujetador y comenzó a comerse mis las tetas excitado y hambriento de mí.

Yo, al ver a mi hijo deshecho y agobiado buscando mi comprensión, mientras me mamaba las tetas sentía un placer extraño, diferente, que me excitaba mucho, muchísimo. Mi hijo, hundido en mis tetas, parecía querer olvidar su dolor en ellas. Me las chupaba con una dulzura que nunca había advertido en él. Me estaba excitando, me estaba poniendo demasiado caliente. Me chupeteaba los pezones con una suave lujuria desconocida. Mi chuchita empezaba a hervir y a gozar, ahhh, me sentía muy a gusto, allí de pié en el salón sentía como si mi hijo estuviera violándome en mis sentimientos y en mis instintos de hembra. Deseaba gozarlo... gozarlo y saciarlo de placer... mi vulva empezaba a destilar, ahhh….

- Corazón, mijito... mira lo que vamos a hacer...

- Lo que tu quiera mamá... haremos lo que tu quieras.

- Vamos a relajarnos... date una ducha y yo me pongo el brassiere y el liguero que me regalaste antes de irte… Te parece?

Mi hijo, excitado y lleno de alegría fue al baño. Yo me puse rápidamente el brassiere y el liguero y me reuní con él en el baño. Con el liguero estaba tremendamente sexy... Mi hijo me admiró pasándose sus manos por la bragueta. Aún no se había desnudado...

- Deja hijo... yo te desnudaré....

Mi hijo gozaba con cada uno de los roces de mis manos sobre su cuerpo cuando lo estaba desnudando. Cuando bajé sus slips, su verga estaba imponente. La acaricié con mis manos mientras me dejé besar por mi hijo que me quemaba con la lujuria de su mirada. Abrimos el grifo de agua caliente y mi hijo se metió en el baño, mientras yo me contoneaba lascivamente fuera de la ducha para que él me viera.

- Enjabónate mientras me miras….

Mi hijo se enjabonaba nervioso... no dejaba de mirarme y solo quería enjabonarse en la verga...

- No hijo, enjabónate entero... no solo la verga.

Mi hijo no me oía, perdido en el placer, sus manos, el jabón, la esponja..., todo, se vertía en su pene y en sus huevos, duros, enrojecidos, como su cara que se deshacía ante mis contoneos. Mi culo lascivo se meneaba incitando a sus manoseos. Me tocaba las tetas y me las sopesaba como una puta ante él, y cuando metía una de mis manos en el interior de mis braguitas mi hijo deliraba masturbándose.

- Espera hijo, que ya entro al baño... no vayas a eyacular muy pronto... Yo te enjabonaré...

Me saqué el brassiere y metí en el baño, mi liguero, mi cara, mi pelo... se empaparon de agua provocándome unos estremecimientos lujuriosos. Mi sexo hervía por momentos ante esa sensación. Mis manos enjabonaban el cuerpo de mi hijo, suavemente sintiendo la pasión que me producía cada centímetro de su piel. Él jugaba con sus manos frotándome el sexo por encima de las braguitas del liguero mojado. Apretaba mi cuerpo contra el suyo a la vez que jadeaba intensamente. Enjaboné sus mulos, peludos y duros hasta que llegué a sus testículos. No pude más... la lujuria que sentía por mi hijo en esos momentos me superaba... sí superaba todos mis recatos y temores y vergüenzas. Tiré la esponja y el gel de baño y comencé a comerle los huevos con una pasión que me enloquecía por dentro. Unas bolas duras de macho, jabonosas y muy lascivas, que jugaban entre mis labios como unas frutas prohibidas que nunca me cansaba de gozar, de chupar, de morder... Después llegué a su verga. Una vega dura que pedía el contacto de mi boca y de mis labios. La recorrí con mi boca de abajo a arriba lentamente, hasta que alcancé su glande y lo chupetié con mis labios que se movían lujuriosos jugueteando en ese capullo intensamente rosado y terso. Mis ojos se fijaban donde acababa su miembro y empezaban sus huevos cuando me la iba comiendo lentamente hasta tragármela, toda hasta el fondo de mi garganta. Deliciosa la verga de mi hijo... deliciosa…

Seguí comiéndole el falo durante un buen rato mientras pasaba mi mano por mi chuchita notando como mis labios vaginales se iban abriendo más y más... en un gozo indescriptible. Mi hijo jadeaba de placer y se dejaba llevar. Cuando no pude más lo senté en el borde de la tina, tomé la regadera teléfono de agua caliente y rocié a mi hijo que se sintió plenamente relajado, pidiéndome más lujuria, más pasión. Le apliqué la ducha teléfono a su pene y gimió ante la tibieza cálida del agua. Después ante su vista, descargué toda el agua de esa ducha teléfono sobre mi cuerpo... me quité las bragas y el liguero y quedé completamente desnuda. Me mecí entrecerrando los ojos, aplicándome el chorro de agua en mi vulva abierta. Ambos sentíamos un gozo y una lujuria que reclamaban entre gemidos su consumación. Dejé la ducha teléfono y a mi hijo tumbado, con su erecta verga al frente, y le dije:

- Hijo, hasta aquí habíamos llegando antes de que te fueras…, nunca te dejé penetrarme porque sentía que ahí comenzaba el pecado, el incesto…, pero hoy me necesitas como mujer y yo quiero hacerte sentir hombre, mi hombre… hijo, mira como tengo mi chucha de abierta, gózala bien y hazme tuya..., pero no eyacules dentro de mí, solo eso te pido…

- Sí mamá…, lo sé y te entiendo… no temas, no lo haré…

Me senté sobre mi hijo, llevé con mi mano su verga a mi sexo y resbaló rápida dentro de mí… penetrándome toda. Mis gemidos y los suyos se confundían. Empecé a cabalgarlo, mientras mi hijo me tomaba las caderas y manoseaba mi culo para culparme mejor y más profundamente...

- Así hijo, así... arrrggghhh!!, la quiero toda dentro de mi, así.... arrrrggghhh…!

Me encorvaba y me contoneaba encima de él para que su miembro violara con más fuerza mis entrañas…

- ¡Me estoy corriendo hijo! Lo sientes... lo notas???!!!.

- Siento que eres la puta más dulce y lujuriosa que he conocido. Sigue moviéndote mami, me estás volviendo loco...!!!

Mi hijo me excitaba con sus palabras y yo no sabía que más hacer para complacerlo y complacerme. Como loco, me levantó en volandas y apoyándome en una de las paredes del baño me embistió culiádome con una fiereza que me descompuso. ¡Cómo me penetraba! ¡Cómo empujaba! Su verga entraba dentro de mí colmando mis entrañas como la de un potro en celo. Ahhh…. Cuando estaba a punto de eyacular, me descabalgó lentamente y me dejo sobre el piso, me arrodillé ante él y abrí mi boca como una puta sedienta de su leche. Mi hijo se masturbaba frenéticamente hasta que su semen ardiente cayo en varios chijetes sobre mi cara convirtiéndome en su puta, sí... su puta más fiel y rendida…

Sí... nos recogimos en nuestro furor, nos unimos en un beso candente de pasión, nos secamos y fuimos a descansar juntos a mi dormitorio. Mi hijo no dejaba de acariciarme, de besarme... de quererme. Y así tumbados y relajados uno al lado del otro, me dijo:

- Mamá... ¡No sabes cuanto te quiero, cuanto te deseo! ¿Sabes que me hubiera gustado, Mamá?

- No hijo... dime.

Me hubiera gustado acabar dentro de ti. Me gustaría gozarte entera, hasta mi eyaculación y tu orgasmo!!! Ay madre…!

- ¡Hijo! ¿Qué dices?

- Sí mamá... entiéndelo, mi relación sexual con mi esposa hace tiempo que era muy vacía de placer, y ahora que gocé contigo me sentí muy realizado como hombre... quiero que seas mía, solo mía. Te vuelvo a pedir perdón por haberte dejado sola... te quiero para mí! mamá.

Mi hijo me estaba sorprendiendo... su palabras me estaban llegando al alma, y la verdad es que él siempre me ha había atraído físicamente, y ahora... esa sinceridad estaba taladrando mis sentimientos. Acaricié su verga suavemente y lo besé... Ahora todo estaba en mis manos, tengo que tomar una decisión…., pero creo que ya lo decidí…

domingo, 28 de agosto de 2011

LA SEÑORA

Despertó a mitad de la noche, sudando y respirando agitadamente debido a lo que ella consideró una pesadilla: se veía violentada y abusada por él, ella trataba de escapar de los fuertes brazos del joven negro pero no lo lograba, sentía las manos de este en su sexo, y una de sus piernas entre las suyas intentando hacer palanca para abrirlas, en medio de esa lucha fue que se despertó estremecida por esas visiones. No pudo volver a dormir, la madrugada la encontró dándose vueltas en el lecho tratando de olvidar esa piel oscura, esa mano hurgando en su pubis, esa pierna abriendo las suyas para penetrarla, lo imaginaba en la pieza del lado, durmiendo desnudo, sí, se lo imaginaba desnudo, eso era algo que no podía entender, hasta rezó pidiendo el olvido de esas visiones inquietantes. Se levantó muy temprano y se metió en la ducha, dejo correr el agua muy fría sobre su cuerpo y se estremeció, primero de frío y después de una extraña sensación física cuando paso su mano con el jabón por su pubis y su sexo. Estaba en eso cuando alguien abrió la puerta del baño. Nunca ponían el cerrojo, pues si la puerta estaba cerrada era porque había alguien adentro, además, en la familia, cuando alguien estaba duchándose igual los demás podían entrar a usar el lavamanos o el retrete. Olió ese aroma penetrante como a coco con flores y supo que era él. Entró y al escuchar el agua caer y ver la cortina de la ducha corrida, dijo con total naturalidad “Soy yo, orino y salgo al tiro”. Ella no supo que decir, la cortina de baño era de un plástico grueso, y no era transparente, así que después de unos segundos contestó “Hola, esta bien, entiendo”. “Bien día señora”, respondió el joven. Y ella pudo escuchar por sobre el ruido de la ducha un grueso chorro de orina cayendo en el agua de la taza. En esos momentos algo pasó por su mente, como un relámpago instantáneo, y sin pensar lo que hacía corrió un centímetro la cortina hacía el lado donde estaba el inodoro, y asomo sigilosamente un solo ojo, y lo vio, vio el pene de él orinando, era una verga impresionante, aun para ella que solo había visto el pene de su esposo. Debía medir unos quince centímetros así fláccido, y colgaba en un grueso arco por entre los dedos del negro. Era de color café, incluso algo más oscuro que la piel del joven, y el glande que se asomaba casi entero tenia un color rosado muy oscuro y opaco. Miró como hipnotizada esa verga tan distinta en color y sobretodo en tamaño a la de su marido, y olió extasiada el perfume de la orina de macho, de súbito se dio cuenta de lo que hacia y cerró bruscamente la hendija de la cortina, y cerrando los ojos dejo que el agua fría se llevara esa imagen de su mente. Escuchó cuando él muchachón salió cerrando la puerta del bañó, salio de la ducha, corrió el pestillo, y sin saber porque se puso a llorar sentada en el borde la tina. Se sentía pecadora, sucia, al ver el miembro de otro hombre, que no era su marido, rezo nuevamente así desnuda como estaba. Ella, ya un mujer de 55años, nunca había hecho el amor con su marido desnuda, lo encontraba inmoral y ella era muy recatada, por eso se encontraba sucia, porque ella misma había corrido la cortina y había mirado el pene del negro que llegó a desordenarle la vida, había soñado con él, desnudo y violentándola, y todo eso le provocaba ahora un pecaminoso cosquilleo en su sexo. Todos se fueron a sus quehaceres, menos el negro y ella, que era la dueña de casa. Estaba nerviosa, al quedarse sola con ese mozalbete, estaba incomoda e inquieta. A media tarde se recostó a dormir una siesta, pero despertó convulsionada, volvió a soñar con él, esta vez el joven dormía desnudo, con su verga erecta, eran más de veinte centímetros de pene, era una verga impresionante, despertó llorando, sofocada, pidiéndole perdón a Dios y rezándole a la imagen de la virgen Maria de su dormitorio. Se levanto, quería ir al baño, volver a ducharse, al salir de su dormitorio vio que la puerta de la pieza de al lado, donde dormía el negro, estaba abierta, se asomó, él dormía, igual que en el sueño, encima de la cama desnudo, con su verga dura, como si el sueño fuera premonitorio, su verga debía medir veinticinco centímetros, otra vez sin pensar entró silenciosa, sabia que era pecado, pero algo la llevaba donde ese negro, se acercó y tímidamente tocó el glande con un dedo y él saltó en medio del sueño, miraba la verga, un poco asustada de que el joven despertara y la sorprendiera, volvió a tocar la verga esta vez un rato mas largo, los testículos eran gigantes, como de toro, le extraño sentir como sus pezones se erectaban, se sentían sucia, pero no podía dejar de ver y tocar esa enorme verga oscura. De pronto le entró un pánico que la hizo temblar de pies a cabeza, se dio cuenta de lo que hacía, del riesgo que estaba corriendo si él despertaba, y rápidamente salió de la pieza y se devolvió a su dormitorio, cerró la puerta y se puso a llorar, de vergüenza y de también miedo por el peligro que había corrido en su locura. Se sintió mareada, asorochada, y se tendió en su cama, pero siempre pensando en el negro, jugando a pensar en la forma de seducirlo, se sabía gorda, con tetas grandes y caídas, pero pensaba que todo hombre sueña con hacerle el amor a una mujer madura y si esta estaba insatisfecha mucho mejor, mas aun si era un negro con un pene de esas dimensiones, de solo pensar en eso sentía como latía y se humedecía su sexo. Luego de un rato en que recupero la razón, aunque igual sentía latir su corazón aceleradamente, repasó en su mente lo que había hecho y sus mejillas se ruborizaron, se sentía avergonzada, vulgar, sucia, pero también excitada. Volvía a ver en su mente otra vez ese miembro erecto, potente, erguido como un mástil orgulloso, veía su piel oscura, el glande violáceo, brillante por la intensa erección, volvía a sentir en sus dedos pecadores la sensación del tacto de la verga, esa mezcla de dureza y suavidad a la vez. Quiso imaginar como sería tomarlo con toda la mano, sentir esa musculatura vertical latiendo como un animal vivo y penetrante. Y más aun, sentir esa verga portentosa hundiéndose en su sexo, abriendo su vagina como en una nueva desfloración, pero esta vez con dolor y placer, y sintió que su vulva se apretaba ante esa imagen voluptuosa, y su mano se movió hacia su pubis como si fuera independiente de su voluntad, y su dedo tocó su clítoris y lo encontró erguido, sensible, y suavemente inicio un masaje en breves círculos y contuvo un quejido de placer, y cerró los ojos y se dejó llevar por sus deseos contenidos de muchos años, y su dedo siguió masturbándola mas rápido, después frenéticamente, violentamente, y de pronto sintió que su cuerpo entero se estremecía, sintió que se hundía en un abismo sin fondo, sintió el sudor en su frente y sus fluidos vaginales escurriendo de su vulva, y sintió el orgasmo inminente y gritó, y entonces le vino el orgasmo como un temblor que la quebraba en pedazos y un fuego que ardía dentro y fuera de ella y la quemaba hasta las cenizas y volvió a gritar mientras se retorcía de un placer desconocido e intenso, y después de unos instantes de goce supremo, se quedó quieta, detenida en el tiempo, como dormida, hasta que fue recobrando la respiración y la calma, y mientras salía de ese túnel voluptuoso pensó en el negro y en su verga erecta y solo recién vino a darse cuenta de que él se había hecho el dormido cuando ella lo tocó, y en vez de avergonzarse sonrió, y en ese momento supo que esa locura no se detendría hasta que ella, la muy dama y señora sedujera a ese negro vergón y se entregara a esos deseos sucios y depravados, supo que era esa la única salida a la trampa sexual donde estaba atrapada. Supo que todo de ahora en adelante sería inevitable.



sábado, 27 de agosto de 2011

SEXO CON MI MADRE

Esta historia comienza hace unos 23 años. En esa época yo era un adolescente de 15 años, nunca había tenido sexo y vivía todo el día caliente. Mi madre estaba divorciada de mi padre, y mi única hermana vivía la mayoría del tiempo con mis abuelos, así que por la mayor parte del tiempo, estábamos solos en la casa mi madre y yo. Mi madre era una mujer de 42 años en ese entonces, estatura media, blanca, pelo negro corto, una cara normal, tirando a bonita, tenía las tetas bastante grandes y en esa época ya las tenía bastante caídas, con pezones chiquitos y muy rosados. Siempre fue un poco gordita, tenía el culo increíblemente grande y muy carnoso, tenía abundantes pelos muy negros en la concha. Mi relación con mi madre era extraña. Estaba seguro que nunca había pensado en el incesto o si lo había hecho había rechazado la idea asqueada. Las pocas veces que me comentó algo (por ejemplo porque habíamos leído alguna historia de incesto) se mostraba asqueada. Digo que era extraña porque era muy reacia a desnudarse abiertamente delante mío, y si la sorprendía cambiándose se enojaba, sin embargo, se las arreglaba para mostrarme su cuerpo. En el verano, con los días cálidos, solía andar en la casa con un camisón transparente y nada abajo, se le veía todo en todo momento, algunas veces pensaba que no se daba cuenta pero era imposible que no lo hiciera. Como estaba acostumbrado a verla así, no me calentaba especialmente, pero me encantaba espiarla. La puerta de mi habitación se enfrentaba a la de ella. Todas las noches me iba a dormir antes que ella y cerraba la puerta, luego esperaba que ella se fuera a dormir y miraba por el ojo de la cerradura. Casi todas las noches tenía mi premio, mi madre no cerraba la puerta y se desnudaba en un lugar donde podía verla perfectamente, habitualmente se paraba frente a un espejo desnuda, encremándose la cara o cepillándose el pelo y me daba una perfecta vista de sus encantos. Por supuesto, siendo un adolescente que no había tenido sexo, vivía con la pichula parada y me masturbaba a diario espiando o recordando a mi madre. Mi madre fue la primera mujer que vi desnuda, y no sentía culpa, al contrario, el hecho de que era mi madre me calentaba todavía más. Si me hubieran dado la posibilidad de elegir cualquier mujer en el mundo para coger, hubiera elegido a mi madre sin dudarlo. Pero eran solo fantasías, nunca me hubiera atrevido a intentar nada porque sabía que sería rechazado y nuestra relación madre-hijo se arruinaría para siempre. Con el correr del tiempo, tuve sexo con otras mujeres, mi madre envejeció, aumentó de peso, se hizo menos atractiva y era más cuidadosa. Llegó un momento que no me excitaba más, pero el recuerdo de su cuerpo desnudo cuando era más joven todavía me excitaba e inspiraba mis pajas.

Algunos años más tarde, me fui a vivir a otro país, y después de un tiempo me casé. Debido a problemas en el trabajo me fui imposibilitado de visitar a mi madre por más de tres años. Hasta que finalmente pude ir, pero fui sin mi esposa que fue a visitar a sus propios padres. Había un problema, mi hermana, que vivía con mi madre tenía tres hijos, y la casa era chica, no había lugar para mí. Yo estaba dispuesto a quedarme en un hotel pero mi madre insistió que podía dormir con ella en la misma cama. Realmente no me gustaba la idea, en esa época no tenía fantasías sexuales con ella, no me atraía y sólo los recuerdos me excitaban, pero no podía decir que no, de cualquier manera, no esperaba que fuera a pasar nada, no había pasado cuando ella era joven, menos ahora. Por unos días, mi hermana y sus hijos estaban con nosotros, pero un fin de semana, unos amigos invitaron a mi hermana a una casa de fin de semana así que nos quedamos solos mi madre y yo. No había razón para que yo durmiera con ella porque había una habitación disponible, pero mi madre quería que lo hiciera, decía que no me había visto por tanto tiempo que quería disfrutar mi presencia todo lo posible, no me podía negar y me dispuse a dormir con ella ese fin de semana.

Había algo en su actitud que había cambiado, estaba más alegre, me dirigía sonrisas cómplices. Al llegar la noche, nos fuimos a dormir temprano, hacía mucho calor y no había mucho que hacer. Mi madre se puso el camisón (no transparente) y llevaba ropa interior como todas las noches. Después de unos minutos me dijo que hacía demasiado calor, que si me importaba si se sacaba la ropa interior, yo le dije que no y me pidió que me diera vuelta, así se podía cambiar. Se acostó con sólo el camisón (yo estaba en slips) pero a los pocos minutos me dijo que hacía demasiado calor, y que en el verano ella dormía desnuda, que si no me importaba si se acostaba desnuda. Eso sí que me sorprendió, en primer lugar, cuando era más joven nunca dormía desnuda, en segundo lugar, que se fuera a desnudar así delante de mí. Le ofrecí irme a la otra habitación así podía estar cómoda pero me dijo que prefería que me quedara, que al fin y a cabo ya la había visto desnuda antes y era mi madre, así que no importaba. Yo le dije que estaba bien y sonriendo se levantó y se quedó desnuda, con sus enormes tetas colgando y su enorme culo, cosa extraña, a pesar de los años su culo no había cambiado, seguía siendo terso, duro y carnoso. Inevitablemente, se me paró. Mi madre se acostó y se acercó a mi, apoyó sus tetas en mi pecho, era extraño porque se había desnudado porque no podía aguantar el calor y sin embargo de pegaba a mi. Entonces empezó, me besó en la mejilla y me dijo “...se le ha puesto dura a mi nene...”, yo estaba ruborizado y no sabía que decir, ella se rió y me preguntó si me calentaba tanto ahora como antes, yo no sabía que decir y ella me dijo que siempre supo que la espiaba. Me dijo que quería hablarme de algo muy serio pero no quería que se interpusiera entre nosotros, me dijo que era algo muy íntimo que tenía que confesarme, pero tenía que prometerle que pasara lo que pasara, ella seguiría siendo mi madre, que si creía que no estaba preparado para escucharla mejor lo dejábamos. Por supuesto que yo empezaba a intuir de que se trataba, así que le dije que estaba de acuerdo.

Mi madre entonces me empezó a contar su historia, me dijo que mi padre fue el único hombre de su vida, y que nunca la satisfizo plenamente, pero ella nunca había siquiera pensado en otro hombre. Cuando yo me empecé a desarrollar, ella me empezó a ver como hombre, pero era su hijo, era pecado, empezó a fantasear conmigo, pero al igual que en mi caso, eran sólo fantasías, nunca tuvo la idea de que fueran a ser realidad. Sabía que yo la espiaba, y por eso no cerraba la puerta, le gustaba que me excitara con ella, la hacía sentirse deseada y mujer. Siempre lo deseó, siempre quiso tener sexo conmigo, y siempre se preguntó como habría sido, pero nunca se atrevió. Me dijo que arregló las cosas para que nos quedáramos solos, por supuesto mi hermana no sospechaba. Mi madre me dijo que cuando me vio en el aeropuerto decidió que quería tener sexo conmigo. Hacía más de veinte años que nadie la tocaba y no era atractiva para seducir a nadie, pero si pudiera elegir todavía me elegiría a mí. Me dijo que si yo no quería, no volveríamos a hablar del tema, sólo me pidió que cumpliera mi promesa y continuara tratándola como madre. Entonces me hizo una pregunta, me agarró la verga con la mano derecha y me preguntó si quería tener sexo con ella, yo le dije que sí. Ella sonrió y me dio un beso en los labios, luego me dijo que habían ciertas condiciones. Primero, nadie se podía enterar, bajo ninguna circunstancia (estoy contando este relato sin nombres), segundo, si cualquiera de los dos se sintiera incómodo en cualquier momento, lo abandonaríamos sin preguntas, y tercero, ella seguía siendo mi madre y yo su hijo, eso era más importante que el sexo, e incluso si éramos amantes éramos en primer lugar madre e hijo. Yo accedí a todo eso, entonces me dijo que había algo más, que no era una condición, era un pedido. Me dijo que era virgen por el culo. Mi padre siempre la había querido sodomizar pero ella nunca lo dejó. Como un acto de amor, me quería entregar su virginidad anal, y quería que antes que lo hiciéramos normalmente por la vagina, lo hiciéramos por el culo. Por supuesto que yo accedí, como dije su culo era lo mejor y todavía se conservaba deseable, pero lo que me dijo después me dejo helado. Me dijo que el incesto estaba mal, que era un pecado, había decidido hacerlo a pesar de eso, deseaba hacerlo, pero creía que si sufría la primera vez eso la redimiría. Era un pensamiento estúpido pero ella estaba convencida.

Encendió la luz, me tocó la pichula que estaba parada a más no poder, y fue a la otra habitación, volvió con dos almohadones, los puso en el medio de la cama y se acostó boca abajo, con los almohadones levantando su culo. Entonces me dijo, “…métemela mi amor, quiero que me duela, sin lubricación, sin preparación, apoyala y empuja lo mas fuerte que puedas, no te detengas incluso si te lo pido o si lloro, hazlo ahora…” entonces volvió la cabeza y mordió las sábanas, preparándose para lo que venía. Le abría los cachetes del culo y traté de meterle un dedo, pero me dijo que no, que no quería preparación, le dije que le iba a doler horrores y me dijo que eso era lo que quería. así que me puse detrás de ella y apoyé el glande en la entrada de su culo, y empecé a empujar, al principio no podía, no cedía, pero seguí haciendo fuerza y poco a poco fue entrando, mi madre lloraba, mordiendo la almohada, yo me sentía culpable de hacerla sufrir así pero también excitado. Cuando el glande estuvo adentro, pegué una buena empujada y entró hasta al fondo (me olvidaba decir que tengo una verga de buen tamaño y bastante gruesa). Lo que pasó fue extraño, excitante por un lado, perturbador por otro. El dolor fue tan grande que mi madre casi no lo soportaba, pero sabía que no podía gritar, así que empezó a llorar y a golpear con los puños la cama, tratando de calmar el dolor, le pregunté si quería que se la sacara y me dijo llorando que no, me dijo que la bombeara lo más fuerte que pudiera, así que saqué mi pichula dejando solo la punta adentro y embestí con todas mis fuerzas, mi madre seguía llorando y golpeando la cama con los puños, sentía un líquido correr por mi pierna, no sabía lo que era, así que no le di importancia. A pesar de lo caliente que estaba, y de lo apretado de su culo, aguanté mucho, al menos diez minutos, creo que estaba demasiado concentrado en sodomizarla lo más violentamente que podía, poco a poco se fue dilatando y le fue doliendo menos, pero mentiría si dijera, como en otros relatos que empezó a gozar, estaba sufriendo y sufrió toda la culeada, cuando el dolor era menos intenso, mi verga en sus intestinos empezó a estimularlos, y se empezó a tirar pedos, me dijo que tenía ganas de cagar pero que por favor no se la sacara, trataría de aguantarse pero no me podía prometer nada. Seguí hasta que acabé derramando una buena cantidad de semen en su culo, antes de que mi pene terminara de ponerse fláccido se lo saqué.

Mi madre mantuvo la cara contra la cama y lloraba despacio. Yo me fui a lavar y vi que tenía sangre y mierda en la pichula. No me dio asco, me lavé y volví, con una toalla mojada. Mi madre seguía llorando en la misma posición, así que examiné su ano. Estaba muy dilatado y desgarrado, todavía sangraba, se le escurría la sangre mezclada con semen y mierda. La limpié con la toalla y le dije que era mejor que le pusiera alcohol, pero eso le dolería. Me dijo que estaba bien y lo hice, al parecer era tanto el dolor que ni se dio cuenta. Luego me puse a su lado y le pedí perdón, me dijo que era feliz, que era así como ella quería que fuera, ahora no se sentía culpable, había pagado con dolor por el pecado que estábamos cometiendo, ahora podía ser mía sin remordimientos. Era feliz especialmente porque me había hecho gozar. Entonces me besó, me metió la lengua en la boca. Era extraño porque no habíamos hecho nada, ni besos, ni le había chupado las tetas o tocado la concha, simplemente la había enculado salvajemente. Ahora era distinto. Empecé a chuparle las tetas y a masturbarla suavemente. Por todo lo que la había hecho sufrir, ahora quería compensarla, ser cariñoso, hacerla gozar, sentirse deseada y amada. Poco a poco fui bajando hasta su concha. Le aparté los pelos y se la empecé a chupar, y seguí haciéndolo hasta que mi madre tuvo un orgasmo en mi boca. Entonces ella me pidió que me acostara, e hizo lo mismo que yo, me empezó a besar el pecho y continuó bajando hasta que encontró mi pichula, y se la metió en la boca, y empezó a chuparla. Se notaba que no tenía experiencia, pero lo hacía con tanto amor que me la puso dura, y siguió, simplemente lamiéndola, o metiéndosela en la boca, hasta que sentí que acababa, le dije que no podía aguantar mucho más pero ella me sonrió y me dijo que no tenía que aguantar. Así que me relajé y la dejé hacer, hasta que acabé en su boca, mi madre tragó parte del semen, el resto se le salió por las comisuras de sus labios.

Después de dos acabadas necesitaba tiempo, yo tenía 38 años y mi madre más de 65. Entonces hablamos de lo que había pasado. No nos sentíamos culpables, éramos felices. Le dije a mi madre que ninguna mujer me había hecho gozar tanto y era verdad, ella me dijo que no tenía mucho para comparar pero que había gozado más que con mi padre. Seguimos acariciándonos hasta que mi verga se levantó nuevamente, entonces me puse entre sus piernas y la penetré lentamente. Todo lo contrario de la enculada, fue muy lento, besándola en los labios, después me movía lentamente. Había acabado dos veces, y lo hacíamos tan lento que creo que estuvimos culiando como una hora, lo hicimos en distintas posiciones, la hice sentarse en mi verga, estilo perrito, misionero, de costado, hasta que finalmente mi madre tuvo un orgasmo, era la primera vez que tenía un orgasmo con una pichula en su vagina. Después yo acabé, no tan copiosamente porque era la tercera vez, pero tuve la satisfacción de inundar de semen la vagina de mi madre. Después nos dormimos abrazados. El fin de semana casi no salimos, estuvimos desnudos todo el tiempo, culiando en todos lados, aunque sólo la enculé una vez más porque tenía el culo roto, esta vez con mucho cuidado, aunque le dolió de todas maneras. Días después retorné a mi hogar en el extranjero. Hablamos por teléfono una vez al mes, pero no hemos vuelto a tocar el tema.



sábado, 20 de agosto de 2011

YO ME ATREVÍ

Confieso que me atreví a tener una relación asi incestuosa con mi hijo de 35 años..., yo tengo 61 y soy viuda hace más de cinco años. Yo nunca me di cuenta que él me deseaba desde joven y sufría mucho espiándome y masturbándose por mí, incluso con mi ropa interior ya usada, me espiaba cuando me bañaba y también nos espiaba cuando yo estaba con mi esposo en nuestro dormitorio. Después él se casó, y yo por ahí quede viuda, luego él se separó y se vino a vivir conmigo hace un par de años, y ahí comenzamos a tener una relación con cierto sentido algo sensual, al comienzo solo juegos, cosquillas y cosas así hasta que... terminamos acariciándonos. Es que mi hijo después que se separo quedo como shockeado con las mujeres pues su esposa le fue infiel, y yo, desde que quede viuda ya no tuve otra pareja, así que al vivir juntos todo se fue dando para generar un ambiente muy sexual entre nosotros. Hasta que un día me atreví a planteárselo directamente, le dije que yo necesitaba un hombre y él una mujer así que porque no intentábamos satisfacernos juntos y ahí él me reconoció que me deseaba mucho... desde muy joven... Desde entonces hemos ido de a poco, primero fueron caricias cada vez más sensuales, comenzamos a dormir juntos cuando él esta acá en casa, pues trabaja fuera de la ciudad y viene cada siete días, y fui perdiendo la vergüenza... al poco andábamos desnudos sin problemas por la casa, y dormíamos así, desnudos haciéndonos cariños... y de las caricias pasamos a la masturbación, primero yo a él... uy! fue muy erótico, después nos masturbábamos uno frente al otro, mirándonos, después nos masturbamos uno al otro... ha sido algo ufff.... muy excitante. Al principio me costó, tenia vergüenza y temor... pero ha sido algo maravilloso, nunca pensé que seria así. Me encanta sacarle la lechecita, también le he hecho sexo oral y el a mi, he tenido unos orgasmo deliciosos. Pero hasta ahí quiero llegar... nada mas... soy feliz así y creo que él también. Al principio quería penetrarme vaginalmente pero le expliqué que para mi eso seria consumar el incesto, en cambio lo que hacemos no para mi son solo caricias... quizás él quiera algo mas, puede ser... pero de verdad no quiero ir mas allá... me sentiría mal sintiendo su verga dentro de mi... no olvido que es mi hijo... y así igual gozo mucho, de verdad. Sé que los dos somos mayores de edad y no le hacen mal a nadie, no sé, será que siempre he sido muy pajera... pero la penetración vaginal con él no, eso lo tengo claro... y sexo anal... soy muy apretada de atrás... a veces él me punza mi ano con su verga y me gusta pero no mas... él ha acabado así son su verga entre mis nalgas..., y me llena mi culito de leche, me ha metido la puntita a veces... es muy rico lo que siento. Me gusta me llene la boca de leche, cuando acaba en mi boca me encanta, aunque no me trago su semen. Me excita sentir su leche caliente en mis tetas o en mi vientre, es algo especial... nunca hice cosas así con mi esposo... ahora estoy mas loca para el sexo o será que con mi hijo me siento mas en confianza... no lo sé, solo sé que soy muy feliz sexualmente. Y que no quiero que me penetre vaginalmente porque eso seria consumar el incesto...yo no quiero llegar a tanto, ahora nos acariciamos y nos masturbamos libremente y así somos felices...



sábado, 13 de agosto de 2011

VIOLACION INCESTUOSA CONSENTIDA

Esa tarde estaba sola en casa, mi hijo, un muchachón alto y fornido de 23 años, había salido de farra la noche anterior y aun no regresaba, así que aproveché y me fui a mi dormitorio, me tiré encima del lecho y subí mi vestido para refrescarme, tomaría una siesta tranquila tal como lo hacia cada semana desde que me divorcié hacia cinco años. De pronto se abre la puerta y entra mi hijo y se me queda viendo con una extraña mirada, yo tirada en su cama con el vestido levantado, mostrando mis bragas… fueron segundos, que se me hicieron eternos, mi hijo no decía nada solo me veía con cara de incrédulo, hasta que se abalanza hacia mí, besando mis mejillas y mi cuello, huelo de inmediato el olor a licor, me doy cuenta de que esta ebrio, pero algo dentro de mis instintos más primitivos me impide detenerlo, yo lo abrazo, recorriendo mis manos por su espalda y parte de su cintura sin atreverme a tocarle su trasero, él con su mano derecha me acariciaba el pelo, la cara y el seno izquierdo y le daba pequeños mordiscos a mi pezón, a través del vestido sin sostén. Su mano sigue recorriendo mi cuerpo hasta llegar a mi trasero para apretarlo y sobarlo, de un tirón me baja mis bragas a las rodillas, mis manos buscan vivamente su miembro, le abro el cinturón y desabotonó su pantalón, meto la mano y toco por primera vez el pene de mi propio hijo, un trozo de carne que siento en mis manos como empieza a crecer y ponerse duro, siento temor, pero a la vez gran excitación por tocarlo. Sigo explorando y siento su pubis, al igual que sus testículos, en eso mi hijo se incorpora se quita su camisa y el pantalón y al bajarse su bóxer me deja ver su verga bien parada con venas que parece que se reventaran, me quedo atónita al ver el tamaño de su miembro, siento miedo al ver lo que me provocaría meterme semejante miembro en mi vagina tantos años sin ser penetrada… Siento temor al daño que me provoque… Totalmente desnudos me acaricia mi cuerpo y con su pene me rozaba la entrada de mi vagina, sus besos sobre mi busto, mi boca, mi cuello y mis orejas me hacían sentir súper excitada, mi vulva estaba ya muy mojada y me abre de piernas, hasta que siento como la cabeza de su pene penetraba poco a poco, con mis piernas abiertas como compás sentía que aquel extraño cuerpo me rompía mis entrañas, sintiendo un ardor mezclado con una rica sensación, mi corazón parecía salirse de mi cuerpo, cada centímetro que se me introducía me daba la sensación que me partía en dos, mis paredes vaginales sentían el latir de su rica verga, sentía desmayar, sentía que la temperatura en mi cara me quemaba… Sacaba unos cuantos centímetros, para volver lentamente a meter aquello y despacito se iba alojando en mi adolorida vagina… Con sus labios y lengua me elevaba mi temperatura con un largo beso, que casi me asfixia de placer, mientras inmóviles nos consumían los minutos… Mi hijo empieza a dar movimientos de cintura, lentamente siento como entra y sale aquel trozo de carne de mi vagina, los movimientos son cadenciosos, con ritmo semilento y muy placenteros, el ardor se iba olvidando y hago movimientos para que me entre todo ese falo endurecido, subo mis piernas a su cintura para sentir mejor la penetración, él entra y sale constante, hace que sienta una gran sensación de felicidad, que mis quejidos los aumente de volumen, me besa para evitar que grite, cuando de repente lanzo un grito descontrolada. Este es mi primer orgasmo con una verga adentro de mí, en años, es una sensación jamás experimentada en mis masturbaciones… Por todo mi cuerpo recorren impulsos eléctricos que llenan de una gran energía cada porción de músculo, endureciéndose todo. Las manos de mi hijo apretaban con fuerza mi busto izquierdo que tenia una dureza inusual, mientras gritaba chupaba y mamaba su lengua, desde mi concha, un largo cosquilleo recorría mi estomago la temperatura en mis mejillas quemaba y mi cuerpo se aflojaba totalmente. Y al llegar mi rendición y entrega me viene un relax delicioso, siento mi cuerpo flotar en el espacio. Desquiciada casi me como su lengua, el hace un gran esfuerzo para arquearse y mamarme mis tetas. Sin sacar su rica verga de mis entrañas se pone boca arriba, yo encima de él y suavemente me dobla mis piernas para tomar la posición de cabalgar y siento que se me sale la verga por la garganta, le digo que siento cierto dolor y me dice que yo decido que tanto penetre… Con los movimientos clásicos del caballito de sube y baja, con mucho cuidado trato de no clavarme toda su verga para no sentir ese dolorcito… Con mi mano tomando su pene erecto, controlo la cantidad de verga a penetrarme, mientras él me chupa mis pezones y su mano se dirige a mi clítoris, mientras yo sigo sube y baja… Me excito tanto que retiro mi mano, sin que me importe lastimarme y con cierta fuerza y violencia sigo sube y baja, sentía toda la onda expansiva que su verga hacia dentro de mi conchita, y aun con gran placer causado me aterraba mas su rica verga… Su mano sigue sobando mi clítoris con la misma fuerza que yo aplico de enterrar y sacar de mi conchita la cada vez más dura verga. Hasta que otro grito sale de lo más profundo de mi garganta… Tan perdida me puse con este segundo orgasmo que mis manos rasguñaban el pecho de mi hijo, dejando largas marcas. Mi hijo estaba tan excitado que no reparo en ese momento la señal que le dejaba… Me acosté sobre su pecho muy agotada y aun ensartada por aquella verga endurecida, él, en medio de su borrachera comprendió mi cansancio, y nos quedamos varios minutos en pausa, yo estaba muy cansada y con las piernas acalambradas, duramos unos 10 o 15 minutos en total descanso, pero yo seguía sintiendo la dura verga dentro de mi vagina. Casi en un susurro me pregunta si quería continuar… Yo estaba ya sin fuerzas para seguirle pero deseaba que llegara a su clímax. Le dije que le diéramos hasta que él llegara a consumirse… Se levanta de la cama, cargándome porque su verga dentro de mí no mostraba cansancio. Desde que me la clavó, hasta esta nueva posición, la verga de mi hijo siempre estuvo dentro de mí, sin salirse para nada. Parado, me carga como si fuera una niña, con sus manos tomando mi trasero, empezó hacer movimientos de arriba abajo, en esos momentos solo me motivaba hacerlo que se viniera, solo quería que disfrutara de mí, de su madre, mientras su verga entraba y salía de mi conchita… Durante dos o tres minutos mi hijo se empieza a poner rígido y jadeante y con voz entrecortada me dice que me mueva solita que estaba a punto de "venirse", subo y bajo como loca, sin saber que iba a recibir dentro de mí. Siento como se infla la cabeza de su verga dentro de mi vagina y expulsa un torrente de liquido candente dentro de mi vulva, lo caliente de los chorros que entraban en mis entrañas y las vibraciones de su cuerpo y como respiraba, eso me empezó a excitar de nuevo, él seguía moviéndome como loco hacia arriba y abajo con violencia… Sentía como salía de mi vagina ese liquido ardiente, los movimientos se fueron haciendo cada vez mas lentos, la verga ya no la sentía tan dura, pero seguía entrando y saliendo de mi vagina ya hinchada, mi excitación también se fue apagando al bajarme de los brazos y mi amado hijo se sentó en la cama para decirme "Estuviste maravillosa, fue largo y delicioso". Le sonreí feliz de haberle dado ese placer a mi propio hijo. Después de una pausa entramos los dos a la regadera a lavarnos, ya limpiecita me siento en el wc para hacer pipi, y veo a mi hijo secarse su flácida verga y le pido que se acerque para conocer el miembro viril que hizo renacer totalmente mi sexualidad. Tomándola entre mis manos, la acaricio y le doy un beso de piquito, y siento entre mis manos una reacción, lentamente crece de tamaño y se hace gruesa, no esta muy dura, pero empiezo a jugar sacudiéndola, poco a poco va tomando tamaño y dureza. Me dice que se la mame, como si fuera una paleta o un chupón, pero siento asco de saber que estuvo dentro de mi concha y le digo que no, pero su verga había multiplicado su tamaño y grosor, le hago movimientos de hacerle una paja y se pone gruesa y muy dura, pero con su piel suavecita… lo masturbo con fuerza y me dice que le moje la cabeza de su verga y saco mi lengua para que choque con ella, segundos después mi hijo empieza a bufar de placer, me pide que no pare, yo sigo haciéndole la paja con mayor fuerza y dirijo su verga a mis senos y después lanza dos pequeños chorros de semen, un tercero y un cuarto se me quedan entre mis manos, veo como su cuerpo se tensa mostrando todos los músculos de su cuerpo… Pasado todos los estertores de placer, mi hijo se inca frente a mi y me abre las piernas, mostrándole mi vagina hinchada y adolorida de tanta fricción, me peina con sus dedos el vello enmarañado del pubis y con sus dedos abre los labios vaginales y acerca su cara para besarme mi concha, trato de cerrar las piernas y le digo "No, eso No". Entonces me toco con suavidad mis mordisqueados senos y me chupa un pezón con tanta delicadeza y suavidad, como diciendo "esto haré con tu chuchita"… Sus dedos no dejaban de hurgar en mi concha, mi respiración se agitaba y la temperatura de mi vagina, aumentaba… Me dejo llevar por sus caprichos… Dejo que me abra las piernas y recibo besos en la entrepierna, seguido de unos chupetes de un lado a otro y siento como me hierve la sangre y me pasa su lengua justo en mi clítoris, siento un pequeño ardor de mi adolorida pero deseosa concha… Sentí con su lengua como si me dieran pequeños toques eléctricos que recorrían toda mi piel, poniéndose "chinita", después de estar dando tremendas mamadas a mi concha y yo a punto de volverme loca de placer por lo que me hacia, sus manos soban mis pechos lubricados por el semen salpicado hace minutos…Me arqueo, levantando mi trasero para ofrecerle todo el manjar de mi vagina y como víbora metía y sacaba su lengua, sorbía y mordía con sus labios mi endurecido clítoris, sentía que perdía todas mis fuerzas y lo tomo de los cabellos y acelero las ganas que me coma mi concha…. Lanzo un grito desgarrador acompañado de unas gotas de orina, que al darse cuenta mi hijo, me inserta dos de sus dedos y con el pulgar produce pequeños roces en mi clítoris. Me besaba en la boca y me decía "Suéltate no te resistas"…. Y suelto el cuerpo y un chorro de orina acompañado del mas largo orgasmo que he tenido en mi vida. Durante largos segundos mi cuerpo tiembla llevando todas las sensaciones a cada rincón de el, al mismo tiempo que lanzo chijetes de orina intermitentes, dejo de pasarle la lengua a mi hijo después de un desenfrenado beso, ya que me quedaba sin respiración, mis piernas estaban acalambradas, mi cuerpo carecía de fuerza, por el tercer orgasmo que tengo en esa hora y media. Fueron tres orgasmos que experimenté con diferentes intensidades de reacciones corporales, que bien valieron la pena cambiarlos por mi incestuoso pecado… A una semana de vivir esta experiencia, y a pesar de los tres días que dure con dolores vaginales y musculares, deseo con todas mis ansias volver a vivirla. Al otro día no tocamos el tema de lo sucedido, y tampoco después. No sé si mi hijo se arrepintió de lo que hicimos, o no quiere volver a poseerme o su ebriedad borro de su memoria lo que vivió con su madre.



AYUDANDO A MI HIJO

Tengo 51 años, y soy viuda con un hijo de 18 años recién cumplidos. Vivo sola con él, en un departamento pequeño, por lo que poca o nada intimidad tenemos, al menos de la que normalmente se puede tener en el baño o en el cuarto de cada quien, y a veces ni siquiera en esos. Lo que he descubierto es que se masturba constantemente, la primera vez que reparé en eso fue el día posterior de su cumpleaños, me dirigí al baño, el cual se encontraba sin seguro, y entré, y me llevé la sorpresa de ver a mi hijo viéndose en el espejo mientras se masturbaba su verga muy erecta y dura, me sobresalté, él por supuesto también, pero llegué justo en el segundo en el que le fue imposible detenerse, unos chorros espesos de semen fueron expulsados con violencia, y al volverse a verme unos pocos salieron hacia mi cayendo en mi pantalón y en mi mano. Por supuesto salí inmediatamente, asustada y ya preocupada por lo que me había tocado ver. Ya en mi cuarto, al reparar esa gota de semen en mi mano y sin pensar siquiera opté por lamerlo y me lo tragué, el sabor y ese olor fuerte me extasiaron. Pero un problema de verdad me esperaba, por lo que decidí encararlo inmediatamente, salí a la sala, y ahí estaba mi hijo, que se levantaba para encerrarse en su cuarto, esto fue lo que le dije: - Mira corazón, fue parte culpa tuya y mía, yo porque, no debí haber entrado así, no se de algún modo debo hacer más ruido al caminar, y tu por no correr el seguro, eso sí, y tu lo debes saber, es completamente normal lo que has hecho y es una manera de desahogarte, no soy yo quien te lo va impedir, pienso que es tu casa y en ella tienes el derecho de hacer lo que te de la gana, claro sin incomodarme. Lo que él aceptó de muy buena gana, y siendo un chico inteligente como es lo comprendió y me pidió que olvidásemos todo, a lo que yo estuve de acuerdo. Esa misma intimidad del departamento nos ha ayudado mucho, y soy bastante abierta y se que mi hijo es bastante abierto conmigo, por lo que noto que nuestra relación es especial; bueno los días pasaron y empecé a notar como él iba varias veces al baño en el día, cuando yo estaba, 5 o 6 veces, por lo que al ser el único baño, en más de una ocasión tuve que golpear la puerta y pedirle que se apurara, para entrar y ver primero el papel higiénico en el tacho repleto de semen, segundo el olor inconfundible. Esa actitud obsesiva fue lo que me preocupó en un principio, dejé que pasasen dos semanas esperando que en definitiva que se cansara, pero no lo hacía, y ya mi preocupación rebasaba mis limites. Les juro que jamás sentí más que la normal preocupación de madre, nada de morbo o excitación a no ser el instinto que llevó a mi boca un poco de su semen, pero lo hice por probarlo, ya que no he tenido relaciones en mucho tiempo, es decir lo comí, por ser semen y no por tratarse de mi hijo. Así que primero, no fui un día a trabajar, y me dediqué a revisar su cuarto, debajo de un cajón en el fondo de un velador encontré varias revistas pornográficas, y películas, las cuales debo admitir me excitaron por lo que me masturbé siguiendo el ejemplo de mi hijo. Después de haber comprobado la fuente de sus excitaciones decidí encararlo. Nuestra relación es especial por lo que puedo preguntarle sin sonrojarme muchas cosas. -Hijo, ¿cuantas veces te masturbas al día? –Dos o tres- pero no crees que le va a hacer mal a tu cuerpo masturbarte tanto? -No, si me da ganas lo hago, no es mi culpa. -El otro día, poniendo la ropa, encontré tus revistas y películas, en verdad son buenas pero deberías dejar de verlas un tiempo. -Ya no las veo, me tienen ya aburrido, simplemente en algún momento del día que tengo una erección me calmo masturbándome, que hay de malo. Entre mí, pensaba, claro un joven de 18 años, que cada vez que se le para se masturba, no es raro que se masturbe constantemente. -Mira temo que estés volviéndote un poco obsesivo, así que te propongo una cosa, cada vez que te entre ganas, me lo dices y nos ponemos a conversar de cualquier cosa, ¿está bien?, en verdad no creo que sea correcto que te masturbes tanto-. Entre las cosas que me daban vuelta a mi cabeza, estaban el no tener dinero para pedir consejo a un sexólogo, el impedir que se masturbe tanto, y que esto se le pasaría cuando encuentre novia, así que yo con mi plan, podía al menos aminorar un poco sus masturbaciones y de lo tercero, ya que no creo en prostitutas ni hacer de casamentera se tendría que encargar él. Al día siguiente mientras veíamos una película, me dijo: -Mami, estoy con ganas-. Lo cual comprendí inmediatamente, por lo que le conversé de mi día en el trabajo, el de él en el estudio, hasta de política. Poco a poco me di cuenta que eso no resolvería nada, ya que se ponía más nervioso y extrañamente excitado, veía claramente como sobresalía su miembro del pantalón de pijama. Pero él por complacerme en ese día me dijo que no se masturbaría, pobrecito, su verga no disminuía un poco. Por lo que así se fue a acostar, y yo también, ya así en la cama, me di cuenta de mi error, así que entré a su cuarto que aún tenía la luz encendida, lo que vi fue peor que lo del baño. Estaba sentado en la cama con las piernas abiertas mirando una Playboy, masturbándose intensamente, me vino a la memoria lo del baño, y reparé en su verga que es bastante larga y gruesa. Él no paró, y dijo entre jadeos,-mami por favor sale-. Pero entré me senté a su lado, le tomé la mano, parando su accionar y con el tono más maternal posible le dije: -Dime hijo que es lo que quieres, alguna cosa te falta. Que te masturbes tanto puede ser frustración por algo más. - Quiero dejar de ser virgen, pero no con una prostituta, pero soy muy torpe con las mujeres, me dijo casi en sollozos. El espectáculo de su verga, el casi llanto de mi hijo y las ganas de ayudarlo en ese instante provocaron que me sacase el camisón quedando desnuda, me acerque a él y tome delicadamente su pene y empecé con un sube y baja muy lento, dándole pequeños apretoncitos, de pronto lo hacia más aprisa acelerando los movimientos, yo estaba excitada y a la vez emocionada de estar acariciándole la verga a mi amado hijo, mi machito, como le decía a veces con cariños, yo ya tenia mi mano llena de sus mecos y seguía masturbándolo sin soltar su pene que seguía caliente y duro. A todo esto yo tenia muy juntas y apretadas mis piernas, moviéndolas una contra la otra para frotar mis labios vaginales, y a la vez oprimir el interior de mi vagina, me movía lentamente con los cachetes de mi trasero fuertemente apretados para sentir una deliciosa presión sobre mi clítoris. Por ahí aproveché para tocarle sus huevos que estaban un poco peluditos y se los acaricié con mi mano libre, así lo seguí masturbando mientras él se quejaba de placer, -Goza lo más que puedas, y si quieres gritar hazlo, esta es tu casa- le dije susurrando en su oído, mientras yo seguía masturbándome frotando mis muslos rítmicamente entre sí, balanceándome ligeramente hacia arriba y hacia abajo para aumentar la estimulación y la tensión gradualmente buscando el orgasmo. Mi mano siguió el intenso sube y baja de la suave piel de su verga hasta que lanzó un largo quejido y sentí en mi mano las palpitaciones de su verga al momento de eyacular, entonces puse rápidamente la otra mano arriba de su glande para que su semen cayera en mi mano. En ese momento lanzó 3 o 4 chijetes de semen muy caliente y mi mano quedó bañada completamente con su esperma. En ese mismo instante apreté mis piernas hasta que me vino un orgasmo intenso y violento que me rompió, haciendo que lanzara pequeños gemidos, grité, gemí, sollocé, me estremecí de placer, incluso se me nubló la vista y se me movió el mundo, fue algo bestial. Sin decir palabra nos tendimos en la cama extenuados y relajados. Después dormí con él el resto de la noche, y al amanecer lo volví a masturbar. Le dije que de ahí en adelante yo lo ayudaría a masturbarse hasta que se consiguiese una novia. Estoy esperando que se canse de masturbarse, pero aun debo hacerle la paja una o dos veces al día, supongo que es la vitalidad de sus 18 años. Ahora pienso que cuando él se canse me cansaré yo. Me asusta eso sí el resultado sicológico que podría tener todo esto, pero disfruto inmensamente y mi hijo también.