sábado, 15 de octubre de 2016

EL CULO DE MAMA


Mi madre es una mujer cuarentona, morena, cabello largo liso, lo que más me llamaba la atención de ella, eran quizás sus pechos, grandes y duros, también sus piernas y su culo, redondo y duro. Mi madre es divorciada hace 3 años, y vivimos los dos solos en apartamento. Mi relación con ella era de lo mas cordial, no como madre e hijo, sino más como dos buenos amigos, pero eso si, manteniendo las distancias y sobre todo el respeto. Estaba acostumbrado a verla semidesnuda, algo que me excitaba sobremanera. Casi siempre me masturbaba pensando en ella y siempre tomaba su ropa interior para hacerlo o en los momentos en los que ella se bañaba, pero como es la vida, un día ella me descubrió masturbándome con una braga de ella en su habitación, sin darme cuenta que ella había llegado, entró a la habitación y que gran sorpresa se dio cuando estaba con los pantalones abajo y con una braga en la mano y la otra mano en mi verga dura y roja.
En aquella ocasión me dijo: “ya eres un hombre, pero eso no te da el derecho para que hagas lo que haces o es que acaso te gusto?”. La pregunta me tomó por sorpresa y no supe que contestar. Cambié de color mi cara, se aproximó y me dio un beso, me dijo: “deberías confiar en mi, vamos no seas bobo, dímelo”. Aquel día tuvimos una charla interesante, yo reconocí que la espiaba cuando se duchaba o iba a al baño, también que me masturbaba pensando en ella, etc. Ella por su parte admitió que yo era un hombrecito y reconoció que lo que hacia era normal, pero que debía controlarlo porque ella era mi madre.
Todo cambió al mes siguiente cuando ella y su novio de 2 meses habían terminado, ella llegó llorando a mi habitación, ese día también charlamos, lo que me dejó impresionado fue que ella y ese patán nunca habían tenido sexo, que en parte me complacía mucho. Mi madre se ofreció a dormir esa noche conmigo en mi habitación, pues no quería sentirse sola esa noche. Ya cansados del día tan ajetreado, nos fuimos a la cama. Yo, me quedé en bóxer, mi madre, se puso su camisón, apagó la luz y se quitó el sujetador, acostándose a mi lado.
Sentirla junto a mí me excitaba, y no podía hacer nada, mi verga estaba erecta y dura. No quería que ella se diese cuenta, me di la vuelta dándole la espalda. Ella me dijo, por favor no me des la espalda, anda, date la vuelta y abrázame. Estaba apenadísimo por lo que me estaba pasando, ante su insistencia me di la vuelta, ella me rozó con su pierna y se dio cuenta de lo que estaba pasando. “Que pasa ya estamos otra vez, creí que el otro día había quedado claro, tienes que pensar, que soy tu madre, no una mujer cualquiera, no puedes excitarte así” me dijo. “Vamos, piensa en otra cosa e intenta dormir”. Para mi era imposible conciliar el sueño, solo con oler su cuerpo ya estaba excitado. Se dio la vuelta dándome la espalda con la intención de dormir.
Mi cama no es muy grande y fue peor el remedio, pues al sentir sus nalgas frías, me excité aún más. Ella lo notó, no dijo nada, simplemente apretó su culo contra mis piernas, sintiendo mi verga dura pegada a su culo. “Niño, piensa en otra cosa, que te van a doler los testículos, vamos no seas bobo” me dijo un poco molesta. Pero era imposible, en lo único que podía pensar era en ella, como la deseaba. Me moví dos o tres veces disimuladamente rozando mi verga contra su culo, esperando que ella se enojara aún más, pero no dijo nada. Seguí con mi movimiento, como si estuviese haciéndole el amor, apretando la polla contra sus nalgas, pero ella siguió callada, sin decir nada. Por fin me decidí a abrazarla, sintiendo sus pechos y sobre todo sus pezones erectos y duros.
Toqué suavemente su pezón con la yema de mi dedo. “Por favor niño estate quieto, que yo también soy una persona y no soy de piedra, además, mira como estas” dijo al tiempo que con su mano izquierda tocaba mi verga. “Duérmete por favor, no te da vergüenza” me dijo ya un poco más calmada Estuve rozándole el culo con mi pene bastante tiempo, ella no decía nada, pero yo si oía su respiración agitada. Era posible que la hubiese excitado. Claro que lo era, sus pezones estaban durísimos, y cuando retiré la mano de su pecho, ella me la cogió y volvió a ponerla sobre el, haciendo que le tocase el pezón. Aquello me hizo reflexionar un poco por lo tanto me aparté un poco de ella, introduje mi mano por detrás entre sus piernas. Ella al principio dio un ligero respingo, pero no dijo nada, es más, ante mi insistencia abrió ligeramente las piernas permitiendo que mi mano, a través de sus bragas, se aproximase a la vagina. Tenía las bragas mojadas, estaba súper excitada. Me retiró la mano de entre sus piernas, se dio la vuelta me dio un beso y me dijo: “por fa, ya eres un niño muy grande, ya vas para adulto, por fa compórtate”, entonces me dio un beso se levantó de mi cama y se fue a su habitación.
Al día siguiente me levanté para ir a estudiar, cuando lo único que miré fue que el desayuno estaba en la mesa y nada más, mi mamá se había ido a trabajar, durante toda la mañana estuve pensando en ella y en lo que había pasado y me sentía muy apenado, en todo el día no fui a mi casa, sino hasta la hora de la cena, como eso de las 8 de la noche, como era habitual, cenamos, aunque en toda la cena nunca la miré a la cara, es que ni siquiera hablamos, luego yo pasé a la ducha. Cuando terminé, fui a mi habitación y me puse un pantalón corto de pijama. Mi madre me precedió en la ducha. Ese día no intenté verla, estaba avergonzado por lo que había sucedido la noche anterior. Estuvo más tiempo de lo habitual en el baño, por fin salió envuelta en una toalla y entró en su habitación. Yo me estiré en el sofá para ver la tv. Cuando ella entró en el salón, no daba crédito a mis ojos, allí estaba con un vestido que tenia un gran escote y le llegaba hasta el vientre, le dejaba ver su ombligo, y además era muy corto que solo con agacharse se le notaria todo, además se le alcanzaba a percibir un tanga muy excitante.
Era increíble. No podía articular palabra. Me limité a mirarla. Mi polla estaba a punto de reventar. Ella me miró, se aproximó a mi y me dijo: “no era esto lo que querías, pues aquí me tienes. Te gustó”. No sabia que decir, afirmé con la cabeza sin apartar la mirada de sus pechos y sus piernas. Se sentó junto a mi en el sofá y me abrazó, comenzó por besarme suavemente en los labios. “Tengo que enseñarte a besar, a ver si aprendes” me dijo, al mismo tiempo que me besaba, con su mano derecha cogió mi pene erecto y duro como una piedra. “Vamos a mi cama, estaremos más cómodos” me dijo mientras me tomaba de la mano. Una vez en la cama, me quitó el pantalón del pijama dejando mi verga erecta al aire, no lo dudó un segundo, la acarició con sus dedos, entreteniéndose especialmente en el glande. “Tienes una buena polla, el capullo es enorme, te la voy a comer bien, pero ten cuidado de no correrte en mi boca, necesito tu leche en otro sitio” me dijo sonriendo y con cara de puta. Yo alucinaba, estaba a punto de reventar. Cuando apretó el capullo con sus labios estuve a punto de correrme en su boca, pero ella lo impidió. Aquello era alucinante, me sentía en la gloria. Mientras ella se comía mi polla, Ella se fue alzando el vestido dejando ver sus bragas que eran comidas por esas enormes nalgas, soltó mi verga y se acomodó su braga hacia un lado, luego abrió sus piernas, al tiempo que me hacia subir acoplándome entre sus piernas. Cogió mi polla con su mano y la aproximó a su vagina, pasándose el capullo por su clítoris que ya estaba muy abultado.
Tenía un coño bonito, con poco vello y de color rubio. La piel de todo su cuerpo era muy suave y especialmente la de sus piernas. Así permaneció un rato. Yo estaba excitado en extremo, deseaba meterle mi polla, pero ella no lo permitía, siguió masajeando su clítoris hasta que tuvo un orgasmo. Sentía como le corría su flujo por mi polla, estaba encharcada. “Cariño, mira como has puesto mi coñito de mojado. Ahora méteme tu pollón, pero con suavidad, no me hagas daño” me dijo con voz entrecortada de la excitación. Con su mano colocó mi capullo en la entrada de su coño, apreté suavemente. El estar tan lubricada permitió que el capullo entrase con suavidad en aquella estrecha cavidad. Fui apretando lentamente hasta que tuvo toda la polla en su interior. Comencé a bombear en principio con suavidad. Ella gemía, de placer, me besaba el cuello y la boca mordiendo mis labios y apretando mi espalda. “Así amor, así, muévete un poquito más rápido. Ahh como me gusta. Me voy a correr. Siento tu chipote como llena mi coño. Muévete por favor. Me corro” me decía gritando de placer. El orgasmo fue inmediato. Los dos nos corrimos al mismo tiempo. Descargué toda mi leche en el interior de su coño. Mientras me corría dejé de moverme, pero ella cruzó sus piernas a mi espalda y apretó con fuerza su coño contra mi polla, consiguiendo una penetración profunda. “Para cariño para que me matas. Me haces daño con tu polla. Me siento llena”. Fue en ese instante en el que asustado le pregunté: “mamá te lo eché dentro, que tal si quedas embarazada”, ella sonriente me dijo: “tranqui pequeño, yo me cuido, además me operé para que no pudiera tener mas hijos tan morbosos como tú, además al único que quiero es a ti”, eso me excito aún más.
Estuvimos abrazados por un buen tiempo me preguntó: “te gusta como estoy”, yo en mi excitación y mirando como ese vestido negro lo tenia en sus caderas, y esa braga hacia un lado me excité de nuevo. “Claro mamá que me gustas, mira como se pone mi polla cuando te miro” le respondí inmediatamente. Le dije que se tendiera en la cama y comencé a besarle por todo el cuerpo. Ella estaba tan excitada como yo. Cuando llegué pasándole mi lengua a la altura de su ombligo, jadeaba y se movía, tal era su excitación. Separé sus piernas y comencé a comerme su coño. “Déjame, vamos a hacer un 69” me dijo. Me di la vuelta y metí mi polla en su boca. Comí despacio con suavidad su rajita de color rosado, introduciendo mi lengua en ella. Al momento explotó, tuvo un orgasmo descomunal. Su flujo vaginal caía sobre mi lengua. Limpié bien su vagina haciéndola correrse por segunda vez. Me aparté y la abracé. “Déjame que te la chupe, quiero que te corras en mi boca, me voy acomer toda tu leche” me dijo, pero le dije inmediatamente: “no, déjame, quiero correrme en tu culo” y ella me contestó un poco alterada: “estas loco, como vas a meterme esa verga tan grande en el culo, es imposible, no entrara, y además me vas a hacer mucho daño”. Ante mi insistencia, y a base de pasar mis dedos por su coño y su culo, accedió a que la penetrase por detrás.
De la mesilla cogió un bote de crema, se dio con ella en el ano y a mí en el glande, mojándome bien con ella toda la polla. Se puso en la posición del perrito y separó sus nalgas mostrándome su agujerito de color marrón. “Ponme crema en el culo, por favor y además suavízamelo un poco con tus dedos, sino, no conseguirás meterme todo eso” me dijo un poco preocupada. Estuve un rato introduciéndole un dedo con crema, unté un poco mi glande lo apoyé en su agujero. Apreté un poquito, tímidamente se abrió y penetró un poco la punta, pero comenzó a quejarse que le dolía, por lo que lo retiré y le di más crema. Así estuve bastante rato, hasta que conseguí introducir mi capullo. Ella se quejó un poco, pero yo me paré hasta que el estrecho orificio se acostumbró a lo que tenía dentro. Con suavidad, paciencia y vaselina conseguí penetrarla, llegando a introducir mi polla entera.
Ella gemía y se quejaba de dolor, pero cuando hube bombeado 8 o 10 veces su culo, los grititos de dolor cambiaron a: “así, así, fóllame bien. Me gusta tu polla, siento mi culo lleno de ti, cógeme el coño, me duele pero me gustaaaaa!”, luego gritaba que se iba a correr. Inmediatamente me corrí en su culo, llenándolo de leche, ella estiró sus piernas y me quedé acoplado hasta que mi polla, debido a la flaccidez, salió del estrecho conducto de su culo, que en aquel momento había dejado de ser virgen y estaba bastante abierto. Después de un buen tiempo, ella empezó a comer de nuevo mi verga hasta tal punto que estaba tan gorda y gruesa, de repente se subió encima de mÍ y empezó a cabalgar, lo hacia tan rápido que yo bombeaba con satisfacción y muy rápido también, mientras cabalgaba encima mío, yo le besaba y mordisqueaba sus pezones que estaban tan erectos y duros como una piedra, además nos dábamos besos apasionados, solo lengua, que la saliva salía y llegaba a sus senos y yo volvía y la lamía. Ella gritaba de emoción: “así, así hijo, complace a tu madre, llena el lugar por donde saliste, así, asiiii”. De pronto dejó de moverse y se paró, me preocupé y le pregunté que pasaba, ella lo único que hizo fue darse la vuelta y empezar a meter mi verga por su culo, mi verga dura y gorda empezaba a entrar con más facilidad que antes debido a todos esos jugos que mi madre soltaba cuando estábamos, cuando entró por completo mi verga en ese culo rosa, fue entonces que se empezó a mover más y más rápido, le gustaba que le metiera mi pollón por ese culo tan estrecho y húmedo, intentaba mordisquear sus tetas, ella lo único que me decía:” rompeme el culo, parteme en dos, toca mi clítoris con tus manos sudorosas”, yo emocionado lo hacia hasta el punto en que ella lo empezó a hacer por si misma, gemía como puta, hasta que no aguantó más y se vino, eso fue lo más espectacular, cuando se vino parecía una llave de agua, fue uno de los mejores orgasmos que había tenido en su vida y por supuesto conmigo. A los pocos minutos fui yo el que me vine en su culo, llené como nunca ese agujero tan delicioso. de repente se paró y empezó a comer mi verga, la comió tan bien que no dejó ni una sola gota de leche en ella y lo único que dijo al terminar fue: “Gracias cariño, eres lo mejor, me alegro de ser tu madre”, después de eso charlamos un poco y concluimos que ya no era necesario que me masturbara, que solo pensara que ella iba a estar ahí cuando la necesitara, y desde ese día cuando quiero una chica, mi buena madre y su buen culo esta, por cierto ahora cuando lo hacemos, siempre le gusta que le empiece rompiendo ese culo tan maravilloso.

AL SALIR DEL BAÑO


La relación con mi mamá es muy cercana, cariñosa y de mucha confianza ella siempre me ve desnudo pero yo no a ella aunque cuando era mas chico nos bañábamos juntos pero ya ni me acuerdo de eso. Lo que les voy a contar esta sucediendo en estos días. Estando solo con mamá me ha dado por espiarla cuando se ducha o cuando esta vistiéndose la verdad es que no he podido ver mucho solo cuando mamá anda en casa con ropa interior lo que me bastado para masturbarme pensando en su culo muy bien formado y sus enormes tetas. Pero lo que pasó este domingo rompió la monotonía. Yo estaba durmiendo cuando sentí unos gritos de mamá llamándome desde el baño. Me dice que le traiga la toalla, el solo ello de saber que tendría a mamá desnuda tan cerca me provocó que se me empinara el palo automáticamente. Entré al baño tratando de disimular mi erección. Le digo a mamá… aquí está la toalla y mamá abre la cortina… quedé helado por fin tenia mamá completamente desnuda frente a mis ojos aunque sólo por unos segundos iba saliendo del baño y mamá… me pide que traiga la crema para el cuerpo de está en su dormitorio, llego con la crema y mamá se estaba secando de espalda a la puerta con lo que pude apreciar con calma su culo enorme… se da cuenta que llegué con la crema… y se pone la tolla en la cintura y me pide la crema… al mirarme se da cuenta de la tremenda erección que a esa altura era imposible disimular… y me pregunta qué te pasa… nada por qué… mira como tienes el pene… ah es que tengo ganas de hacer pichi… bueno no te aguantes más y hace... me dio mucha vergüenza porque aunque no era primera vez que me veía meando nunca me había visto con tamaña erección… mientras trataba de hacer pis mamá se sacó la toalla y empezó esparcirse la crema por todo el cuerpo, yo la miraba por el espejo como pasaba su mano por su bello cuerpo terminó de hacerlo y al ver que yo todavía nos lograba hacer pis... mamá saliendo del baño me dice… te voy a dejar solo para que puedas desahogarte, sonríe y se va del baño… Yo no sé si es normal lo que estoy sintiendo, seguramente no, pero no puedo evitar calentarme con mamá. Por otra parte no sé por qué mamá hizo lo de hoy, seguramente fue sin querer.

martes, 12 de julio de 2016

MIRANDOSE EN EL ESPEJO


A los 38 años, Cristina empezó a preocuparse por su vida. Creía que ingresar a la cuarta década era casi como empezar a envejecer. Casada y con un hijo adolescente de 17 años, pensaba que no tenía mucho de que quejarse pero no era una mujer feliz. Aquella mañana se despertó angustiada. Había pasado la noche sin dormir luego de hacer el amor, como de costumbre con José, su esposo. Le preocupaba sentir que “eso” se había convertido en una costumbre, en una rutina en la que él disfrutaba a su manera y en la que cada día, mejor dicho cada noche… cada viernes por la noche… sentía ella que ya no sentía nada. Tenía que aceptarlo, que reconocer que no era feliz.

Como era sábado, no tenía que ir a trabajar, hubiera querido quedarse en la cama hasta avanzada la mañana. Pero también se dio cuenta que no soportaba más tiempo permanecer en el mismo lecho donde pocas horas antes había sido disfrutada, casi apropiada en su intimidad por su marido. Se levantó sin hacer ruido ni mover la cama y así desnuda, como había quedado, caminó lenta y pensativamente para observar su hermoso cuerpo en el amplio espejo que tenía en pasillo entre su habitación, el dormitorio de su hijo y el baño. Estaba tan ensimismada que no le importó en ese momento si su hijo salía de su habitación y la encontraba en su plena desnudez. Apuró el recorrido visual por su cuerpo, senos grandes, blancos como la leche, claros pezones erguidos, su cintura algo gruesa, buenas caderas y hermosos glúteos. Detuvo su mirada unos segundos en el casi amplio y tupido triángulo de vellos que cubrían su pubis y no dejaban ver sus labios más ocultos. De pronto sintió algo en su interior que le decía que estaba viva. Giró sobre sus delicados pies e ingresó rápidamente en el baño. Mirarse en el espejo la había excitado. Sin embargo, se resistía a reconocer que ella podía sentir emociones y placeres tan profundos y deliciosos que, creía, sólo los hombres podían tener. En realidad siempre tuvo una lucha interior para reconocer su sexualidad que bullía intensamente en su interior y que ella frecuentemente trataba de ignorar.

Esta vez, descubría que cada movimiento, cada pensamiento, cada centímetro de su piel, de todo su cuerpo, tenía una vida propia y latía en su interior, fluía como pequeñas y grandes oleadas de sensualidad que avanzaban raudamente hacia sus pechos concentrándose en sus pezones y también hacia su sexo humedeciendo su vagina y también un poco en su exterior. Todavía no comprendía bien qué ocurría en ella que le producía esas contracciones en sus paredes vaginales y esos latidos en aquel botón en flor que parecía electrizar todo su cuerpo y que se llama clítoris. Tenía un fuerte temor que le costó mucho esfuerzo vencer pero logró acariciar primero sus labios vaginales y luego de separarlos suavemente encontrar ese punto tan sensible y frotarlo ligera pero repetidamente con cada uno de sus dedos: había descubierto su clítoris, la llave del placer, la puerta de ingreso al paraíso, la catedral del orgasmo que, desgraciadamente, ignoraba su marido. Sí, ahora se daba cuenta que él era diferente a ella, no solamente porque pensaban de manera distinta sino porque ella podía sentir emociones y placeres que él no le podía producir. Se sintió muy mal y se dijo que algo tenía que hacer. Vio que habían pasado más de 15 minutos y abrió el grifo de la ducha y dejó correr un buen chorro de agua que le brindó excelentes masajes a su excitado cuerpo ayudándole a relajarse. Aseó todo su cuerpo, lavó sus cabellos, depiló sus axilas y luego… algo que siempre quiso pero nunca se atrevió siquiera a imaginar concientemente…, empezó a rasurar buena parte del vello que poblaba su pubis para mostrar su hermosa vulva con aquellos labios que nadie, aparte de su marido, había visto y cogiendo un espejo volvió a examinarse descubriendo aquella parte de su cuerpo que todos los varones querían de las mujeres, y que ella ahora tímidamente imaginaba que algún otro hombre podía acariciar, encender y hacerla disfrutar del amor. Se rasuró primero en la zona superior, luego en los costados con mucho cuidado, dejó apenas una breve zona de vello y tuvo una nueva sensación de desnudez pues podía mostrar su sexo en toda su plenitud y belleza. Se lavó, secó y luego pasó su mano sintiendo la suavidad de sus labios y cómo de ahí empezaba a fluir electricidad y a encender su cuerpo. Nada la podía detener y siguió con las caricias íntimas que nunca, nadie, ni ella misma, antes se había obsequiado, logrando masturbarse intensamente hasta producirse esas agradables convulsiones por oleadas que se entrecruzaban en el primer orgasmo verdadero que sentía desde que tenía marido… pero en ausencia de él, y descubrió que su marido ya no era necesario para hacerla feliz, porque ella podía serlo por sí misma. Luego de unos minutos, se relajó, recuperó la respiración que antes se había agitado alocadamente, se vistió con ropa ligera y cómoda, y salió del baño. Era otra. Fue una mujer la que había ingresado al baño una hora atrás, y otra, totalmente nueva, la mujer que salía en este momento, dueña de su propio cuerpo, de su propia intimidad.

En la casa todo seguía en silencio. Fue al dormitorio de su hijo, llamó a la puerta y al no obtener respuesta, ingresó encontrando a Mario profundamente dormido. Parada delante de su cama se quedó pensativa. Cuando adulto, ¿sería él un buen marido? ¿A qué edad descubriría el amor? ¿Haría feliz a alguna mujer? Aunque tenía 17 años y nunca pasó por su mente estas ideas, de pronto se aglutinaron en su mente, una tras otra, hincando sus temores. Luego de unos segundos de indecisión, lo cogió por un hombro moviéndolo apenas a la vez que le decía “hijo mío, levántate que es tarde”. No obteniendo una respuesta, repitió el llamado y levantó las sábanas e intentó, sin ocultar su propia risa, de alzar en brazos a su hijo y éste se vio obligado a sentarse al borde de la cama, reclamando que ese día no había que ir a la escuela. Cristina insistió logrando que, medio dormido medio despierto, se levante y vaya caminando zigzagueante al baño para despertarle plenamente con el agua fría de la ducha. Ayudado por su madre ingresó al baño, mientras ella le ayudaba a quitarse la polera que llevaba puesta. De pronto, Cristina se detuvo, su hijo sólo tenía unos bóxer y no se atrevió a quitárselos. Aunque antes ella siempre le había ayudado a bañarse hasta hacía unos de años, ahora sintió que estaba invadiendo la privacidad de su hijo a pesar de saber concientemente que no tenía por qué ser algo incorrecto ayudarle. No, por una fracción de segundo se dio cuenta que se había detenido porque le había dado curiosidad el ver cuánto habría crecido su hijo, saber si ya se estaba convirtiendo en un hombrecito y rápidamente, sus prejuicios y su mente la habían autocensurado. A la vez, esa sensación de que estaría haciendo algo malo le producía un interés mayor por ver la desnudez de su hijo y estaba paralizada por el dilema de controlarse y actuar decentemente o liberarse y satisfacer esa curiosidad carnal de descubrir cómo había cambiado el cuerpo de su hijo.

Insistió diciéndole a Mario que se despertara bien y que entre a la ducha pero él estaba tan somnoliento que Cristina se vio forzada a inclinarse un poco y coger el elástico de la cintura de los bóxer y bajarlos. Al principio volvió su cabeza para no ver pero a medida que lentamente le bajaba los bóxer a Mario sintió con gran fuerza la tentación de mirar y satisfacer su curiosidad. No, no podía estar teniendo esas sensaciones, esos deseo inadecuados en una madre. De pronto, puso en su mente la excusa de “no haré nada malo si sólo miro” y volvió su vista para descubrir que, efectivamente, Mario ya no era aquel niño que ella ayudaba a bañarse dos años atrás. Su sexo, su pene, había ganado en grosor, el glande se asomaba de la piel en la punta y los vellos crecían en su pubis. La imagen quedó grabada en la mente de Cristina. Abrió el grifo y dejó correr el agua fría que rápidamente despertó totalmente a su hijo y ella salió del baño, dejando a Mario en su privacidad. Estaba algo atolondrada, no podía pensar con claridad. No sabía cómo organizar en su mente todo lo ocurrido. ¡Al diablo! se dijo, no es lo mismo pensar y ver que hacer o coger, seguro son solamente mis prejuicios, y trató de olvidar lo sucedido.

No había dado dos pasos fuera del baño cuando en su mente apareció la curiosidad por saber si su hijo ya tenía conciencia de su cuerpo, si su pene tenía erecciones o si se masturbaba. De pronto se dijo que en realidad ella no conocía nada de su hijo. Siempre había tratado de ser una buena madre y estar muy cerca emocionalmente de su hijo. No sólo prepararle sus alimentos o asegurarle ropa limpia y esas cosas. También se había preocupado por si tenía alguna necesidad, algún temor o alguna duda pero ahora había abierto los ojos y descubierto que no sabía nada de lo que su hijo pensaba, hacía o sentía cuando ella no estaba delante de él. Tenía que ganarse su confianza para que él mismo pudiera decirle qué pensaba, qué sentía o qué dudas tenía ahora que era adolescente y cuando la sexualidad es algo tan importante. Si ella lo había visto desnudo ahora, si había visto con toda libertad su floreciente sexo, ¿por qué no podía conocer más de su hijo? Estas reflexiones la dejaron más tranquila, sí, se trataba de que ella no quería que su hijo fuera como su marido y que hiciera infeliz a una mujer como su madre. Y ella iba a ayudar a su hijo, sí, porque una madre también tenía el deber de asegurar la felicidad de su hijo, incluso la de su propia vida sexual. Ahora, Cristina se sintió bien, reconfortada y con una nueva obligación como madre… hasta que se percató que su hijo le llamaba desde la cocina preguntando por el desayuno. Ella sonrió en su interior y dijo, “allá voy cariño”.

Cristina se abocó a las tareas domésticas tratando de olvidar sus pensamientos y temores. José, su marido y Mario, su hijo, pronto estaban listos para salir. Como siempre ocurría, ellos volverían luego de unas horas esperando que la responsable madre y esposa les tuviera listo el almuerzo. No era de otra manera. ¿Qué otra cosa se podría esperar de ella? Cristina volvió a ser conciente de su situación y, nuevamente, se dio perfecta cuenta que debía cambiar la situación. Tenía que independizarse de las cadenas que la ataban a su marido y demostrarle a su hijo que una madre no sólo le lavaba la ropa y preparaba la comida. Preparó rápidamente una comida fría y la guardó en la nevera.

Fue a su habitación y, antes de ingresar, se percató otra vez del amplio espejo y se detuvo a mirarse. Algo le atraía fuertemente en el espejo, como si hubiera tomado vida propia, como si el espejo fuera ella misma que algo le quería decir. Miró su rostro, era conciente de su belleza y se consideraba una mujer bonita aunque su apreciación era objetiva y sabía que en un concurso de belleza ella no ocuparía los primeros lugares. No era una jovencita de 18 ó 20 años pero su cuerpo todavía mantenía una buena forma, le agradaba su mirada, el color y textura de su piel, sus cortos cabellos que hacía poco tiempo había teñido de un color oscuro. Pensativa empezó nuevamente a desnudarse. Nunca había sentido tanta satisfacción en desvestirse frente al espejo. Otras veces lo hacía rápidamente y sin prestar mayor atención. Ahora, se trataba de un acto totalmente sensual, quería sentir y disfrutar de cada momento, de cada centímetro de piel que descubría. Se había quedado en dos piezas, un sujetador grande y fuerte que cubría sus amplios senos sin dejar traslucir nada aunque sentía que sus pezones estaban erectos y tratando de liberarse. Su calzón, también de color carne, ocultaba sus más íntimos tesoros que empezaban a humedecerse y ya no mostraban a los lados, en el interior de sus muslos, los vellos que antes trataban de salir pues los había rasurado temprano por la mañana. Llevó sus manos hacia la espalda, desabrochó el sujetador y lo dejó caer lentamente, liberando sus palpitantes pechos y los hinchados pezones que acarició y pellizcó suavemente con ambas manos a la vez. Igual hizo quitándose el calzón que ya estaba humedecido en la entrepierna, lo miró detenidamente preguntándose cómo podía haberlos mojado tanto y tan rápido, olió aspirando fuertemente y sintió el intenso aroma de mujer, de hembra excitada y empezó a sentir el despertar de sus pechos, de su vagina, de su clítoris, en fin, de todo su cuerpo y dejó salir a la mujer que ya empezaba a ser. Así desnuda ingresó a su habitación y se acostó de espaldas iniciando un cuidadoso recorrido por todo su cuerpo. Se preguntaba internamente si otras mujeres conocían su cuerpo y su sexualidad así tan profundamente como ella estaba empezando a conocer. ¿Otras mujeres se acariciaban igual? ¿Con cuánta frecuencia se masturbaban? ¿Tenían curiosidad por el cuerpo de sus hijos? ¿Se sentían mal por pensar en el sexo, por querer disfrutar como otras personas? Continuó acariciándose lentamente cada zona que podía despertar, su cuello, sus hombros, sus axilas, sus pechos, sus pezones, su cintura, sus caderas, su vientre, sus labios vaginales, su clítoris, sus nalgas, su ano, sus muslos, sus piernas y sus pies, bajando y subiendo todo este recorrido tantas veces como quiso, hasta dedicar una mano a sus pechos y otra a su clítoris con furia y amor a la vez hasta liberar su fuerza interior, y soltar la tensión acumulada en esos momentos, desencadenando intensas convulsiones que recorrieron todo su cuerpo por varios minutos sin que nada lo pudiera detener. En esos momentos, por su mente pasaron miles de imágenes, que nunca antes hubiera sospechado guardaba en su interior y en ninguna de ellas se encontraba su marido, el siempre ausente José, pero sí tenían lugar especial sus amigos, algunos compañeros de trabajo y hasta Mario, su hijo. Poco a poco fue retomando la calma, sintiéndose muy relajada, cansada y satisfecha, hasta quedarse dormida. Cuando despertó, reparó que estaba desnuda, la puerta se había quedado abierta, José y Mario estaban en casa, creyó que acababan de llegar y el ruido de ellos le había despertado, sintió que su hijo ingresaba al baño. ¿Le habría visto desnuda sobre la cama? Sintió temor, un fuerte temor y a la vez que intentaba cubrirse con las manos, se levantó muy rápido y cogió una bata.

No es fácil tomar decisiones cuando se tienen dudas y temores. Muy despacio se acercó al baño, puso su oreja pegada a la puerta para escuchar. Primero sólo sintió silencio. Luego de unos momentos descubrió unos susurros donde apenas reconoció la voz de Mario y unos jadeos. Se sorprendió creyendo que se encontraba enfermo pero luego reaccionó y solamente pudo imaginar una cosa, sí, no había lugar a dudas, su hijo se estaba masturbando. Rápidamente vino a su mente los recuerdos de la mañana cuando intentaba que Mario ingresara a la ducha. La imagen de su hijo desnudo volvió con fuerza a su mente y ahora Cristina temblorosa trataba de combinar los gemidos y jadeos que escuchaba con el recuerdo de la desnudez de su hijo, y se sintió excitada, tremendamente excitada, sin poder controlar la humedad que surgía entre sus piernas ni los latidos de su clítoris. Sabía que su pequeño hijo ya se había convertido en un hombre que estaba liberando sus urgencias sexuales y que, seguramente, no tenía una mujer con quien disfrutar su naciente sexualidad. Curiosa situación, ella no tenía un hombre que le satisfaciera haciéndole el amor y su hijo todavía no conocía una mujer en toda su carnalidad y tenía que consolarse por su propia mano. De pronto, escuchó un gemido más fuerte y prolongado. Sabía que eso significaba que su hijo estaba eyaculando, que de su adolescente pene estaba brotando aquel licor de su naciente hombría. Nuevamente, volvió ella en sí y se dijo que tenía que hacer algo para ayudar a su hijo. No sabía cómo, pero ya encontraría la manera de hacerlo. Aunque ella no lo fuera, su hijo sí tenía que ser feliz y disfrutar de todos los tesoros de la sexualidad.

Toda la tarde la pasó tratando de distraerse viendo algo en la televisión sin lograrlo. Sólo quería que llegara la noche para dormirse y descansar. Como todos los sábados, su marido se reuniría con sus amigos, seguramente para hablar de mujeres y vanagloriarse de sus conquistas y falsos triunfos, cada cual sintiéndose más hombre que el otro. José volvería a casa muy de madrugada o al amanecer, algo bebido caminando titubeante para acostarse a dormir y no despertar hasta la tarde del domingo. Cristina pensaba que, siquiera por unas cuantas horas, estaría sola, libre de un extraño, sí eso era lo que sentía respecto de su marido. Intentaba concentrarse en la película que se mostraba en la pantalla pero no lo conseguía. Hoy había sido un día diferente, muy diferente a todos los anteriores en su vida. Estaba bastante cómoda en el sillón y buscaba de relajarse, se hallaba descalza disfrutando de esa sensación de libertad y agrado al rozar suavemente la alfombra con sus pies. Primero con uno y luego con otro como dibujando semicírculos pequeños y grandes. Llevaba una falda corta a mitad de muslo y, al separar y juntar sus piernas, sentía también la frescura del aire entre sus piernas. De un momento a otro se percató que Mario, su hijo la observaba con disimulo desde el sillón del frente, pero no tenía sus ojos puestos en ella sino en sus muslos y auscultaba su interior cada vez que ella separaba juguetonamente las piernas. Una nueva sensación llegó primero a su mente y luego a su cuerpo. Era admirada por su propio hijo. Sentía, por primera vez, que ella era un objeto sexual para su hijo, sí, se estaba exhibiendo espontáneamente ante Mario y le permitía observar su entrepierna, su calzón y, ahora recordaba, ya no podía ver los vellos que antes acostumbraban sobresalir por los costados de su calzón entre las piernas. Descubrió que, sin querer, estaba coqueteando con su hijo, y sin habérselo propuesto, lo estaba excitando, pues ella también lo observaba con disimulo para descubrir aquel bulto entre sus piernas que antes había ignorado y era una prueba fiel de la tremenda erección que tenía su querido hijo, gracias al cuerpo de su madre. No pasaron más que unos pocos minutos y Mario se levantó para dirigirse, qué duda cabía, al baño y satisfacer su intensa excitación, para masturbarse, para…. “correrse la paja”, sí esa era la expresión que usaban los hombres, los adolescentes para referirse a esta forma de placer solitario. Cristina sintió alegría y también excitación. Esperó unos minutos y ella también se levantó, fue hacia el baño, llamó a la puerta y preguntó “¿te sientes bien, querido?” para escuchar la respuesta temblorosa de su hijo “sí mamá, ¿por qué no lo iba a estar?”. Ella no supo qué decir.

Más tarde, por la noche, cuando José ya había salido, estaban viendo la televisión en silencio, Cristina se levantó diciendo que iba a ponerse cómoda de ropa y luego ir a dormir. Caminó lentamente sabiéndose observada por Mario y empezó a sentir un calor intenso por su cuerpo. Imaginó que su hijo miraba su trasero y el balanceo de sus nalgas al caminar. ¿Por qué les atrae tanto a los hombres el trasero de las mujeres? se preguntó. Y a medida que subía por las escaleras, su hijo quedaba justo debajo de ella, imaginó cómo estaría observándola debajo de su falda y trató de subir muy lentamente, prolongando aquellos segundos de voyeurismo adolescente y de exhibicionismo maternal. Antes de ingresar a su habitación se miró nuevamente al espejo, cuán diferente era vestida y desnuda, tranquila y excitada, oscura y transparente en toda su sexualidad que recién ahora empezaba a descubrir y disfrutar. Como el espejo estaba al extremo del pasillo, su hijo no la podía ver ahora, así que empezó a desnudarse, primero la falda y luego la blusa, seguida por el sujetador y finalmente su breve tanga. No le preocupó dejar tirada su ropa en el suelo, tal vez fuera una señal para Mario. Ingresó al baño y se sentó al inodoro para orinar. Por alguna extraña razón que todavía no entendía, cada movimiento, cada acto suyo podía tener una sensación diferente y nueva, alguna relación con su sexualidad, y el orinar empezó a convertirse en una oportunidad de placer, dejó correr lentamente el pequeño chorro de orina, como una lluvia dorada que le gustó disfrutar. Abrió el grifo de la ducha, combinó fría y caliente y se introdujo para recibir miles de gotas que volvían a masajear cada milímetro de su piel. Cuidadosamente fue jabonando cada parte de su cuerpo y excitándose con mayor habilidad y rapidez. No había llegado a su clítoris cuando le sorprendió un vendaval de convulsiones y placeres en un orgasmo cada vez mayor. Se cogió con ambas manos para no perder el equilibrio y mentalmente se prometió repetir ese orgasmo regalándose caricias en sus labios vaginales y en su clítoris cuando estuviera acostada, sola, en su cama.


Terminó de recuperar su aliento, se enjuagó bien y cerró el agua. Se sorprendió al no encontrar toalla alguna, iba a salir pero no quería mojar el piso. Tomó valor y llamó a su hijo pidiéndole que le alcance una toalla. A los pocos segundos Mario llamó a la puerta y Cristina le dijo que estaba abierta. Luego, la puerta se abrió unos pocos centímetros y Cristina dijo, con la voz más calmada que pudo simular, “discúlpame pero olvidé traer toallas, pasa hijo”. Mario se sorprendió al ver, por primera vez, a su madre desnuda sin escuchar que ella le decía que eso era natural y no tenía nada de malo. Mario no dejó de mirar a su madre, sus pechos, su sexo, de arriba a abajo y de abajo hacia arriba en los dos o tres segundos que le tomó entrar al baño y extender su mano con la toalla. Cristina se cubrió y se dio vuelta, mostrando sus desnudas nalgas para que su hijo tuviera una visión completa. Nuevamente se sentía satisfecha porque le había dado la oportunidad a su hijo de conocer nuevas emociones, porque había visto una mujer desnuda por primera vez y porque ella se dio cuenta sin duda alguna, que había empezado también a disfrutar exhibiendo su desnudez. Una sonrisa de placer se dibujó en su rostro cuando Mario ya había abandonado el baño, seguramente para dirigirse a su habitación y correr a masturbarse por tercera vez aquel día. Tranquila, Cristina se dirigió a su habitación, ya sin cuidado de ser vista desnuda y así se acostó en su cama, dejando la puerta semiabierta y luz de una pequeña lámpara encendida. Trató de dormirse pero no pudo, lo único que podía era revivir en su mente, todo lo que había ocurrido ese día.

lunes, 11 de julio de 2016

MI GORDA MADRE


Mi mamá es una mujer de 55 años y bastante gorda, pero un enorme culazo tan grande y muy lindo pesara unos 130kg., tiene una cara hermosa y unos pechos súper extra grandes, yo tengo 18 años y mi papá 60 años y una muy buena relación conmigo, desde casi siempre me masturbé pensando en esas hermosas tetas, pero nunca pasó de ahí, por lo menos hasta hace casi un mes. Todas las mañanas antes de ir a la prepa me despierto bien erecto y tengo que hacerme una paja y de vez en cuando mancho el calzoncillo, cuando esto pasa lo hago un bollo y lo dejo para lavar. Una de esas mañanas al llegar al cole me entero que estaba cerrado por no haber agua, sin hacerme problema vuelvo a mi casa. Entro apresurado para ir al baño y al abrir rápido la puerta veo a mi mamá completamente en calzón sentada en el inodoro y masturbándose con un cepillo metido hasta el fondo de su concha mientras pasaba su lengua sobre el semen de mi calzoncillo, nos quedamos tiesos los dos mirándonos a los ojos por unos segundos, yo con la boca abierta y ella con su lengua llena de mi leche, cuando siento la voz de mi papá que me pregunta que hacía de vuelta tan temprano. Rápido cierro la puerta y le explico lo del corte de agua, él se despidió de mí, de mi mamá con un grito y se fue a trabajar. Me senté en el living y estuve casi 20 minutos tratando de acomodar mis ideas, mientras en todo ese tiempo mi pija no dejó de estar dura, no comprendía lo que pasaba, pero me excitaba y mucho. Fue entonces cuando escucho por fin la puerta del baño y mi madre ya con su camisón puesto se sienta frente a mí y pide aclararme lo que pasó, sin decirle una palabra la miré a los ojos y me hice todo oído. Casi al borde del llanto comenzó diciéndome que papá casi nunca la tocaba y que ella estaba segura que él tenía una amante, pero que no podía culparlo ya que ella era gorda y fea y que su tremenda calentura la llevó a excitarse con su propio hijo. Ahí la interrumpí y le pregunté que otra cosa hacía pensando en mí, me contó que mientras yo dormía boca arriba ella se masturbaba al lado de mi cama. Después me pidió disculpas y juró que jamás volveríamos a pasar por esta situación, fue ahí cuando la interrumpí y le dije que yo también era culpable ya que me había masturbado pensado en ella mil veces y que jamás la había visto como a una gorda fea, que al contrario la veía hermosa y muy mujer, ella no me creyó y decía que yo solo lo hacía para hacerla sentir un poco mejor. Me paré, me puse frente a ella, tome su mano y la apoyé en mi pija que estaba como una piedra y le dije, esto te parece mentira, después me bajé los pantalones y acerqué su cara a mi pija y ella la chupó gustosa, lo hacía perfecto, se notaba que sabía lo que hacía, solo la interrumpí para tomarla de la mano y llevarla a su cuarto. Al llegar le quité el calzón color amarillo la recosté en la cama y le dije: ahora te voy a demostrar que no te miento, y hundí mi cara en su concha, ¡que hermoso gusto!, que labios carnosos, chupé esos labios como un loco, trataba de meter la lengua lo más adentro posible, estuve así como 28 minutos en los cuales ella no dejó de gemir y le conté por lo menos cuatro orgasmos que llenaron mi boca de su hermoso néctar, después separé sus redondas piernas, corrí un poco su gran abdomen y le introduje hasta el fondo la pija. Gritaba como loca y cuanto más gritaba más fuerte la cogía, veía su cara y estaba feliz, se pellizcaba los pezones, mordía las almohadas y gritaba que me amaba que quería mi leche y que siempre había soñado con este día. A los 10 minutos la inundé de mi leche, pero no saqué la pija, chupé esas tetas gigantes con las que tantas pajas me hice, mordí esos pezones redondos como un cenicero y enseguida estaba erecto de nuevo, bombeaba como un potro y ella seguía gritando, casi disfónica, pero seguía, acabé de nuevo, pero ahora había tardado bastante más y volví a lamerle los pechos sin salir de ella. La miré a los ojos y de muy cerca le dije que saque la lengua y la deje fuera de su boca, ella obedeció enseguida y aproveché para lamer su lengua, la metí en mi boca y la saboreé toda, esto me puso al palo de otra vez y volví a embestirla, pero esta vez estaba dispuesto a matarla a pijazos, de a ratos la miraba y veía que lloraba de alegría, después se reía y al rato volvía a llorar. Sin exagerar la cogí más de 40 minutos sin parar, estaba cansado, pero orgulloso de regalarle tal cogida a mi mamá, cuando acabé me temblaban las piernas, los brazos y todo el cuerpo, ella estaba casi desmayada de placer, la besé en la boca, lamí todos sus dientes, chupé el sudor de su gordo cuello y le dije al oído: prepara algo de comer que de postre te cojo igual que ahora, pero por el culo. Ella se sorprendió y con las pocas fuerzas que le quedaban me contó que nunca lo había usado para eso, pero que para mí desde ahora no existía el no. Desde esa vez y al día de hoy me la cogí todos los santos días, como es obesa no puede ponerse sobre mi ni cambiar tan fácil de posición, pero compensa todo con la calentura que tiene, con el morbo de saber que es mi mamá y con la hermosa sensación de hacer cornudo a papá, porque ahora su macho soy yo.


miércoles, 30 de julio de 2014

LA MAMA DEL ESTUDIANTE DE MEDICINA


Mi hijo necesita ayuda para practicar los primeros auxilios. A mí siempre me han puesto mucho los médicos apuestos, así que acepto encantada “practicar” juntos. Me encanta ser mala… Éste es mi primer relato. Soy fan desde pequeñito de este tipo de relatos y ahora quiero dedicarlo a todos los escritores que me han hecho pasar horas de placer haciendo volar mi imaginación. He leído miles de ellos. Agradecería sugerencias y críticas. También fantasías que llevar a cabo que me proporcionen material para nuevos relatos. Y sobre todo, me encantaría también contactar con madres que sientan algo así para que cuenten cómo es lo que yo sólo puedo imaginar. A todas ellas, un beso de enamorado. Siempre he sido una mujer caliente, especialmente al alcanzar los 40. Después de una educación de colegio de monjas y una familia en la que no se hablaba de sexo y un paso por la adolescencia y la juventud con iniciaciones tímidas, en la madurez se me ofreció una plenitud tanto psíquica como sensorial. Como si el sexo fuese una fruta que madura a su tiempo, me he dado cuenta de que mi vida sexual ha ido creciendo como el buen vino, con mayores matices y gustos en el paladar (en ocasiones literalmente, jajaja). Leer relatos eróticos y masturbarme con ellos, me ha hecho llevar el erotismo conmigo a todas horas. Inventar y soñar situaciones que luego he hecho realidad o no, pero que me han aportado muchos buenos momentos. También en el aspecto físico creo que estoy en plena plenitud. En el del atractivo, quiero decir. Creo que una mujer es atractiva cuando ella lo siente, y en mi caso, sé que puedo poner de rodillas a cualquier hombre, sólo con mi mirada. No es necesario que les muestre algo de mis largas piernas tersas por las horas de gimnasio, ni mi culo duro y respingón, ni mis grandes pechos con pezones hipersensibles. Creo que cuando pasan por mi lado, sienten lo hembra que soy y eso ya les hace ponerse alerta. El protagonista de esta historia es mi hijo. Tiene 21 años y es un chico alegre y guapete. No me cuenta nada, pero he oído por el barrio que se le ve con alguna chica paseando. Me imagino que ya tendrá experiencia el plano sexual, pero no es un juerguista porque estudia bastante y sale sólo de vez en cuanto hasta tarde. Cursa la carrera de Medicina desde hace 3 años, así que ya ha comenzado con las prácticas con pacientes. Me cuenta sus experiencias en el hospital donde va diariamente. Ha pasado ya la época de los libros y microscopios a tratar con pacientes. En este año ya tiene su primer contacto con inyecciones, yesos y otras técnicas que tiene que aprender. Es una época bonita, ya que por primera vez empieza a sentirse médico de verdad. Es lo que ha querido hacer siempre y los hemos apoyado mucho. A él le entusiasma y, como buen estudiante, se toma muy en serio todas las prácticas, lo que es importante también para tener las mejores notas de cara a elegir especialidad. Además de tener vocación, es una persona muy metódica y ordenada. Le veo repasar el material que necesita y va a comprarlo, asegurándose antes de salir de casa, de que no le falta de nada. Ha comenzado un curso de algo que le encanta, los primeros auxilios. Como buen médico, tiene que estar preparado para atender una emergencia en cualquier lugar. Es su deber. Para ello, tiene un curso teórico y práctico. Mi hijo me empieza a contar ilusionado, cómo en el curso le enseñan a hacer masaje cardiaco, a poner cánulas intrafaríngeas o a dar electroshocks a lo George Cloony en Emergency Room. A mí lo de imaginar estas situaciones como que me iba poniendo. Siempre me han gustado esas series televisivas de médicos, que solemos ver juntos. Me ponían mucho los médicos con sus cuerpos musculosos bajo la bata, su seguridad en sí mismos, y la intimidad, lo cerca que llegan a estar de sus pacientes femeninas. Ahora me cuenta cómo él tiene que practicar con sus compañeras y compañeros para aprender y llegar a ser también un médico seguro de sí mismo y sexy. Pienso lo afortunadas que son sus compañeras al tener que ser “masajeadas” y aplicarles el boca a boca un chico fuerte y dispuesto a hacer lo que sea por salvarle la vida. El horno que llevo dentro se ha encendido con estos pensamientos. Sin embargo, mi hijo me cuenta que casi todo lo hacen con un maniquí de goma, que no tiene brazos ni piernas. Una lástima, pienso yo, con lo necesario que debe ser practicar con personas reales. Un muñeco frio no va a ser lo mismo. Tendremos que ponerle algo de interés a las prácticas para convertir el deber en placer, no? Hoy ha venido nervioso, tiene el examen práctico pasado mañana. Ya ha aprobado con nota el teórico. El problema del práctico, es que tiene que solucionar un caso clínico que le presenta el profesor. No sólo se valora el saber, sino que tiene que tomar decisiones y actuar rápidamente para hacerlo bien. Lo veo por casa dando vueltas. Su padre ha salido de viaje y estamos los dos solos. Me dice que no sabe qué utilizar de maniquí. Que le gustaría repasar. Algunos de sus compañeros lo hacen con una caja, a la que han atado una pelota como cabeza. Me pide si le puedo dejar una caja. Tras mirar las de la leche y alguna más que había por casa, no hemos encontrado nada decente. Entonces me viene a la memoria la escena de George Cloony y mi cerebro clitoriano se enciende y me empuja a decir… “¿Y si me pongo yo de paciente para que hagas la práctica? Así no pierdes el tiempo buscando una caja y ya que tengo el fin de semana libre porque no está tu padre, puedo aprender algo de primeros auxilios”. “ Umm, bueno, sólo me quedan dos días para el examen. Te lo agradezco”. “Entonces no perdamos el tiempo y vamos a empezar. Busco mi esterilla de yoga y me preparo enseguida”. Me voy a mi habitación a por la esterilla y, de paso, me miro en el espejo. Recojo mi pelo largo en una coleta y me cambio el pijama por un camisón cortito y un poco escotado pensando en el acceso al corazón y los pulmones. Desde arriba se puede tener una buena panorámica de mis tetazas. Cuando salgo al salón, parece que no esperaba algo así. Le ha impactado mi camisón, ya que mira mi canalillo intentando disimular. Mis tetas se muestran desafiantes, con poderío.  Parece como si se estuviera arrepintiendo. Seguro que está  pensando en la situación que le viene de tener que acercarse y tocar sobre mis exuberantes pechos. Pero no le voy a dejar echarse atrás. “¿Doctor, cómo me tengo que poner? “ Tengo mucha ilusión por ser conejillo de indias de un apuesto médico y me propongo disfrutarlo. “Pues túmbate y comenzamos”. Tumbada boca arriba siento como mi cuerpo empieza a hervir con la emoción de la situación mientras él prepara todo el instrumental a su lado. “Bueno, ¿qué me vas a hacer primero? ¿Qué quieres practicar conmigo? “Son preguntas sugerentes, abiertas, para dejar la imaginación volar… “Primero quiero practicar la llegada al accidentado. Tú estás herida por un accidente, no sé si respiras y estás consciente. Hola, ¿me escuchas?” Me chilla al oído. “Como no respondes te tendría que soltar la ropa”. Ojalá, lo hiciera. No me toca, ya que mi camisón ya está bastante abierto y mi cuello y la parte superior del pecho libres. “Ahora vería si respiras”. Lo veo acercarse tímidamente y apoya la cabeza sobre mi esternón. Mis globos le tapan la vista. Los contempla mientras suben y bajan por mi respiración, cada vez más acelerada, mientras él se dedica a recorrer con la vista cada uno de los centímetros de piel del estrecho y profundo valle que forman mis montículos. Se queda en esta posición durante unos largos segundos. El espectáculo que está viendo, protegido por el juego de su práctica le está gustando mucho por lo que parece. “No respiras”. Vaya si respiro, mi respiración está bastante agitada, mis pechos quieren salir del camisón, y su boca está tan cerca… “Ahora pasaríamos al masaje cardiaco y a la respiración boca a boca”. Esto se pone interesante. “¿Qué vas a hacer mi nene?” Coloca mi cabeza hacia atrás y me tapa la nariz. Mi boca se abre e instintivamente sacando la lengua y respirando con suspiros agitados. Mi niño me observa mientras me entrego a su boca, pero sus reparos le hacen sólo acercarse, de manera que siento su aliento mientras sopla sobre mi boca. Mi lengua está expectante. Desea lamer la suya y sentir sus deliciosos labios. “Uno”. (Pone las manos en mi esternón mientras le miro como un corderito degollado. Me aprieta sobre la parte superior de los pechos haciendo 15 repeticiones. Aprieta suavemente sobre mis globos de carne, que amenazan con romper el camisón por la presión a la que están sometidos. Y vuelve a colocarme la cabeza, mientras yo cierro los ojos y me dejo llevar. Mis pezones están poniéndose duros con el bamboleo y los achuchones que me da en las tetas. Se marcan claramente en el camisón. Esto me está gustando, pero mejor si fuese más suave. Me gustaría que siguiese dando saltos sobre mí, pero de otra forma. Con ese ímpetu y cadencia, podríamos hacer algo mejor. Ah, ah, ah, ah…jadeamos ambos con cada nuevo masaje. La situación está cada vez más caliente. Noto sus caricias sobre mis pechos y su aliento me llena la boca,  pero yo sigo portándome como una niña buena aunque me cueste horrores. La calentura va por dentro. “Esto es la RCP básica. Ahora puedo pasar a la RCP avanzada. Si no respiras podría intubarte con una cánula que se mete en la boca hasta la faringe”. Estaría encantada de recibir algo bien al fondo de mi garganta. ¿Puedo elegir lo que me vas a meter? “Y luego, tras comprobar que no tienes pulso y no hay latido en el electro, cogería unas palas de electroschock para desfibrilarte”. “Claro, esta es la parte emocionante de las series…Pues coge unos guantes y simulas el desfibrilador. ¿A que me van a dar el Oscar por la buena interpretación?”. “Jajaja. Claro, mamá. Para la próxima serie de médicos te van a llamar” Sí, de la cachonda que se cepilla a todos. “De acuerdo, pero hay que simularlo perfectamente”. Umm, a mi chico ya le iba gustando la actuación que estábamos haciendo. Lo que no sabía es que su madre estaba con ganas de jugar, y es muy, muy juguetona. Me levanto parte del camisón para que pueda ponerme las palas sobre el tórax. Enseño mis bragas finas y parte de mi sujetador a juego. Ambas prendas son muy escuetas y sexis y mi hijo no puede dejar de pasar una mirada de aprobación. Mis grandes melones no dejan espacio, por lo que tiene que poner los guantes uno arriba del izquierdo y otro debajo. Ya no puede contenerse y toca con disimulo ambos pechos, con la excusa de buscar el lugar correcto para colocarlos. Está excitado, lo he metido en el juego y ahora ve que puede jugar conmigo. Esto se pone interesante. Mi chocho está lubricando a más no poder. Empezamos a sudar y la excitación está a flor de piel. “Uno, dos y tres!! Electroschock!! (Ahora es mi momento. Me pongo a temblar como si me hubiese dado una convulsión por todo el cuerpo. Mis tetas botan y botan de un lado para otro. Sus ojos se salen de las órbitas ante lo inesperado del espectáculo. Me proyecto hacia él para rozarme lo máximo posible, consiguiendo ponerlo aún más nervioso. Se ríe de lo exagerado de mi actuación, pero la aprueba con la mirada. “Otra descarga: uno, dos y tres!! Electroschock!!“Me tiro directamente sobre él, que se ríe de buena gana, mientras mis manos buscan rozar su paquete. Lo consigo, es difícil no tocarlo, ya que está enorme y lo tengo a escasos centímetros de mi mano. Mi actuación está siendo muy convincente, por lo que parece que quiere seguir con el show. Intenta seguir con la práctica, aunque la mente no está en lo que está haciendo, sino en lo que está pasando. El cuerpo le pide más. “Y la última descarga: uno, dos y tres!! Electroschock!!” Tras otro salto y sobada de su caliente paquete, maniobra que facilita al apartar y subir los brazos, dejos los mios abiertos buscándolo. He resucitado y mis manos agarran lo primero que encuentran, su duro mástil sobre los pantalones. Lo siento palpitante y aprovecho para acariciarlo sobre el pantalón del pijama. “He resucitado. Gracias, cariño. Me has salvado la vida!” Estoy jadeando con mis piernas abiertas y el camisón removido. Se aprecia en mis braguitas blancas la humedad que desprendo. El olor en la habitación es a hembra, mi olor. Necesito pensar algo para buscar acabar con la tensión del ambiente. Mi niño me mira con los ojos de deseo, pero sin saber cuál será el siguiente paso. “¿Y qué pasaría si me ahogo? Creo que no me he atragantado con algo”. Digo entre jadeos que parecen mucho más gemidos de perra en celo.“Si tienes un objeto atascado en la garganta, te haría la maniobra de Heimlich”. Mi hijo me rodea por la espalda. Se pega a mi cuerpo y con los brazos me envuelve en un abrazo brutal porque no se puede contener de lo excitado que está. Quiere tocarme y apretarse contra mí. Me levanta en vilo con sus vigorosos brazos y luego me baja. Su pecho se apoya sobre mi espalda. Apoya su mástil endurecido sobre la raja de mi culo. Con las manos levanta mis pechos por debajo y empieza a empujar sobre la parte alta de mi abdomen con las manos. Pero lo interesante es lo que pasa por detrás. Lo siento embestir una y otra vez con la presión de su falo sobre mi orto. Hace como si intentase sacar el objeto de mi garganta, pero más que por la presión de sus manos, se diría que lo intenta con su pollón sobre mi agujero anal, martilleando como un pájaro carpintero, que lo recibe abriéndose del gusto. Como un sifón que sopla por un agujerito pequeño. Qué rica sensación. No puedo más que suspirar y gemir sin control como si me estuviera ahogando, pero no es actuación, me estoy corriendo del morbo de ver a mi nene empitonándome por detrás con toda la fuerza de un toro bravo desbocado. Hasta que lo noto estallar en una corrida, que tiene que haber sido abundante. Sus ojos están en blanco y su cara tiene un rictus orgásmico. Tiene que haber soltado una buena lechada, ya que la excitación que llevaba era grande, grande y muy dura. Pasados unos segundos de máximo placer,  intenta recomponerse y me sonríe como si nada hubiera pasado. Pero yo me quedado con su cara de placer al poseer a su madre. Al tenerme a su disposición y disfrutar del roce de nuestros cuerpos. Yo también estoy chorreando flujos. Necesito tocarme un poco para lograr llegar al punto de no retorno. Lo voy a hacer a mi dormitorio, no sin antes despedirme. “Doctor, qué bueno que es. Me ha desatascado enterita. Ya respiro y el corazón parece que late”. Le llevo la mano descaradamente a mi pecho para que lo toque un poquito, lo cual hace con menos pudor. “Por haberme salvado, me ofrezco para que mañana repasemos de nuevo”. “Claro, mamá. Mañana tengo que hacerlo todo perfecto”. “Eso espero, hijo. Eso espero”. En mi habitación me hago un dedo magnífico pensando en la morbosa situación con mi hijo y la oportunidad de disfrutar aún más mañana. Mi hijo parece que ha dejado la timidez de lado y está dispuesto a jugar fuerte. Seguro que él también se va a tocar esta noche para aliviar tanto estrés acumulado. Mejor para él, porque mañana lo pienso poner al límite, pienso mientras me meto un dedo bien dentro de la vagina y con el otro me toco el pezón que ha tocado sobre el camisón mi hijo hace un momento. No voy a poder dormir de la excitación, así que me voy a agotar a orgasmos. Hoy tengo material para pasar la noche en vela. En vez de ovejitas voy a contar médicos, aunque todos tienen la cara de mi hijo. Por la mañana me levanto con una sonrisa de oreja a oreja. He soñado muchas delicias tras varios fuertes orgasmos. Pero sobre todo, he pensado en nuevas situaciones para provocar y hacer disfrutar a mi nene. Por la mañana va a la biblioteca a estudiar, lo que me da tiempo  para ir a compra el camisón que necesito. En el sexshop del barrio he visto uno que tiene una faldita y bajo la falda una abertura que deja  acceso a mi sexo. Como lo tengo depiladito, sólo con un mechoncito en el monte de Venus, desde atrás la vista es excelente si me agacho. Si no, parece una faldita corta, que cubre lo justito, dejando el inicio del culo provocativamente al descubierto con el mínimo movimiento. Me encanta sentirme así de caliente, provocadora y libre. Estoy deseando que llegue la tarde para otra sesión de prácticas. Mi cuerpo necesita más. Nerviosa, noto como ya estoy mojada sólo de pensarlo. Cuento los minutos para que llegue, pero prefiero que sea él el que me busque. “Bueno, mamá. ¿Podemos comenzar la práctica ya?” Mi hijo me avisa desde el salón. Se nota que está impaciente. Salgo con el nuevo camisón como si nada ocurriese, aunque tengo muchas ganas. Mi cuerpo sensual y mi camisón casi le causan un infarto. Le veo cómo me mira con lujuria. Sí, es puro fuego lo que desprenden sus ojos. Me quedan con la mirada. Él se ha puesto la bata. Qué guapo está. “Así vestido nos metemos mejor en el papel” Me dice sonriente. “Sí,  cuanto más real, mejor…” Creo que él también trama algo… “Adelante”. Me tumbo y comienza el espectáculo. “Comenzamos con la RCP básica”. Me coloca la cabeza hacia detrás y tras tomarme el pulso y “escuchar mi respiración” durante unos tiernos segundos en los que reposa sobre mi pecho, damos comienzo a la acción. Me he puesto el perfume más sensual que tengo y al acercarse lo nota de inmediato. Es toda una declaración de guerra. Como hizo ayer, comienza colocando su boca casi sobre la mía, pero sin tocarse, y yo la abro bien para intentar atraerla. Duda pero apoya sus labios sobre los míos suavemente y sopla aire. El aliento de mi niño es fresco y su olor varonil me lleva la sangre a la cabeza. El contacto ha sido mínimo, pero ha provocado un chispazo que inicia un incendio en mi interior. Ahora pasa a masajear el tórax con empujones rítmicos dejándose caer sobre mí. Lo veo tan cerca y mis deseos son tan fuertes…que tengo que controlarme con todas mis fuerzas para no saltar sobre él. Cuando aproxima su boca de nuevo, esta vez ya se encuentra con la mía recibiéndole. Esta vez mi lengua está expectante y se lanza hacia sus labios como bienvenida. No sopla por la sorpresa, lo que me da tiempo a sentir sus labios bien apoyados sobre los míos. Como deja un espacio libre, aprovecho para sacar mi lengua un poquito y lamerle el labio superior ligeramente. El masaje que sigue cada vez es menos agitado y más sensual. Parece como si contase más rápido para volver a sumergirse en un beso con los labios calientes de su madre. Los besos se alargan y son cada vez más húmedos. Le está gustando que su madre le chupe los labios, que mi lengua profundice suavemente en su boca y toque sus dientes y encías. Nuestra calentura se dispara. Se nota que ambos estamos con muchas ganas. Así que doy paso al siguiente punto de mi plan. “Vamos a continuar con el electroschok”. “Vale…” dice mi niño dando a entender que quería seguir “practicando” el boca a boca. “Pero esta vez no le pongas tanto voltaje que casi me abrasas…” le insinúo con una sonrisa divertida y mirándole profundamente a los ojos. “Jajaja, seré cuidadoso” me contesta siguiéndome la broma. Manosea por encima de mi camisón, que tiene un tacto muy suave. Los pezones se transparentan casi totalmente. Se prepara para la descarga y yo para mi actuación estelar. “Uno, dos y tres!! Electroschock!!” Comienzo a botar y botar, mis manos tocan su pecho, sus muslos y busco su duro mástil como ayer. Tiene un botón de la bata abierto y por ahí se cuela mi mano. Mi corazón me da un vuelco al tocar la piel de su pene duro y caliente. Ese era su plan. Siento su dureza y las venas que están a punto de estallar de la excitación. Mientras lo masajeo moviendo su piel adelante y atrás al ritmo de mis “convulsiones” el camisón, al ser más abierto, deja salir uno de mis pechos, que rebota delante de la cara de mi hijo. El duro pezón casi le saca un ojo al pobre, que sigue su movimiento descontrolado. Cuando paro, él quiere seguir cuanto antes, para no darme tiempo a colocarme el camisón. Sigo con la mano metida en su bata, pero no me muevo. “Uno, dos y tres!! Electroschock!!” Vuelvo a saltar fulminada por un rayo y mi movimiento sobre su mástil se repite para su placer. Le masturbo descaradamente con mi mano bien sujeta a su rabo. Esta vez también se sale el otro pecho y los dos chocan entre sí una y otra vez delante de su embobada cara. A mi nene se le cae la baba con el espectáculo y con la paja que le estoy haciendo. Más, más, otra vez. “Uno, dos y tres!! Electroschock!!” También la parte de abajo del camisón se levanta y aparece la braguita con apertura. Dirige su mirada hacia mi entrepierna y sus pupilas se abren para intentar mirar mi rajita mientras salto de un lado a otro. El camisón no se lo pone fácil, pero ha podido ver algo. Noto en la mano la humedad que está desprendiendo su glande. Toco la zona del frenillo con mi dedo pulgar para darle más gustito… “Nene, me has dejado agotada…” Le digo espatarrada, con respiración agitada e intentando recomponer mi aspecto. Saco la mano de su bata, con pena por tener que soltar tan lindo trozo de carne. Pongo en su sitio mi camisón mirándole a los ojos. Meto mis pechos de vuelta a su lugar con pausa. Mi hijo se come con la mirada. “Pero si aún no hemos terminado…” “Ya, ya…quieres probar la maniobra esa de ayer, no?” Le digo en un tono retante. “Sí, claro. No podemos dejar la práctica sin terminar” “Pues si te aplicas bien en esta parte, apuntas al sobresaliente” “Intentaré ganármelo” “Vas a tener que sudarlo, ya que esta vez es quiero que continúes hasta que saques el objeto de mi interior” Ya hemos visto las armas del otro. Las cartas están sobre la mesa. ¿Cómo acabará esto? Me pongo de pie y él se coloca tras de mí. Estoy abierta y dispuesta. Siento mis jugos vaginales caer por mis muslos. Mi chocho está anhelante. Me abraza e inmediatamente desplazo mi culo hacia detrás para empotrarme contra su pelvis. Mi camisón se levanta con el gesto. El acceso está libre. Noto que algo se cuela por parte abierta de su bata. Lo siento húmedo y caliente sobre la piel de mi vulva. “Vamos, mi amor, comienza a empujar” “Espera, mamá, que me coloque bien”. Su enorme pene tantea la entrada de mi horno. Está en la temperatura y humedad perfectas para meter su barra de pan.  No es muy larga, pero sí muy gorda. Me siento como  una campana temblado con cada golpe de badajo con sus movimientos pélvicos. Sus primeras embestidas golpean contra mi culo, contra mis labios mayores, mi clítorix, mi zona anal…pero no logra encontrar el camino. A mí esto me está poniendo hirviendo…Y a él más nervioso. Pero no podemos romper las reglas, así que ninguno deja su papel. Sigue intentándolo con cada pitonazo. Yo muevo el culo también para buscar empalarme sobre esa gran tranca, pero creo que aún lo estoy poniendo más difícil. Por fin, de improvisto, se produce la estocada mortal… Su gran barra de carne encuentra el camino de mi cueva y me ensarta como una lanza al rojo vivo. Mi grito es desgarrador. No lo puedo contener. Siento como si me hubiera abierto en canal…Pero la sensación es tan deliciosa que mis paredes vaginales lo estrangulan para no dejarlo salir. Con el acople realizado, comienza un movimiento totalmente coordinado de pistoneo por parte de nuestros sexos. Su polla se va abriendo hueco hasta llegar al cuello de mi útero. Está recorriendo el mismo camino que hizo una vez, pero en sentido inverso. Sus manos dejan de “empujarme” y pasan a controlar ambos pechos. Los pezones pinchan en sus palmas. “Ahora, sigue hasta que lo expulses” “Claro, mamá” Qué obediente es mi hijo… Me folla rítmicamente, como si su batuta dirigiera un concierto de la filarmónica. O por lo menos yo oigo a la orquesta entera jadeando y suspirando. Por un lado me gustaría quitarme la ropa y quitarle a él esa bata para poder cambiar de postura, pero eso iría contra las reglas del juego que hemos puesto en escena, así que tiene que follarme con la bata puesta y a través de la apertura que deja para su pene. Su ritmo aumenta y ambos avanzamos juntos hacia el orgasmo. Me muerdo el labio superior mientras recibo pollazos profundos. Se nota que se ha hecho muchas pajas en estas 24 horas, ya que su aguante parece no tener fín. Folla que te folla durante minutos. Su taladro perforándome los más hondo de mi alma y mi vagina sufriendo y disfrutando al mismo tiempo de la distensión que produce el calibre de su cañón. En el comienzo de mi éxtasis, echo las manos hacia detrás y cojo ambos cachetes de su culo para acompañarle en las embestidas e indicarle que no se le ocurra salir de mi interior. Él comprende mi indicación y la calentura que le produce que su madre le pida que se corra en mi chocho. Ya sólo quedan unas embestidas, aprieta mis tetas con brusquedad y me clava tan profundo su estaca que perece que me va a sacar el “cuerpo extraño” de la garganta de un pollazo. Ha sido un orgasmo brutal y ambos estamos que nos fallan las piernas. La postura era difícil de mantener, por lo que ahora nos duelen las rodillas y mi musculatura está tan relajada, que no puede mantenerme en pie. Se arregla la bata, escondiendo su instrumento rápidamente. Yo me pongo la mano en la frente e intento recuperar el aliento. “Creo que te voy a dar un 10. Eres muy bueno con la materia. Me ha encantado hacer de paciente de prácticas”. “Pues ya te pediré ayuda cuando tenga que hacer otro examen práctico”. “Claro, mamá siempre estará preparada para ayudarte”. “Gracias, mamá”.

domingo, 27 de julio de 2014

MADRE FELIZ


Y entonces sucedió. Se acerco a su hijo y lo beso en la boca. Primero suavemente y después se convirtió en algo salvaje, obsceno, sucio y delicioso. Él correspondió a la caricia tomándola de la cintura y acercando su cuerpo al de su madre para que sintiera su hombría que reaccionaba con dureza implacable, viril y llena de deseos. Ella se abandono y su feminidad broto por sus poros pidiendo sexo, amor y pasión. El hijo llevo sus manos a los pechos de su madre y los toco superficialmente y después introdujo sus manos entre la blusa y su carne trémula. Disfruto del olor de su sudor mezclado con su perfume En ese momento ella supo que ya no había vuelta atrás. Que seria la amante de su hijo. Se fueron a la recamara abrazados. Casi se caen por ir besándose y acariciándose entre si. Al llegar ante la cama él apretó su cuerpo por detrás de su madre y ella sintió en las nalgas la dureza del pene de su hijo. El le levantó la blusa y le liberó el brasier dejando saltar las tetas blancas como el marfil con sus pequeños pezones rojos. Ella hizo un gesto pudoroso pero el le tomó las manos y las separó, acariciándole las tetas. La besó en el cuello y al sentir su sabor y su aroma sintió un inmenso placer. Con una mano le bajó la falda, las bragas hasta media pierna y se abrió la bragueta liberando su pene, que estallaba de dureza. Lo coloco entre las nalgas de su madre que sintió un escalofrió que le recorrió el cuerpo. Siguió besándole el cuello, hasta que ella no soportó la caricia y se volteo de frente a el. Entonces se besaron por varios minutos. Besos tiernos, lujuriosos, apasionados. Terminaron de desvestirse y el la recostó sobre la cama y se coloco entre sus piernas. Ella esperaba la penetración pero para su sorpresa su hijo se hincó ante ella y llevo su boca a su vagina. Se puso tensa en un principio pero no quiso romper la magia del momento y aflojo el cuerpo dejando hacer a su hijo, después de medio minuto empezó a disfrutar la mamada que su hijo le regalaba y más cuando su hijo demostró ser un experto metiéndole la lengua cinco o seis centímetros dentro de la vagina. De pronto no pudo evitarlo y orgasmó violentamente. Él no rompió el contacto y continúo mamándola hasta que sintió que el orgasmo de su madre había terminado. Nunca se había bebido los jugos de una mujer, pero ahora no le desagradó hacerlo. Al detenerse vio como su madre tenia un gesto de felicidad infinito y lo miraba con un inmenso amor. La besó en la boca y ella saboreó sus propios jugos en los labios de su hijo. Ella misma se sorprendió de que había disfrutado más en diez minutos con su hijo que en todos los años de casada. Ante ella se habría una nueva manera de amar, de ser feliz. Él la dejo reponerse unos segundos y después se incorporo ante sus piernas y apunto su poderoso pene a la vulva de su madre. Esta fue la primera vez que ella la vio en plenitud y se sorprendió de su tamaño. El único que conocía era el de su esposo y le pareció bastante pequeño comparado con el de su hijo. Entre la mata de pelos él colocó la cabeza de su pene y le repasó la vulva por unos segundos. En un momento dado los dos se miraron a los ojos y en sus rostros solo había amor. Amor grande y puro que ahora estaban a punto de consumar de la manera como un hombre y una mujer se aman. Él deslizó su pene centímetro a centímetro dentro de la vagina de su madre y ella disfruto cada instante, cada milímetro, cada empuje de su hijo. El placer que en su juventud soñó que le traería su vida de casada por primera vez lo sentía. Se continuaron viendo a los ojos como dos enamorados y aceleraron sus movimientos hasta llegar al clímax. Los dos quedaron agotados y abrazados uno al otro en un sopor delicioso. El hijo sin darse cuenta se quedó dormido a un lado de su madre y ella se incorporó levemente y coloco su cabeza sobre sus senos mirándolo a la cara mientras dormía. De pronto pasaron por su mente los años infantiles de su hijo, cuando en esa posición se refugiaba en ella cuando algo lo asustaba. Pensó con tanta ternura que ese niño que ella consolaba ahora era su hombre, su amante, su dios. Al final también se durmió llena de amor y felicidad.


LA TETAS DE MI MADRE


Soy hijo único y todo comenzó cuando mis padres se divorciaron después de dos años de continuas disputas porque mi padre tenía una amante y no la dejaba, ya hacía más de un año que dormían en piezas separadas, y finalmente decidieron separarse. Para mi madre fue una liberación que noté de inmediato en su ánimo y su actitud ante la vida. Ella no es una mujer muy atractiva, es mas bien gorda, ronda los cincuenta años, y tiene un par de tetas enormes que le cuelgan casi hasta su estomago. Un día domingo como a las diez de la mañana, mientras tomábamos desayuno me fijé que ella llevaba puesto es ese momento una calza roza que marcaba su enorme culo ya medio fofo, y una remera blanca enorme, pero que a pesar del tamaño de la remera se le podían notar los enormes pezones de sus tetas, me di cuenta que no llevaba corpiño. Mientras ella, sentada en frente mío, me conversaba de su soledad y de que no sabía como enfrentarla, yo no podía sacarle la vista a esas enormes tetas. Ella creo que se daba cuenta de que la estaba mirando, pero no me decía nada, y así paso toda una hora hasta que salí de casa para ir a estudiara con un compañero. Como yo era virgen y nunca tuve una novia o algo por el estilo, (nunca le habia dado un beso en la boca a ninguna chica), al llegar de vuelta a mi casa me encerré en el baño, y aunque mi madre no fuese como la mujer de mis sueños, comencé a masturbarme pensando en esas tetas. Al otro día, caminando hacía la casa desde la Universidad me puse en la cabeza que no debía mirarla más de esa forma, ya que si ella me dijera algo al respecto yo me moriría allí mismo de la vergüenza. Al llegar a la casa, recordé lo que había pensado e hice el mayor esfuerzo posible, mi madre estaba vestida con una pollera de jean y una remera parecida a la del día anterior, en la cena, por más esfuerzo que hice de vez en cuando la vista se me desviaba hacia esas enormes tetas. Estoy seguro de que ella se daba cuenta de la situación, pero no decía nada. Después de cenar me puse a estudiar, y como ella es profesora de matemáticas en un momento le pedí ayuda sobre un ejercicio que no entendía, así que ella se paró detrás de mí, se inclinó apoyándome sus pechos sobre mi nuca y empezó a explicarme el ejercicio hablándome cerca de la cara. Luego comenzó a moverse lentamente, sus tetas se frotaban en mi nuca, yo ante esa situación me excité mucho y me verga estaba por estallar. Como tenia puestos pantalones cortos mi erección se hizo perfectamente visible, mi madre como estaba mirándome desde arriba de mi cabeza se dio cuenta, entonces se sentó en frente mío. Yo estaba totalmente excitado, de repente mi madre me comienza a mirar a los ojos, se levanta la remera y al no tener corpiño sus tetas quedaron al aire libre. Entonces me dijo: "Esto es lo que tanto mirabas...? acá las tienes… te gustan...?". Lo dijo mientras las movía de un lado al otro. Yo me quedé sin palabras, solamente miraba sus pechos enormes que tenían unos pezones oscuros y una aureola bastante grande. Ella me dijo que no tuviera vergüenza y que le tocara las tetas, entonces como yo no hacía nada ella se acercó, tomo mi mano y se la llevó a sus pechos, diciéndome que se los acariciara y apretara. Entonces yo por fin tomé la iniciativa y comencé a chuparle esas tetas enormes, mientras se las apretaba con las manos. Ella decía todo el tiempo: "Eso... así... bien... mmm...". Después de unos cinco o diez minutos ella me dijo que me detuviera, entonces se levantó de la silla, se sacó la pollera y las bragas, se sentó en la mesa, se abrió de piernas y me dijo: "Ven... dale... por favor hijito..., lo necesito…". Yo sabía lo que ella quería, así que con mi inexperiencia acerque mi cara hacía su vulva, que tenia algo de pelos pero no era muy peluda, y le comencé a pasar mi lengua. Ella me decía: "Mmm... hazlo mas fuerte…, un poco más... así... así... más arriba....". Yo, como no sabía como satisfacerla bien, hacia caso a lo que me pedía, así que comencé a lamer y chupar mas frenéticamente, la penetraba con mi lengua, mientras acariciaba sus muslos. Como me hubiera gustado ver ese cuadro... mi madre sentada en la mesa con las piernas abiertas de par en par, y yo chupándole la chuchita! Mi madre se retorcía de placer, se movía de arriba abajo mientras le lamía la concha. Después de unos minutos ella me pidió que parara, se bajó de la mesa, me tomó de la mano y me llevo a su dormitorio. Sin decirme nada, me bajó los pantalones y los calzoncillos, me empujó en la cama y me dijo: "Esto te va a gustar...". Ella se puso entre mis piernas y comenzó a chuparme la pichula, la agarraba con sus manos desde abajo, y con su lengua jugueteaba con mi glande, luego me acariciaba los huevos y comenzaba a chupármela como si quisiera sacarle jugo. Yo en menos de cinco minutos ya no pude aguantar más y le dije casi gritando que estaba por acabar, entonces ella paró en seguida, y empezó a pasarme sus enormes tetas por la verga, masturbándome con ellas. No aguanté más y eyaculé en las tetas, ella decía: "Mmm... que calentito... rico… bien...". Luego ella se puso de rodillas en la cama, apoyó su cabeza en la cama y me dijo que la penetrara. Yo le dije avergonzado que no sabia como, entonces ella me dijo que pusiera mi verga cerca de su sexo, cuando la acerqué ella la tomó con una de sus manos y la acercó hacia su concha, y me dijo: "Dale... empuja... empuja por favor...”, le hice caso y mi verga resbaló y entró rápidamente, así que empecé a moverme rápidamente, se la metía hasta los huevos y la sacaba casi entera, una y otra vez, podía ver como las tetas de mi madre se movían de un lado al otro sin parar, y eso me excitaba aun mas!. Mientras me la culiaba, mi madre me pidió que por favor le metiera un dedo en su culo, en el momento me dio un asco terrible, pero no me animé a decirle que no, así que empecé a acariciarle la raja hasta que le encontré el agujero, y sin pensarlo le metí el dedo, luego me di cuenta que el agujero del culo de mi madre se estaba agrandando, así que le metí otro más. Mi madre dio un gemido y me decía: "Eso... así... dale... más fuerte...". En un momento ya no podía más y sin darme cuenta eyaculé adentro de la concha, pero yo seguía tan excitado que le seguí dando. Podía ver como chorreaba mi semen por la raja de mi madre, eso me gustaba. De repente mi madre me detiene y me dice que me acueste boca arriba, le hice caso, entonces ella se sentó lentamente en mi verga, y empezó a moverse rápidamente, tenía sus enormes tetas en frente de mi cara, así que se las agarraba mientras ella se movía y se las apretaba. Estuvimos culiando como una hora, yo acabé como una vez más dentro de ella. Cuando terminamos ella me dio un beso en la boca, y me dijo que se iba a bañar, y que yo me fuera a dormir, me dijo: "Mañana nos vemos, y me guiño el ojo...". En ese momento supe que todo lo que había pasado se iba a volver a repetir.



sábado, 11 de enero de 2014

ORAL


Acercaría mi boca a tu boca y te besaría, buscaría en tu lengua mi sabor y te lo arrancaría con mi boca, quiero saber a que te sabe mi cuerpo. Después de besarte mucho, de jugar con mi lengua en tu lengua, te mordería el cuello sin hacerte daño, lamería aquel huequito que se forma entre las clavículas, pasaría mi lengua por ahí juguetona, se que estas excitado por que siento tu pene erecto, muy erecto, duro y caliente rozando mi clítoris, ajusto mis rodillas a tus caderas y me sobo con tu cuerpo, de arriba hacia abajo, me gusta sentir tu pene en mi sexo, mi boca sigue bajando, mi lengua pasa bordeando tus tetillas, haciendo que se endurezcan, luego paso la lengua por encima, y las chupo, primero una, después la otra, luego repito el mismo procedimiento, tu respiración se vuelve mas profunda y mas rápida, sigo con mi camino, mi lengua va bajando más… hasta posicionarse a la entrada de tu ombligo, meto la puntita de mi lengua ahí, tu piel se eriza, (sé que te da nervios, es por eso que lo hago), sigo bajando hasta encontrarme con tus bellos púbicos, meto mi nariz en ellos y la sobo jugando con ellos, paso la mitad de la cara como si pasara mi mejilla sobre algodón, sigo bajando hasta encontrarme con tu pene, imponente obelisco, preciosa creación, erecto, duro, como una montaña, la miro detenidamente, y paso mi lengua por él, empiezo desde abajo, aprovecho y te chupo los testículos, luego empiezo a subir sin separar mi lengua de tu pene, voy subiendo lentamente, hasta llegar a la cima, y vuelvo a bajar, suavemente, tomándome mi tiempo, luego, paso la lengua en círculos alrededor del glande, imagino que es una deliciosa manzana acaramelada, la cual no quiero morder aun, tan solo chupar y sentir el dulce sabor del caramelo, veo que a ti te gusta, porque hay una gran sonrisa en ti, y tus gemidos van en aumento, sigo con mi ritual de la manzana acaramelada....y sin poder contener las ganas, meto tu pene en mi boca, lo meto y lo saco, lo meto y lo saco, succiono, como si quisiera que salga miel de adentro, lo meto y lo saco, chupando cada vez más fuerte, me gusta tu pene, acelero la velocidad, y tu sigues gimiendo...y yo sigo...y tu me dices que vas a explotar... y yo sigo queriendo que explotes, y explotas... y puedo sentir tu esencia en mi boca, tu sabor, te puedo saborear a ti. (Ahora su respiración esta mas pausada, no estas tan agitado...) y yo sigo chupando, hasta que no quede ninguna gota de ti...

jueves, 19 de septiembre de 2013

LA SEÑORA DE LA LIMPIEZA


Yo tenia 15 años y estaba en la flor de mi sexualidad, pero se limitaba a ver películas porno y una que otra revista. Fue en ese tiempo donde la señora que nos cuidaba desde niño y se encargaba de las cosas de la casa, enfermó y tuvo que dejar de trabajar. Estuvimos mucho tiempo sin que mi madre no contratara a nadie. Sin embargo mi madre volvió a trabajar y se vio en la obligación de contratar una empleada puertas adentro. Se contrató a la señora Sonia, una mujer de unos 48 años, solterona, morena y con unos kilitos de mas, pero con un culo y una tetas increíbles. Fue una noche en que yo ya estaba acostado con la luz apagada. El calor era insoportable a si que me levanté y abrí la ventana de mi pieza. Gran sorpresa me lleve al ver que en el cuarto que estaba detrás de la casa, donde dormía esta señora, también se encontraba la ventana abierta y como una cortina tipo visillo, con la cual con la luz prendida en el interior se podía ver perfectamente. La señora Sonia se estaba desvistiendo. Al verla cerré un poco la cortina y me lleve el mejor espectáculo de mi vida. Primero se saca su falda y luego su blusa. Unas tetas descomunales parecían escaparse de su sostén. Su tremendo culo estaba dentro de unos calzones grandes pero que le quedaban bastante apretados, me excitaron de sobre manera. Se saca sus sostenes y sus tetas quedaron completamente a mi disposición. Toma su camisa de dormir, se la coloca, se acuesta y apaga la luz. De más esta decirles que esa noche me masturbe como 3 veces recordando a la primera mujer que veía desnuda. Desde esa noche y durante un mes me acostaba temprano y todas las noches me pegaba el mejor "cuarteo" (como se dice en Chile) con esta señora. Como les conté pasó mas de un mes, y cada vez que podía me deleitaba viendo su culo a través de su apretado y casi transparente delantal, corriendo al baño para saciar mi éxtasis. Una noche como todas en que yo me encontraba mirándola mientras se desvestía, estornudé y ella se acercó a mirar por la ventana. Yo rápidamente corrí la cortina, pero me parece que se dio cuenta que yo la estaba observando. Una tarde en que ella lavaba los platos, pase por la cocina (que es bastante angosta), y como siempre trataba de rozar mi paquete con ese culo. No se si fue idea mía pero empecé a notar que ella echaba el culo mas para atrás cada vez que yo pasaba. En uno de esos roces, ella se dio vuelta y me miró, yo me hice el leso, como si había sido de pura casualidad. Una tarde en que como siempre me encontraba solo con ella, entré por la puerta de la cocina, pasando por el comedor, donde ella se encontraba sentada fumando un cigarro. Le pregunté por mi traje de baño. Me dijo que estaba en la pieza de mi mamá. Al caminar hacia el dormitorio de mi mamá, observe a través del espejo comedor, como me miraba por detrás, sin que se diera cuenta que yo la miraba por el espejo, me hizo un gesto como relamiéndose los labios. ¡Ella también estaba excitada!. Volví a pasar, pero esta vez mi paquete se notaba a través de mis short, y nuevamente hizo el mismo gesto pero esta vez se tocó entre sus piernas. Pasaron un par de días y notaba como me miraba y hablaba distinto conmigo. Una tarde que estaba acostado viendo una película, ella entra a mi pieza y empieza hacer aseo. Yo miraba como se translucía su calzón a través del delantal. Ella se acerca a la cabecera de mi cama y detrás de esta encuentra unos papeles con los cuales yo limpiaba mi semen y que dejaba detrás de mi cama. Los recoge y yo me pongo rojo. Me dice:
– ¿Y tantos papeles que están aquí atrás?
Yo haciéndome el gueón, le digo que no sé de que son.
– Parecen estar manchados con algo –se ríe–.
Yo estaba completamente avergonzado, y me dice:
– No se preocupe, yo sé que son estos papeles, no ve que yo he tenido tres hijos y sé que tienen que saciar su energía acumulada de esta manera.
Yo ni me atrevía a mirarla, no decía nada…
– La otra noche lo vi cuando me miraba mientras me desvestía, o no?
Yo lo negué, pero ella se rió,
– No me venga con que no, pero no se preocupe, no le voy a decir a nadie…
– Gracias.
– ¿Pero dígame una cosa, le gusto lo que vio?, a mi no me molesta, al contrario, me halaga…
– Si –le dije- me gustó.
– Le gustan?
– Si -le dije-.
– ¿No había visto unas como estas antes?
– No, jamás…
– Y?... no… no mejor que no…
– Que?
– No, es muy chico…
– No dígame…
– Le gustaría verlas mas de cerca?
– Si…
Ella se desabrocha el delantal y me muestra un tremendo par de tetas.
– Mírelas, le gustan…?
Me quedo con la boca abierta, no lo podía creer, una mujer en mi pieza, mostrándome las tetas…
- Tóquemelas.
Sin pensarlo dos veces empiezo a tocarlas suavemente, ella me aprieta las manos y me obliga a apretarlas mas fuerte…
– Ahora chupemelas…
Desesperadamente me senté en la cama a chuparle las tetas a la señora Sonia. Ella se las apretaba y me las restregaba en la cara, me pidió que me acostara y me bajo los short y se metió mi pene hasta las bolas. Yo no aguante ni un minuto y le dije que iba a acabar, para que lo sacara de su boca, pero ella aumentó su mamada y no tuve más remedio que llenarle la boca de semen. Me siguió chupando y a mí no se me bajaba, se acostó a mi lado boca abajo y se subió el delantal. Un tremendo poto estaba completamente a mi disposición, le saqué los calzones. Yo se lo tocaba, apretaba, recorriendo todo bajaba hasta tocarle los pelos de su chorito. Con mis dedos empecé a metérselos en su chorito mientras con mi mano me masturbaba.
– Quiero que lo metas.
Me monto sobre ella y con su mano me lo agarra, y lo mete en su conchita. No lo podía creer estaba culiando, y con un poto increíble. Nuevamente y rápidamente volví a acabar en su conchita. Me quede encima de ella agarrándole las tetas. Ella llevo sus manos a su zorra y empezó a pajearse, conmigo encima tocándoles las tetas. También acabo. A la tarde siguiente apenas se fue mi mamá, me fui a mi pieza y al poco rato llega ella. Se desabrocha el delantal y empiezo a chuparle las tetas con mi mano en su culo. Se sube el delantal, se saca los calzones y me agarra la mano y se la mete en su concha. Luego se acuesta boca arriba, abre sus piernas y le empiezo a culiar. Me pide que le meta un dedo en el culo, se lo hago y empieza acabar al mismo tiempo que yo. Me acuesto a su lado, su mano me empieza a masturbar y yo hago lo mismo con ella. La otra tarde, lo mismo, con la diferencia que nos desnudamos completamente, me hace acostarme, ella se sube arriba mío, pero con su cara en mi verga, dejándome toda su concha en mi cara, la empiezo a tocar y a meterle un par de dedos mientras ella me chupa muy suave. Sus manos en sus nalgas las abre y meto un dedo por su culo, su olor no me desagrada, empiezo a chuparle su concha igual como había visto en las películas, empiezo a acabar en su boca, siento como de su choro empiezan a salir chorros que me llenan la boca de un sabor un poco amargo. Termino con toda mi cara mojada. De ahí en adelante cada vez que yo quería, me acercaba a ella y le pedía que me corriera una paja o que me la chupara hasta acabar en su boca, o que se diera vuelta y me dejara metérsela. Cuando lavaba la loza, yo podía estar largo rato metiéndole mano debajo de su delantal, metiéndole los dedos por donde se me ocurriera. Lamentablemente no duro en mi casa mas que un par de meses, pero desde esa vez que encontró los papeles con semen detrás de mi cama, no paso ningún día en que no me la chupara o me corriera una paja.